Muchos consumidores siguen desconfiando de esa fina capa blanquecina que recubre los arándanos. A simple vista puede parecer suciedad, restos de pesticidas o incluso moho, lo que lleva a que muchas personas los rechacen en el supermercado o los laven en exceso nada más llegar a casa. Sin embargo, esa apariencia “empolvada” no solo es completamente natural, sino que cumple una función clave para la conservación y calidad del fruto. De hecho, eliminarla puede estar reduciendo su frescura sin que el consumidor lo sepa.
El divulgador Miguel A. Lurueña ha explicado recientemente en su perfil de TikTok qué es realmente esta capa y por qué no solo no debería preocuparnos, sino que es un indicador de buena calidad. En sus palabras, “esa capa blanquecina se llama pruina y es una cera producida de forma natural por el propio fruto”. Esta sustancia está presente no solo en los arándanos, sino también en otras frutas como las uvas o las ciruelas, todas ellas recubiertas de manera natural por una fina película protectora.
El experto desmonta así una de las creencias más extendidas entre los consumidores: la idea de que el aspecto más brillante equivale a mayor frescura. Según explica, “los mejores suelen ser los que conservan esta capa blanquecina intacta”. En cambio, cuando los arándanos presentan un aspecto liso, muy azulado y brillante, puede ser señal de que han perdido parte de esa protección natural, bien por manipulación excesiva o por haber pasado demasiado tiempo desde su recolección.
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Un escudo microscópico con funciones esenciales
La pruina no es una simple curiosidad visual. Se trata de una cera natural que forma cristales microscópicos capaces de dispersar la luz, generando ese característico acabado mate que distingue a los arándanos frescos. Pero su función va mucho más allá de la estética.
Según explica el doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, esta capa actúa como una auténtica barrera protectora. Por un lado, reduce la pérdida de agua del fruto, lo que ayuda a que el arándano se mantenga firme, jugoso y en buen estado durante más tiempo. Por otro lado, “actúa como barrera frente a la radiación ultravioleta que llega desde el sol y protege el fruto frente a hongos, bacterias y otros agentes externos”, explica.
Un error común: lavar en exceso antes de tiempo
Uno de los hábitos más extendidos entre los consumidores es lavar los arándanos nada más llegar a casa. Esta práctica puede tener efectos contraproducentes. “Si los lavamos o los frotamos antes de guardarlos, podemos dañar esa capa de pruina y acortar su vida útil”, advierte el divulgador. Al eliminar esta protección natural, los frutos quedan más expuestos a la deshidratación y al deterioro, lo que hace que se estropeen más rápido.
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La recomendación para conservar los arándanos en las mejores condiciones es sencilla: fijarse en su capa natural y no eliminarla innecesariamente. A la hora de comprarlos, los ejemplares que conservan intacta la pruina suelen ser los más frescos, ya que esta película protectora desaparece con el paso del tiempo o como consecuencia de una manipulación excesiva.
Una vez en casa, lo más recomendable es guardar los arándanos sin lavarlos y esperar al momento de consumirlos para enjuagarlos. Así se preserva esa barrera natural durante más tiempo, ayudando a que los frutos mantengan su firmeza y frescura en el frigorífico. En lugar de interpretarla como un defecto, la presencia de la pruina debería considerarse un indicador de calidad y de buen estado del producto.