Fumar es uno de los actos más perjudiciales para tu salud, ya que afecta prácticamente a todos los órganos del cuerpo. El consumo de tabaco está directamente relacionado con enfermedades respiratorias, cardiovasculares y distintos tipos de cáncer, además de acelerar el envejecimiento de la piel y reducir la capacidad pulmonar.
Por otra parte, uno de los principales problemas es la adicción que genera, algo que provoca la nicotina y que hace que dejarlo sea especialmente complicado. Pero no solo influye en quien fuma, sino también a las personas que están alrededor.
A pesar de todos estos efectos negativos tan evidentes, una investigación realizada en Corea del Sur, que recopila datos de 410.000 personas que han fumado tabaco alrededor de nueve años, ha indicado que tiene efectos positivos en personas con Parkinson.
Cómo afecta fumar al Parkinson
Este estudio (publicado en la revista científica Neurology) ha revelado que los fumadores actuales y los exfumadores presentan una menor probabilidad de padecer Parkinson en comparación con las personas que nunca han fumado. A partir de estos hallazgos, se ha planteado la hipótesis de que la nicotina podría ejercer ciertos efectos neuroprotectores.
En concreto, se cree que actúa sobre receptores nicotínicos del cerebro implicados en la vía nigroestriatal, que es la encargada de regular la liberación de dopamina, un neurotransmisor clave. Este sistema es precisamente el que se ve afectado en la enfermedad de Parkinson.
Además, se ha observado que el tabaco puede reducir la actividad de la enzima monoaminooxidasa B (MAO-B), responsable de descomponer a la dopamina. Una menor actividad de esta enzima implicaría una mayor disponibilidad de dopamina en el cerebro, lo que podría ayudar a compensar parcialmente el déficit que caracteriza al Parkinson.
Asimismo, se han propuesto otros mecanismos relacionados con la respuesta inmunitaria y el estrés oxidativo, así como con determinadas variantes genéticas que podrían modular esta asociación entre tabaco y riesgo de Parkinson.
Sin embargo, los expertos insisten en que estos posibles efectos no compensan los riesgos del tabaquismo. Otro de los factores que también influye en esta relación es que los fumadores suelen tener una menor esperanza de vida, lo que podría modificar la probabilidad de desarrollar enfermedades asociadas a la edad, como es el caso del Parkinson.
Cómo dejar de fumar
Dejar de fumar no es un proceso sencillo, pero los expertos coinciden en que es posible con el enfoque adecuado. Una de las estrategias más eficaces es establecer una fecha concreta para dejar de hacerlo y prepararse mentalmente para el cambio, reduciendo progresivamente los cigarrillos en los días previos.
También es importante identificar los momentos de mayor tentación, como después de comer o en situaciones de estrés, para poder sustituir el hábito por otras acciones como caminar, beber agua o respirar profundamente.
Además, existen tratamientos de apoyo que pueden aumentar las probabilidades de éxito, como la terapia sustitutiva con nicotina en forma de parches o chicles, así como ciertos fármacos prescritos por profesionales sanitarios. Por último, el entorno social influye mucho en el proceso. Contar con apoyo de familiares o amigos y evitar situaciones que refuercen el hábito puede marcar la diferencia.