Una piscina de Alemania acaba de implementar una nueva regla que impide la entrada a quienes no dominen el idioma local. La polémica decisión ha sido tomada por el balneario Heidebad, en Halle, bajo el siguiente argumento: “Debemos estar seguros de que las visitantes y los visitantes entienden nuestras normas de baño y ser consecuentes para poder garantizar la seguridad de los bañistas”, ha declarado el gerente del centro, Mathias Nobel, a la agencia DPA. El balneario, claro está, ha negado que la norma tenga ninguna connotación racista o anti-migrantes.
Así, el acceso a la piscina ha quedado restringido para quienes, a juicio del personal, no puedan comunicarse en alemán de forma suficiente como para comprender las instrucciones de seguridad. El balneario tiene una piscina natural que en algunas partes alcanza “hasta 13 metros de profundidad, lo que es sencillamente peligroso”, según Nobel. El establecimiento afirma que el problema es que los que no hablan alemán no entienden las normas, y para “proteger su vida”, en lugar de poner carteles en otros idiomas, ha decidido no permitirles la entrada.
¿Y cómo se va a poner en práctica la medida? Con un examen de idiomas (más o menos). Según cuenta el principal diario de Alemania, Der Spiegel, la piscina natural ahora exige en la entrada que los visitantes demuestren habilidades en el idioma antes de ingresar al recinto. El personal niega la entrada si considera que no se puede establecer una comunicación básica. Desde la puesta en marcha de esta política, varios visitantes ya han sido rechazados en la puerta.
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La nueva regla ha sido creada tras un incidente reciente, en el que un niño tuvo que ser rescatado tras estar a punto de ahogarse por no comprender las advertencias de los socorristas debido a la barrera idiomática. “Mi personal ya está al límite”, ha afirmado Nobel, asegurando que no es viable para los socorristas traducir individualmente las normas de natación. La administración reconoce que la decisión ha provocado críticas, pero Nobel zanja: “Mantendremos nuestra postura”.
El caso de Suiza
El caso alemán no es aislado. En Suiza, la piscina municipal de Porrentruy prohibió en 2025 la entrada a extranjeros, especialmente franceses, tras supuestos incidentes de violencia y acoso. “Queremos preservar un clima sereno y respetuoso”, justificaron las autoridades. El objetivo era “proteger la convivencia y la seguridad” después de episodios de incivilidad. “No se trata de enfrentar a suizos y extranjeros, sino de garantizar la tranquilidad”, dijo entonces el alcalde, Philippe Eggertswyler.
La restricción afectó especialmente a bañistas franceses, que constituían la mayoría de los visitantes. Desde Francia, la reacción fue virulenta. Según los mensajes publicados en ese momento en las redes sociales, el civismo que suele atribuirse a los suizos a menudo termina en la frontera. “Dejan basura en Francia cuando van de compras o tienden a no respetar los límites de velocidad”, comentó una usuaria. En cualquier caso, la medida estuvo vigente durante todo el verano. Y en marzo de este año, un tribunal suizo avaló la legalidad de la prohibición, que puede volver a implantarse en esta temporada estival.
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