La economía española sería considerablemente menos próspera durante las próximas décadas sin la aportación de la inmigración. Un informe elaborado por la consultora independiente Oxford Economics calcula que, en un hipotético escenario en el que no llegara población extranjera a nuestro país, la producción por habitante en España se reduciría alrededor de un 12% de aquí a 2060. La cifra nos sitúa entre las regiones más dependientes de los flujos migratorios para sostener su crecimiento y nivel de vida.
Además, el estudio plantea un supuesto extremo denominado “Migración Cero”, un ejercicio teórico que busca medir qué ocurriría si desaparecieran completamente los movimientos migratorios a escala internacional. La conclusión general apunta a una pérdida económica global, ya que el producto por persona (PIB per cápita) en el mundo sería aproximadamente un 5% inferior dentro de algo más de tres décadas. Aunque el efecto no sería igual en todos los países.
La explicación está en la composición de quienes llegan a cada sitio. En el caso de España, según el análisis, buena parte de la inmigración que recibimos corresponde a personas en edad de trabajar, un factor que contribuye decisivamente tanto al mercado laboral como al sostenimiento de las cuentas públicas.
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Diferencias entre países en el impacto de la inmigración
Para estimar las consecuencias de un mundo sin inmigración, Oxford Economics separó el papel que desempeñan los flujos migratorios en varios ámbitos de la economía, estudiando factores como el crecimiento a largo plazo, la disponibilidad de trabajadores, la productividad y el equilibrio fiscal. El objetivo era aislar el efecto específico de la inmigración sobre estos indicadores tanto en economías avanzadas como emergentes.
Los resultados muestran las distintas diferencias entre regiones. Mientras España sufriría una reducción de alrededor del 12% en el PIB per cápita de aquí a 2060, en Estados Unidos el retroceso apenas alcanzaría el 1%. La razón, según el estudio, radica en que el perfil demográfico de la inmigración estadounidense es mucho más variado y no se concentra tan claramente en personas con edad de trabajar.
En otros países tradicionalmente receptores de inmigración, el resultado incluso sería positivo bajo ese escenario extremo. Australia y Canadá, por ejemplo, registrarían incrementos de la producción por habitante cercanos al 1% y al 4%, respectivamente. Oxford Economics explica que este panorama es el contrario al de España, y estos países cuentan con flujos migratorios integrados por personas que no forman parte activa del mercado de trabajo.
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Efectos demográficos
El informe también pone el foco en las consecuencias demográficas de cerrar por completo las puertas a la inmigración. En los países desarrollados, considerados economías de destino, se produciría un deterioro muy pronunciado de la pirámide poblacional debido al envejecimiento y a la menor disponibilidad de trabajadores. Mientras tanto, en los países de origen —en su mayoría economías en desarrollo— se observaría un crecimiento moderado de la población al permanecer parte de la mano de obra dentro de sus fronteras.
“La población total nos indica la magnitud del ajuste. La producción per cápita refleja el nivel de vida y disminuye en la mayoría de las economías de destino porque se pierden las ganancias de productividad que aporta la migración”, señala el informe, elaborado por los economistas Benjamin Trevis y Marco Santaniello.
La inmigración en edad laboral como factor económico clave
El documento subraya además un elemento clave para entender el peso económico de la inmigración, y es la edad de quienes emigran. La mayoría de los migrantes llegan a sus países de destino en etapas centrales de su vida laboral, cuando más contribuyen a la actividad económica y al pago de impuestos.
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“Los migrantes suelen llegar en la plenitud de su vida laboral, por lo que su (eventual) expulsión incrementa los índices de dependencia de la tercera edad y reduce la base impositiva justo cuando aumenta el gasto relacionado con la edad”, advierte el estudio.
En el caso de nuestro país, España afronta desde hace años un importante proceso de envejecimiento demográfico, marcado por una baja natalidad y un incremento constante de la esperanza de vida. Por esto, la llegada de trabajadores extranjeros se ha convertido en un elemento fundamental para cubrir vacantes en sectores con escasez de mano de obra y para aliviar la presión sobre el sistema de pensiones.
Al final, el informe concluye aclarando que “los resultados subrayan la contribución fundamental de la migración a nuestro pronóstico base”. Al final, la inmigración, además de ser un fenómeno social y demográfico, representa un pilar económico cuya ausencia tendría un gran coste para la riqueza y el bienestar de un país como España.
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