Ni 140 km/h ni 120km/h: este es el nuevo límite de velocidad que quiere implantar la DGT en las carreteras españolas

Las experiencias ya aplicadas en carreteras de Galicia, País Vasco y Cataluña consolidan el uso de los 100 km/h como herramienta para reducir accidentes y mejorar la fluidez del tráfico

Vehículos circulando por la Via de Cintura (Ma-20), con la señalización de velocidad máxima a 100 km/h. (Consell de Mallorca)

La velocidad máxima en autopistas españolas, históricamente fijada en 120 km/h, empieza a erosionarse de forma silenciosa. Sin reformas legales de gran calado ni anuncios de alcance general, la realidad sobre el asfalto apunta en otra dirección: cada vez más tramos limitan la circulación a 100 km/h. Una cifra que, lejos de ser coyuntural, se abre paso como referencia en la gestión del tráfico y la seguridad vial.

La Dirección General de Tráfico (DGT), junto a administraciones autonómicas, ha ido avalando en los últimos meses esta rebaja en puntos concretos de la red viaria. No se trata de una decisión uniforme, sino de una suma de actuaciones que, vistas en conjunto, dibujan una tendencia. Autopistas como la AG-55 en Galicia, la AP-8 en el País Vasco o la AP-7 en Cataluña han incorporado ya estos límites reducidos en determinados tramos, siempre bajo el mismo argumento: reducir la siniestralidad.

La velocidad deja de ser una cifra fija

Si hay un territorio donde este cambio de paradigma resulta más evidente es Cataluña. El Servei Català de Trànsit (SCT) ha desplegado sistemas de velocidad variable en varios corredores, introduciendo una lógica dinámica en la regulación del tráfico. Los límites ya no son inmutables: se ajustan en función de la meteorología, la congestión o las incidencias.

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Este modelo permite alternar entre 120 y 100 km/h —e incluso descender por debajo de ese umbral— con el objetivo de anticiparse a situaciones de riesgo. No se trata únicamente de reaccionar ante el accidente, sino de evitarlo. La tecnología, en este caso, actúa como aliada de una política de prevención que busca suavizar la circulación y reducir los picos de velocidad.

Cambio de señales de la velocidad de 100 a 90 km/h en carreteras convencionales (Europa Press)

Aunque desde la DGT no se ha planteado oficialmente una reforma general del límite máximo en autopistas, la reiteración de estas medidas en distintos puntos del país introduce un elemento de debate difícil de obviar. La pregunta ya no es si pueden aplicarse los 100 km/h, sino en qué condiciones podrían consolidarse.

Más allá de la seguridad: clima y energía

El debate, además, trasciende las fronteras españolas. En Europa, la discusión sobre los límites de velocidad ha adquirido una dimensión distinta, vinculada a los objetivos climáticos. Alemania es uno de los ejemplos más recientes. Allí, el incumplimiento de las metas de reducción de emisiones de CO₂ ha provocado un revés judicial al programa de protección climática del Gobierno federal, al considerar que no alcanzará sus objetivos.

En ese contexto, organismos como la Agencia Federal Alemana del Medio Ambiente han señalado que la reducción de la velocidad en autopistas podría tener un impacto directo en la disminución de emisiones. La organización DUH (Ayuda Ambiental de Alemania) ha formalizado esta idea en una propuesta concreta: limitar a 100 km/h la velocidad en autopistas, con margen para elevarla a 120 km/h en horario nocturno, además de establecer restricciones más severas en otros tipos de vías.

La discusión no se limita al plano medioambiental. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha introducido un nuevo elemento en el debate al recomendar una rebaja generalizada de los límites de velocidad como medida para reducir el consumo de combustible. La propuesta se enmarca en un contexto internacional marcado por tensiones en el suministro energético y recuerda, en su planteamiento, a las decisiones adoptadas durante la crisis del petróleo de los años setenta.

Según la AIE, una reducción de apenas 10 km/h puede traducirse en un descenso significativo del consumo global de carburante. La recomendación incluye fijar límites de entre 100 y 110 km/h en autopistas, acompañados de otras medidas como el impulso del teletrabajo o restricciones puntuales en las grandes ciudades.

La DGT invertirá 975.000 euros en 15 radares móviles capaces de multar hasta en seis carriles.

España, por ahora, se mantiene al margen de estos argumentos en su política de tráfico. Las decisiones adoptadas hasta la fecha responden fundamentalmente a criterios de seguridad vial. Sin embargo, la convergencia entre las medidas nacionales y las recomendaciones internacionales dibuja un escenario en el que la velocidad deja de ser únicamente una cuestión de circulación para integrarse en un debate más amplio, donde confluyen seguridad, sostenibilidad y eficiencia energética.

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