El Paisaje Dulce y Salado de Sigüenza y Atienza ha sido seleccionado recientemente por el Consejo de Patrimonio Histórico de España para presentarse a la Unesco, un paso que sitúa a este enclave de Guadalajara como aspirante a formar parte de la lista de Patrimonio Mundial. Ubicado en una comarca marcada por la despoblación y la herencia medieval, el territorio combina un singular tablero de hoces fluviales, salinas históricas y conjuntos monumentales que permiten experimentar un viaje a la Edad Media peninsular.
La candidatura, aprobada el pasado 9 de abril, abarca más de 200 kilómetros cuadrados que incluyen enclaves únicos como Sigüenza, Atienza, las salinas de Imón y Palazuelos. La zona fue en siglos pasados el principal núcleo salinero del interior español, llegando a producir anualmente hasta un millón de kilos de sal en las salinas de Imón, según ha recogido el medio National Geographic. Esta cifra resulta especialmente significativa al considerar que, hasta finales del siglo XIX, el control y la producción de sal en la región impulsaron la economía y forjaron el desarrollo del paisaje y del arte local.
Qué destaca del paisaje de Sigüenza y Atienza y por qué opta a la Unesco: salinas históricas entre su paisaje
Tradicionalmente considerada “oro blanco”, la sal motivó disputas e impulsó la construcción de castillos y ciudades fortificadas alejados del mar. Bajo este legado, la comarca que ahora presenta su candidatura a la Unesco reúne una red de lugares fosilizados en la arquitectura y el urbanismo de los siglos XV y XVI, cuando Sigüenza alcanzó su máximo esplendor como señorío episcopal y llegó a fundar su propia universidad.
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El núcleo monumental de Sigüenza constituye la referencia principal de la candidatura, destacando la catedral con obras como La Anunciación del Greco, la Sacristía de las Cabezas con más de tres mil figurillas y un altar plateresco singular. Los visitantes, con la misma entrada, pueden acceder también al Museo Diocesano, que conserva una Inmaculada Concepción de Zurbarán y diversas tablas renacentistas, además de una maqueta previa a los bombardeos sobre la catedral durante la Guerra Civil.
Dentro de esta narrativa de poder basada en la sal, el territorio se extiende hacia otros enclaves como Palazuelos, que ha conservado íntegro su recinto medieval con tres puertas acodadas y castillo propio, y Carabias, cuya galería porticada de la iglesia del Salvador permite divisar el valle y las antiguas salinas. Entre las salinas históricas, las de Imón sobresalen por su valor paisajístico y productivo, habiendo alcanzado los mayores registros de producción hasta la liberalización del mercado en 1869, hecho que supuso el inicio del declive económico tras la irrupción de las salinas marítimas más competitivas.
Colonias de aves o el paso de Félix Rodríguez de la Fuente remarcan del enclave su singularidad
El impacto que tuvieron las salinas de Imón, con más de un millón de kilos anuales, permitió que el paisaje y el modelo socioeconómico de la comarca se preservaran, conduciendo a una “fosilización” que hoy constituye un atractivo patrimonial. Tal como describe National Geographic, el proceso de decadencia posterior a la industrialización, lejos de borrar el pasado, ha dejado testimonio de un modelo de gestión y urbanismo que se ha mantenido casi intacto en lugares como Palazuelos y en el trazado monumental de Atienza.
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Una ruta a través de estos paisajes transita por el barranco del río Dulce, conocido por las colonias de buitres leonados y por haber sido lugar emblemático de Félix Rodríguez de la Fuente, y conecta con las “hoces dulces y saladas” que dan nombre a la candidatura. El itinerario culmina en Atienza, referente histórico como fortaleza fronteriza y símbolo de las luchas medievales, con su castillo adaptado a la colina y la celebración de la Caballada, reconocida como Fiesta de Interés Turístico Nacional, además de un conjunto de iglesias románicas y una relevante colección de arte medieval.
Según destaca el propio medio National Geographic en su análisis, el expediente para la Unesco representa un esfuerzo de consolidación tras años de trabajo, quedando aún pendiente el proceso de evaluación internacional antes del reconocimiento definitivo.
El interés institucional por la conservación de este enclave ha quedado reflejado tras la decisión adoptada el pasado 9 de abril, cuando el Consejo de Patrimonio Histórico de España acordó la presentación del Paisaje Dulce y Salado de Sigüenza y Atienza a la Unesco, tal como ha detallado el medio.
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