Un ensayo clínico coordinado por el Hospital Clínic Barcelona junto con el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS) ha demostrado que la administración de un fármaco trombolítico después de una trombectomía mecánica incrementa de forma significativa las probabilidades de recuperación funcional en pacientes con ictus isquémico grave. Este tipo de medicamento ayuda a disolver los coágulos de sangre que obstruyen los vasos sanguíneos y restablece el flujo normal de la sangre.
Los resultados, publicados en la revista científica JAMA, refuerzan la idea de que abrir la arteria principal no siempre es suficiente para garantizar una recuperación neurológica completa. Este trabajo, denominado CHOICE-2, amplía las conclusiones de una investigación previa del mismo grupo publicada en 2022, al incorporar una muestra más amplia y la participación de múltiples hospitales españoles.
El estudio ha estado liderado por el neurólogo Ángel Chamorro, responsable de la Unidad de Enfermedades Vasculares Cerebrales del Hospital Clínic, junto al doctor Arturo Renú, primer firmante del trabajo.
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Un reto no termina con reabrir la arteria
El ictus isquémico se produce cuando un coágulo bloquea una arteria del cerebro e interrumpe el flujo de sangre y oxígeno hacia el tejido cerebral. En los casos más graves, el tratamiento de referencia es la trombectomía mecánica, una intervención mínimamente invasiva que permite extraer el trombo y restablecer la circulación.
Sin embargo, los especialistas advierten de que el éxito técnico del procedimiento no siempre se traduce en una recuperación funcional completa. Una proporción relevante de pacientes no recupera su autonomía en los meses posteriores.
Según los investigadores, una de las posibles explicaciones está en la microcirculación cerebral, es decir, en los vasos sanguíneos de pequeño calibre. Aunque la arteria principal se reabra, estas pequeñas vías pueden seguir presentando alteraciones que dificultan la llegada de sangre a determinadas zonas del cerebro. “Es como si la carretera principal estuviera abierta, pero muchas calles secundarias siguieran bloqueadas”, explica Arturo Renú.
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Un medicamento adicional que marca la diferencia
El ensayo CHOICE-2 ha analizado si actuar sobre esta microcirculación puede mejorar la evolución clínica de los pacientes. En el estudio participaron 440 personas con ictus isquémico grave atendidas en 14 hospitales de España. Todos los pacientes habían sido tratados con éxito mediante trombectomía mecánica.
Tras la intervención, fueron asignados de forma aleatoria a dos grupos: uno recibió el tratamiento estándar y el otro recibió, directamente en la arteria cerebral, un fármaco trombolítico destinado a disolver pequeños coágulos residuales y optimizar el flujo sanguíneo en los vasos más finos del cerebro.
Los resultados a los 90 días muestran una diferencia relevante entre ambos grupos. El 57,5% de los pacientes que recibieron el tratamiento combinado alcanzaron una recuperación funcional favorable, definida como ausencia de discapacidad o síntomas leves. En el grupo tratado únicamente con trombectomía, esta cifra fue del 42,5%.
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Las pruebas de neuroimagen también evidenciaron una mejor perfusión cerebral en los pacientes que recibieron el tratamiento adicional, lo que sugiere una mayor recuperación del tejido afectado.
Hacia un cambio en el tratamiento del ictus
Los investigadores subrayan que estos resultados no solo confirman las observaciones del estudio CHOICE de 2022, sino que las refuerzan con una base de datos más amplia y sólida. “Contamos con una evidencia más robusta que ayuda a entender por qué algunos pacientes no evolucionan como sería esperable tras una trombectomía”, señala Chamorro. Estos hallazgos podrían contribuir a modificar las guías clínicas actuales en el tratamiento del ictus isquémico, al proponer una estrategia combinada más eficaz en determinados casos.
La principal novedad del trabajo es el cambio en el momento de administración del fármaco trombolítico. Mientras que tradicionalmente se utilizaba antes de la trombectomía, los resultados del CHOICE-2 sugieren que podría ser más eficaz administrarlo después del procedimiento, con el objetivo de actuar específicamente sobre la microcirculación cerebral.
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Los autores destacan que el siguiente objetivo será identificar con mayor precisión qué perfiles de pacientes obtienen un mayor beneficio de esta estrategia combinada. El reto ahora es avanzar hacia tratamientos más personalizados que permitan mejorar el pronóstico del ictus isquémico grave, una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial.