El certificado energético aumenta el precio de la vivienda: un piso eficiente puede costar 50.000 euros más que uno con baja eficiencia

Más de la mitad del parque residencial español se construyó antes de que existieran estándares mínimos de eficiencia, por lo que millones de inmuebles presentan carencias en aislamiento, climatización o consumo energético

Imagen de archivo del certificado energético que deben poseer las viviendas en España (Europa Press)

El mercado inmobiliario español está experimentando un cambio silencioso pero profundo. Factores que durante años apenas influían en el precio de una vivienda, como su eficiencia energética, empiezan a tener un peso decisivo. En un contexto de nuevas exigencias normativas y mayor concienciación por el consumo, el certificado energético deja de ser un mero trámite para convertirse en un elemento clave que puede encarecer -o abaratar- un inmueble.

España parte de una situación compleja. El parque residencial supera los 25 millones de viviendas y más de la mitad se construyó antes de que existieran estándares mínimos de eficiencia. Esto significa que millones de inmuebles presentan una baja eficiencia, con carencias en aislamiento, climatización o consumo energético. Durante años, estos factores pasaban desapercibidos frente a otros como la ubicación o el tamaño.

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Sin embargo, el mercado ha comenzado a incorporar un nuevo concepto: la llamada “deuda energética”. Este término hace referencia al coste que deberá asumir el comprador para adaptar la vivienda a los estándares actuales. En la práctica, no implica una pérdida automática de valor, pero sí influye en la negociación, ya que muchos compradores descuentan ese gasto del precio final.

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A este cambio de mentalidad se suma la presión normativa. La Unión Europea ha marcado una hoja de ruta clara a través de la directiva de eficiencia energética de edificios, que obligará a mejorar progresivamente las calificaciones. En concreto, se establecen objetivos como alcanzar al menos una letra E en 2030 y una D en 2033, lo que afecta especialmente al parque más antiguo.

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El economista Santiago Carbó analiza la situación actual del mercado inmobiliario. Advierte sobre "subidas significativas" en los precios de compra y explica cómo la escasez y los altos costos del alquiler y las hipotecas consumen los aumentos salariales de las familias.

El fin de las subvenciones será un reto para propietarios

El calendario juega un papel determinante. Durante los últimos años, las ayudas públicas han facilitado la rehabilitación energética, con subvenciones que podían alcanzar cifras importantes por vivienda. Pero ese ciclo está llegando a su fin. El cierre de convocatorias en 2026 y la finalización de actuaciones subvencionadas generan lo que algunos expertos denominan un efecto acantilado, donde las reformas deberán afrontarse sin apoyo público.

Este nuevo escenario está provocando una segmentación cada vez más clara del mercado. Por un lado, las viviendas con buenas calificaciones energéticas ganan atractivo. Este fenómeno se conoce como “green premium” y se traduce en precios más altos, mayor rapidez de venta y mejor acceso a financiación. En algunos países europeos, estas viviendas ya alcanzan incrementos de entre el 10% y el 15% respecto a otras similares.

En el extremo opuesto se sitúan los inmuebles con peor eficiencia, especialmente aquellos con calificaciones F o G. Aquí aparece el llamado “brown discount”, un descuento que puede situarse entre el 15% y el 20%. Estas viviendas no solo se venden más baratas, sino que permanecen más tiempo en el mercado y generan negociaciones más complejas.

Para entenderlo mejor, basta con un ejemplo: una vivienda eficiente de 80 metros cuadrados puede alcanzar un precio de 320.000 euros en una zona determinada, mientras que otra similar pero con baja eficiencia podría venderse por entre 256.000 y 272.000 euros. La diferencia no responde a la ubicación ni al tamaño, sino al impacto directo del certificado energético.

Imagen de archivo de Gijón, con vistas desde el hospital de Jove (Europa Press)

Convertir la falta de eficiencia en una oportunidad de mejora

Ante este contexto, los profesionales inmobiliarios están adaptando sus estrategias. Ya no se trata solo de vender una vivienda, sino de explicar su potencial de mejora. Analizar qué reformas pueden aumentar la eficiencia -como cambiar ventanas o mejorar el aislamiento- permite defender mejor el valor del inmueble y anticipar objeciones del comprador.

Además, cada vez es más habitual incorporar información técnica en la comercialización: desde el certificado energético actualizado hasta estimaciones de reforma o ahorro futuro. Este enfoque aporta transparencia y ayuda a convertir una debilidad en una oportunidad, mostrando al comprador el margen de revalorización del inmueble.

Otro elemento clave es el coste operativo. Los compradores no solo miran el precio de compra, sino también cuánto costará mantener la vivienda a lo largo del tiempo. El consumo energético anual, el gasto en suministros o la eficiencia de los sistemas de climatización influyen cada vez más en la decisión final.

En paralelo, las entidades financieras también están ajustando sus criterios. Las hipotecas verdes, con condiciones más favorables para viviendas eficientes, son un reflejo de este cambio. Al mismo tiempo, los inmuebles con peor calificación pueden enfrentarse a mayores dificultades de financiación, lo que refuerza aún más la brecha entre unos y otros.

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