Quitarse la vena de la frente, la última moda en operaciones estéticas que encierra riesgos para la salud

Influencers y celebridades se han sumado a la tendencia de eliminar las venas marcadas de la frente

Una mujer se somete a una operación estética (Freepik)

Las modas van y vienen. Algunas llegan, marcan una tendencia de vestimenta y con el tiempo se convierten en un recuerdo. Pero existen otras que van más allá de un pantalón extravagante o un corte de pelo atrevido. En materia de operaciones estéticas, ciertas tendencias pueden no estar exentas de riesgos para la salud.

Una de las últimas modas en estos retoques estéticos se popularizó a raíz de que la cantante brasileña Anitta pasara por quirófano. Se trata de quitarse una vena marcada de la frente, un proceso estético al que se han sumado influencers y celebridades de todo el mundo.

A medida que envejecemos, nuestra piel pasa por un proceso fisiológico natural en el que esta se vuelve más fina al perder la grasa subcutánea. Esto provoca la flacidez y las arrugas, así como unas venas más marcadas. De ahí que esa característica vena de la frente pueda apreciarse más con la edad.

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Los tratamientos para eliminar la vena de la frente

Uno de los procedimientos más consolidados para quitar una vena es la escleroterapia, una técnica con décadas de uso en el tratamiento de varices que hoy se aplica también en el rostro. Este método consiste en la inyección de una sustancia esclerosante directamente en la vena afectada. El objetivo es provocar una irritación controlada en la pared del vaso sanguíneo, lo que desencadena su cierre progresivo. Con el tiempo, el organismo reabsorbe la vena tratada, haciendo que desaparezca de forma prácticamente imperceptible.

La escleroterapia es un procedimiento rápido, que suele realizarse en menos de media hora y no requiere cirugía ni tiempo de recuperación significativo. Aunque puede generar una ligera molestia durante la aplicación, generalmente es bien tolerada. Su eficacia es especialmente notable en venas de mayor tamaño o más pronunciadas en la frente y las sienes.

Por otro lado, la terapia láser vascular se posiciona como una alternativa de vanguardia, especialmente indicada para venas más pequeñas o superficiales. Este tratamiento utiliza haces de luz de alta precisión que son absorbidos por la hemoglobina presente en la sangre. La energía se transforma en calor, lo que provoca la coagulación del vaso sanguíneo y su posterior desaparición.

La elección entre ambas técnicas depende de factores como el tamaño, la profundidad y la localización de la vena, así como de las características individuales del paciente. En cualquier caso, la evaluación médica previa es fundamental para garantizar resultados seguros y satisfactorios.

Una mujer se somete a una operación estética (Freepik)

Los riesgos de esta operación estética

No obstante, como en cualquier procedimiento médico-estético, existen ciertos riesgos o efectos secundarios que deben tenerse en cuenta antes de someterse a estos tratamientos. Los especialistas subrayan que, cuando son realizados por profesionales cualificados y con experiencia, tanto la escleroterapia como la terapia láser presentan un perfil de seguridad muy alto.

Los efectos secundarios más frecuentes son leves y transitorios. Entre ellos destacan el enrojecimiento de la piel, una ligera inflamación o la aparición de hematomas en la zona tratada. Estas reacciones suelen desaparecer en pocos días sin necesidad de intervención adicional. En algunos casos, también puede producirse una leve sensibilidad o sensación de calor tras el procedimiento, especialmente en el caso del láser.

Las complicaciones más graves, como infecciones, cambios en la pigmentación de la piel o reacciones adversas al agente esclerosante, son extremadamente raras. Aun así, los expertos insisten en la importancia de una valoración previa individualizada y de seguir cuidadosamente las indicaciones médicas para minimizar cualquier posible riesgo.

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