Perder la capacidad de frenada al volante constituye una de las situaciones más peligrosas y angustiantes a las que puede enfrentarse un conductor. Según ha informado el Real Automóvil Club de España (RACE), existen una serie de pasos concretos que pueden ayudar a minimizar el riesgo y facilitar que el vehículo termine por detenerse con la mayor seguridad posible.
Si los frenos de un coche dejan de funcionar de forma repentina durante la marcha, es esencial mantener la calma y no realizar maniobras intempestivas. Entre las recomendaciones técnicas de RACE figura la importancia de intentar aumentar la presión en el circuito de frenos pisando el pedal de forma intensa y repetida, al tiempo que se reduce la velocidad utilizando el freno motor —esto es, bajando marchas— y se aplica gradualmente el freno de mano si este es manual.
En caso de fallo prolongado, buscar un área de frenado de emergencia o acercarse al arcén es fundamental para evitar poner en peligro a otros conductores. Cabe destacar que nunca debe bloquearse el freno de mano ni apagarse el motor en movimiento, ya que el vehículo podría perder estabilidad y la dirección asistida dejaría de funcionar, dificultando el control del coche.
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Síntomas y causas de un fallo en los frenos
En cuanto a los síntomas que pueden indicar un funcionamiento defectuoso del sistema de frenos, Juan Manuel Llorente, formador técnico del RACE, ha detallado que la pérdida de eficacia al frenar, el endurecimiento del pedal, la aparición de ruidos como chirridos o el hecho de que el coche pierda líquido de frenos son señales de alerta claras. Entre las causas más frecuentes figura el desgaste de las pastillas, la falta de líquido o la presencia de aire en el circuito.
Según Llorente, si el pedal del freno se percibe ‘blando’, probablemente haya aire en el sistema o falta de líquido, mientras que un coche que tiende a desviarse al frenar puede tener problemas de alineación, desgaste desigual en los frenos o, incluso, una fuga de líquido. En esos casos, el se recomienda revisar de inmediato la presión y el estado de los neumáticos y llevar el vehículo a un taller si persisten las anomalías.
Cuando el freno de mano no retiene el coche al aparcar, se impone diagnosticar rápidamente el origen del problema. El sistema de freno de mano convencional se basa en cables que, al tensionarse por una palanca manual, bloquean las ruedas traseras mediante pastillas o zapatas. Los modelos con freno de mano eléctrico utilizan motores para accionar el mismo sistema.
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Entre las causas más habituales de mal funcionamiento se encuentran el desajuste o rotura de los cables, el desgaste de las pastillas o zapatas, el deterioro del disco de freno, la erosión de los dientes del trinquete —lo que impide fijar bien la palanca— o el mal estado de los pistones que accionan el freno trasero.
La importancia del mantenimiento y las revisiones periódicas
Manipular el sistema por cuenta propia puede derivar en tensado incorrecto de cables o en la rotura de piezas delicadas. Llorente aconseja realizar inspecciones periódicas conforme lo indique el manual del fabricante y recuerda que los socios del club disfrutan de una cobertura mecánica que puede cubrir de forma total o parcial el coste de reparaciones.
Juan Manuel Llorente insiste en que un mantenimiento preventivo resulta esencial para detectar desgastes y prevenir fallos. Un correcto rodaje tras la salida del vehículo de fábrica garantiza la eficacia inicial del sistema, pero el uso y el paso del tiempo exigen revisiones regulares. Los fallos pueden derivar tanto de causas mecánicas —como pastillas o discos desgastados— como de accidentes puntuales, presencia de grasas en el sistema o amortiguación deficiente.
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La organización recuerda que, si todos los puntos de control se encuentran correctamente, no existe motivo para desconfianza en el funcionamiento de los frenos. No obstante, aconseja no retrasar jamás las revisiones programadas y acudir siempre a talleres acreditados.