Yunez Chaib (1995), cómico y guionista nacido en Melilla y criado en Mallorca, está habituado a subirse a los escenarios para compartir sus vivencias con un humor cercano e imprevisible, visibilizando el racismo y las realidades que enfrentan quienes vienen de fuera en busca de mejores oportunidades. Pero esta es la primera vez que traslada parte de su vida como hijo de migrantes marroquíes a un libro, al que ha titulado Corderito. En él transforma sus recuerdos en una autoficción para contar la historia de Abde, un joven en la España de los 2000 que, como muchas personas de esa segunda generación de migrantes, vive con la sensación de no pertenecer a ningún lugar y siempre es percibido como alguien de fuera.
En su libro, Chaib aborda la precariedad que con frecuencia atraviesan los hogares de familias migrantes: la dificultad para pagar facturas, priorizar gastos para poder llegar a fin de mes y cómo operan los prejuicios en las relaciones sociales. Relata estas situaciones desde lo cotidiano, “sin querer juzgar ni hacer señalamientos”, y siempre con un toque de ironía y humor. “Me dedico a la comedia, es lo que mejor se me da y más a mano tengo. Por eso decidí contar la historia un poco desde el humor. No es un libro que tenga monólogos ni chistes, pero hay veces que el enfoque es un poco más divertido. Uso esa herramienta porque es la que tengo más afilada”, explica a Infobae Chaib, colaborador del programa La Revuelta.
El autor reconoce que nunca se habría visto escribiendo una autobiografía, por eso optó por la autoficción para contar parte de su historia. Y aunque la precariedad y las dificultades están presentes en su relato, aclara que “nunca se ha sentido miserable”: “Es como decía el rapero Morad: ‘No éramos pobrecitos, éramos pobres’”.
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El esfuerzo de quienes se marchan a otro país
Sobre la resiliencia y adaptación de sus padres a la vida en España —su padre nació en Melilla y su madre en Marruecos—, reconoce que ha aprendido a valorar el esfuerzo de quienes emigran. “Nunca voy a ser tan fuerte como alguien que se marcha a otro lugar para buscarse la vida. Yo nací con privilegios respecto a mis padres y aprendí a honrar el esfuerzo de la gente que se va a otro sitio para empezar de nuevo”, relata, al tiempo que destaca que crecer en un hogar con costumbres diferentes a las locales “siempre le ha marcado de forma positiva en todos los aspectos”.
El amazigh, la lengua de sus padres —presente en los pueblos del norte de África—, también ocupa un lugar central en Corderito. Las conversaciones familiares sobre asuntos cotidianos o dificultades escolares marcan una distancia con el protagonista, que, como el propio autor, no domina ese idioma y, esa ausencia, reconoce, le pesa. “El amazigh es una lengua que no está en Duolingo ni se enseña en las escuelas oficiales de idiomas. Creo que la única forma de aprenderla es a través de la familia o pasando una temporada en el campo de mi abuela, en Marruecos. Aunque tengo que decir que el otro día estaba en Lavapiés y un señor que me reconoció en el supermercado, me dijo que era profesor de esta lengua y me apunté su teléfono, así que igual me animo”.
Chaib concluye la entrevista reconociendo que sentarse del otro lado y responder preguntas no deja de ser un reto, aunque no descarta seguir explorando su faceta de escritor.
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