Apenas quedan unas horas para que 300.000 estudiantes de toda España se presenten a la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). Para algunos, son solo unos cuantos exámenes más, los últimos vinculados al instituto. Las carreras a las que aspiran no tienen una nota de corte alta y no se juegan demasiado. Solo necesitan aprobar y, tirando de estadísticas de años anteriores, cerca del 95% lo consigue.
Ahora bien, también hay alumnos que se juegan por milésimas acceder a las carreras y universidades que quieren. Llevan dos años tratando de sacar las mejores notas posibles en bachillerato —cuya media supone el 60% de la calificación final— y se juegan todo a una semana de exámenes. Las pruebas que arrancan esta semana en la mayoría de comunidades autónomas suponen el 40% para un total de 10 puntos. Pero el máximo es un 14. Esos cuatro puntos restantes se los dará la fase voluntaria y cada examen cuenta.
Para ese grupo de alumnos esta semana es crucial y los nervios están a flor de piel. Es normal, es el culmen de una etapa que ha requerido mucho esfuerzo y que determinará sus próximos años. Es evolutivo pensar en qué puede salir mal y visualizar los peores escenarios, sobre todo cuando el estrés está en nuestra contra. Por eso, los expertos aconsejan usarlo como una herramienta.
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Aceptar el estrés para que no juegue una mala pasada
Ninguna estrategia va a eliminar el estrés por completo, ya que forma parte de la respuesta del cuerpo ante situaciones importantes. Reconocerlo y canalizarlo hacia una actitud positiva ayudará a mantener la concentración. Para tratar de mantener la calma, a pesar de que los nervios se instalen en el estómago durante las horas previas, los expertos aconsejan tratar de tener bajo control los elementos posibles.
Anticipar detalles logísticos, como la ruta al centro de examen o la ubicación del aula, ofrece tranquilidad y reduce la sensación de incertidumbre. En caso de bloqueo mental, cambiar de actividad unos minutos, beber agua o comer algo ligero puede restaurar la calma y facilitar la recuperación de ideas.
Planificar el estudio y evitar cambios bruscos
El lunes empiezan los exámenes en casi toda España, pero solo será la primera jornada de exámenes. La seguirán otras dos o tres, en función de los calendarios autonómicos. Durante estos días, los expertos explican que el repaso debe centrarse en las áreas menos dominadas, sin intentar abarcar nuevos temas en el último momento.
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Es más, volver a repasar y afianzar contenidos ya conocidos brinda tranquilidad en momentos de nerviosismo. Es mejor no tratar de cambiar o introducir rutinas que no se hayan hecho en los meses anteriores como reducir horas de sueño.
Descanso y técnicas de relajación
Dormir bien es clave para que el cerebro consolide la información. La cafeína y las bebidas energéticas ofrecen una alerta artificial que perjudica la retención de conocimientos. Técnicas sencillas, como prestar atención a los sentidos o salir a caminar unos minutos, contribuyen a disminuir la tensión. Hablar de otros temas o recordar logros previos potencia la autoconfianza.
¿Qué hacer cuando el examen esté delante?
Leer todo el examen al inicio permite organizar el tiempo y decidir por dónde empezar. Abordar primero las preguntas conocidas aumenta la seguridad, mientras que comenzar por las más difíciles puede liberar la mente al dejar los temas complejos en segundo plano. Numerar y distribuir el tiempo según el número de preguntas garantiza una gestión eficaz de cada apartado. Después de finalizar, resulta útil desconectar unos minutos del texto antes de revisar las respuestas con perspectiva renovada.
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Evitar recrearse en los errores
Al salir del aula, conviene evitar centrarse en posibles fallos y cambiar de tema. Hablar con otras personas, descansar y visualizar el próximo reto ayudan a mantener la motivación. La PAU representa solo una parte del camino académico y cada examen supone una nueva oportunidad para avanzar hacia los objetivos personales.