“No son coincidencias, sino una armonía más profunda que la mente no siempre comprende, pero que el alma reconoce”. Así lo resume Monika Ben Thabetová numeróloga, para lo que otros llamarían coincidencias. Se casó un día 30, su hija nació un día 30 y ella misma nació un 30 de mayo.
Este tipo de razonamiento es la base de la numerología: la creencia de que los números asociados a la fecha de nacimiento contienen información sobre la personalidad, los ciclos vitales y las decisiones que una persona debería tomar.
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Ben Thabetová es una de las ponentes principales de la conferencia “El tiempo de la presencia: lucidez en el caos”, organizada por el proyecto Koscenthia en Milán, un evento que mezcla, según sus propios organizadores, “filosofía, psicología y espiritualidad”, según recoge Vanity Fair.
Una estructura precisa... que luego desaparece
Cuando se le pregunta si la numerología tiene una base objetiva o es interpretación, la propia Ben Thabetová describe el proceso como una mezcla de cálculo e intuición: “El primer paso es lógico: cálculos, una estructura precisa, una geometría exacta. Pero entonces ocurre algo. La mente se detiene... y dejo de pensar, dejo de analizar: escucho”.
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En la práctica, el sistema consiste en operaciones aritméticas básicas, como sumar los dígitos de una fecha de nacimiento, que después se interpretan de forma subjetiva.
La parte “estructurada” sirve solo como punto de partida. A partir de ahí, la interpretación depende del lector. No es un método replicable ni verificable por terceros, sino una lectura personal presentada como sistema.
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El sesgo que no se menciona
Uno de los argumentos recurrentes de la ponente es la repetición del número 30 en su vida. Sin embargo, este tipo de asociaciones encaja con un fenómeno bien conocido en psicología: el sesgo de confirmación.
Se tiende a recordar los casos que refuerzan una creencia e ignorar los que la contradicen. En este caso, se destacan los “30” significativos, pero no se mencionan todas las fechas que no encajan en ese patrón.
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La pregunta científica es sencilla: ¿por qué ese número y no el 29 o el 31? La numerología no ofrece un criterio objetivo para responderlo.
“Las personas que acuden a mí ya están preparadas”
En sus declaraciones, Ben Thabetová afirma: “A lo largo de mi camino no me he topado con un verdadero escepticismo: las personas que acuden a mí ya están preparadas”.
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Esta idea genera un problema metodológico evidente: si cualquier duda se interpreta como “no estar preparado”, entonces no existe posibilidad de refutación. El sistema se blinda frente a la crítica.
La propia autora añade que “cada uno tiene su propio tiempo” y que no intenta convencer a nadie. Esto refuerza una lógica circular: no hay que demostrar la validez del método, solo esperar a quienes ya lo aceptan.
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Palabras grandes, significados difusos
En su discurso aparecen conceptos recurrentes como “energía”, “vibración”, “ciclos” o “consciencia”. Son términos frecuentes en discursos espirituales, pero sin definición técnica en este contexto. “Los números no son solo una herramienta, sino un puente entre lo que experimentamos y quiénes realmente somos”, dice.
El problema de este tipo de frases es su vaguedad: pueden interpretarse de múltiples maneras y no permiten ser comprobadas ni refutadas. De este modo, la numerología se construye sobre un lenguaje simbólico que da sensación de profundidad, pero carece de contenido verificable.
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Entre la introspección y la ausencia de evidencia
Ben Thabetová insiste en que la numerología no predice el futuro: “La numerología no predice el futuro”. Pero sí promete otra cosa: comprensión personal, orientación vital y reconocimiento de “ciclos”. Son afirmaciones que no pueden medirse ni contrastarse con datos externos.
El riesgo, según los críticos de estas prácticas, aparece cuando estas interpretaciones se ofrecen como guía en momentos de vulnerabilidad emocional. La propia ponente reconoce que muchas personas llegan tras experiencias como “amor, decepción o conflicto”.
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El método reducido a una fórmula simple
La base del sistema, según la propia Ben Thabetová, es sencilla: “El primer paso es anotar tu fecha de nacimiento y empezar a observarla. Detrás de esos números se esconde una historia única”. A partir de ahí, el resto depende de la interpretación del numerólogo. No existe un procedimiento estándar, ni validación externa, ni resultados reproducibles.