Mark Eric Young es un veterano de Vietnam de 76 años de edad. Se escuchan muchas historias sobre esa campaña en la que los estadounidenses, como fuerza invasora, se enfrentaban a la naturaleza de la selva vietnamita y a los guerrilleros que dominaban cada recoveco de aquel “infierno verde”.
Una invasión estrepitosa, fruto del terror rojo, que acabó con una retirada estadounidense y una posterior victoria del Partido Comunista de Vietnam del norte. Los supervivientes de aquello, los últimos de los cuales fueron retirados de Vietnam el 29 de marzo de 1973, se llevaron consigo una pesada mochila de experiencias que, quizás, habrían preferido no recordar. Puede ser, sin embargo, que a Mark Eric Young le hayan salvado la vida 53 años más tarde.
Cómo sobrevivir solo al desierto de Arizona
El 16 de abril, Mark Young se desplazó en coche hasta Bloody Basin (Cuenca Sangrienta), en Arizona, para una caminata y una acampada en solitario cerca de la Bloody Basin Road, una carretera que atraviesa un terreno desértico y de difícil acceso. No era la primera vez que lo hacía, tenía algún nivel de conocimiento de los senderos, pero cuando no apareció al día siguiente para una cena, su familia dio parte de su desaparición.
El equipo de búsqueda encontró rápidamente el coche que había alquilado, estacionado en algún punto cercano a la carretera, con algunas de las pertenencias de Young - como su saco de dormir - todavía en su interior. Donde fuera que estuviese el anciano, no tenía consigo el equipo necesario para pernoctar en un desierto, donde las temperaturas diurnas son elevadas y las nocturnas también peligrosas por el lado contrario del termómetro.
Durante el día, Mark buscaba áreas de sombra en las que resguardarse del calor intenso del desierto, minimizando así la pérdida de líquidos y evitando que su temperatura corporal alcanzase niveles peligrosos. Durante la noche, cuando el desierto se enfría con rapidez, buscaba lugares en los que no soplase el viento, o no tanto, para protegerse de las bajas temperaturas. Sabiendo el peligro en el que se encontraba, el veterano intentó empezar un fuego, por señalizar su ubicación, pero no tuvo éxito. Lo único que podía hacer era resistir.
La temperatura no es el único peligro que acecha en Arizona. “Escuché un cascabeleo”, contó el anciano a 12News. Una serpiente de cascabel no es algo que uno quiera escuchar en el desierto, lejos de cualquier antídoto o cura. No es algo que nadie quiera escuchar, en general: si lo oyes, ya estás demasiado cerca. “Creo que me vio más o menos al mismo tiempo que yo a ella. Bueno, quizás me vio antes, porque ya estaba cascabeleando. Me atacó, pero se quedó corta. Y entonces la maté a pedradas”, recuerda el veterano.
Al tercer día se quedó sin agua. “Oriné en mi cantimplora y bebí. Sabía que tenía que hacerlo para sobrevivir”, relata Young. Lo único que podía hacer era resistir y pensar, como hizo, en sus siete hijos y 31 nietos. “Lo que me daba fuerzas eran distintos pasajes de las Escrituras y el recuerdo de situaciones en las que estuve cerca de la muerte, y la sensación de que esta no era la forma de morir, que rendirse definitivamente no era una opción”.
Encontrado por sus propios hijos en mitad del desierto
Él no lo sabía, pero para entonces ya había decenas de equipos de la oficina del sheriff del condado de Yavapai peinando la zona. Junto a ellos, los hijos de Young, que rastrearon el terreno desde el coche hasta el punto en el que Young había matado a la serpiente, cuyo cadáver fue la pista que confirmó que el veterano se encontraba cerca.
El quinto día, Young escuchó voces, y procedió a gritar, “porque estaba muy agotado” y para no ser pasado por alto. Eran las voces de sus hijos, Paul y Josh, que al escucharle llamando lograron encontrarle. “Fue increíble”, recuerda Young. “Lloramos y nos abrazamos”.
Young estaba consciente, si bien deshidratado y con heridas leves, y fue trasladado en helicóptero desde allí a un hospital, donde se pudieron descartar fracturas y lesiones graves. El anciano, ya a salvo, reflexionó desde allí sobre lo vivido: “Te hace llorar. Es por el amor. No se trata de mí, sino de ellos: la comunidad, la unidad y las personas dispuestas incluso a arriesgar sus vidas por el rescate”.