El cáncer es una de las enfermedades más complejas y con mayor impacto en la salud pública a nivel mundial. Según explica la Organización Mundial de la Salud, conocida también como OMS, más de 53,5 millones de personas en el mundo la padecen.
A pesar de que es una condición que depende de diferentes factores, como la genética, el entorno o el estilo de vida, muchos casos de cáncer están relacionados con hábitos cotidianos que pueden modificarse.
De hecho, la propia OMS explica que más de un tercio de todos los casos de cáncer a nivel mundial son prevenibles. Esto quiere decir que millones de diagnósticos podrían evitarse mediante hábitos de vida saludable y corrigiendo ciertos comportamientos.
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Los dos hábitos más relevantes, según la OMS
Entre los distintos factores de riesgo analizados, el estudio señala dos hábitos de vida que destacan por encima del resto en su impacto sobre el desarrollo de cáncer. El primero de ellos es el consumo de tabaco, considerado el principal factor prevenible asociado a la enfermedad.
Según los datos de la OMS, el tabaquismo estuvo relacionado con aproximadamente el 15% de todos los nuevos casos de cáncer registrados en 2022, una cifra que se eleva de forma notable en el caso de los hombres.
El segundo hábito más relevante es el consumo de alcohol. Aunque su impacto es menor que el del tabaco, sigue teniendo un peso significativo en la aparición de tumores. En concreto, se estima que está vinculado a alrededor del 3,2% de los nuevos diagnósticos de cáncer a nivel mundial, lo que supone cientos de miles de casos cada año.
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Otros factores relevantes
Más allá del tabaco y el alcohol, existen otros factores que también son influyentes. Entre ellos se encuentran el sobrepeso, la falta de actividad física y la exposición a la contaminación del aire, todos ellos asociados a un aumento del riesgo en diferentes poblaciones.
El informe también incluye determinados agentes infecciosos, como el virus del papiloma humano (VPH) o la hepatitis, que pueden derivar en distintos tipos de tumores si no se previenen o tratan adecuadamente. A estos se suman algunas exposiciones laborales y la radiación ultravioleta, vinculada especialmente al cáncer de piel.
Aunque su impacto es menor de forma individual en comparación con el tabaco o el alcohol, los expertos subrayan que su efecto conjunto es relevante a nivel global, por lo que actuar sobre estos factores también resulta clave en la prevención de la enfermedad.
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La importancia de la detección precoz
Más allá de los factores de riesgo y la prevención mediante hábitos de vida saludables, los expertos insisten en la importancia de la detección precoz del cáncer. Identificar la enfermedad en sus fases iniciales aumenta de forma significativa las posibilidades de tratamiento y supervivencia, ya que permite actuar antes de que se produzca una expansión del tumor.
Para ello, los sistemas sanitarios de muchos países cuentan con programas de cribado dirigidos a la población en función de la edad y el sexo, como las pruebas de cáncer de mama, colon o cuello uterino. Estas revisiones periódicas permiten detectar lesiones o alteraciones antes de que aparezcan síntomas.