La posición internacional de Reino Unido atraviesa un momento de incertidumbre geopolítica y de transformación de su relación con Estados Unidos. La guerra en Oriente Medio ha vuelto a tensar un vínculo históricamente central para Londres, en un momento en el que ese marco de relación ya no se da por supuesto. “Está en proceso de cambio”, resume Patrick Costello, exfuncionario de la Unión Europea y experto en política exterior europea, a Infobae.
Ese cambio, según plantea, responde a la posición en la que ha quedado el Reino Unido tras su salida de la Unión Europea. “Está en una posición mucho más vulnerable”, advierte. Y lo concreta con una comparación directa con otros países europeos: “A España le resulta mucho más fácil adoptar determinadas posiciones porque está cubierta por la Unión Europea. Reino Unido, en cambio, está muy solo”.
La idea de vulnerabilidad recorre todo su análisis. “Está muy solo”, insiste Costello, al referirse a la capacidad de Londres para moverse en un entorno internacional más exigente. Esa situación condiciona, en su opinión, el margen de actuación del Gobierno británico en escenarios como el actual conflicto en Oriente Medio.
En ese contexto, la decisión del Ejecutivo de Keir Starmer de no sumarse a las operaciones ofensivas en la guerra contra Irán introduce un matiz relevante en la relación con Washington. “Es interesante que el Reino Unido haya adoptado una posición tan clara”, señala. “Esa postura es muy popular en el país”, agrega.
El fin del automatismo
El comportamiento de Londres en este episodio contrasta con lo que, según Costello, habría sido la respuesta en otros momentos. “En otro momento, lo más probable es que Londres hubiera ido con Estados Unidos sin tantas reservas”, explica, apuntando a una pauta que durante años ha marcado la política exterior británica.
Ese cambio, sin embargo, no permite todavía anticipar un giro estructural en la relación. El propio analista se muestra prudente. “Es demasiado pronto para saber cuáles serán las consecuencias”, afirma. Por ahora, señala, no se han producido efectos directos en ámbitos como los aranceles o las relaciones económicas, lo que sugiere que la situación sigue abierta.
Más allá de la dimensión política, Costello introduce un elemento central en la relación entre ambos países: la cooperación en inteligencia. “Uno de los pilares más importantes es el intercambio de inteligencia”, recuerda, en referencia al sistema Five Eyes, que articula la colaboración entre Estados Unidos, Reino Unido y otros aliados.
En ese terreno, plantea una duda que afecta a la base misma de esa cooperación. “La cuestión es hasta qué punto esa información está realmente segura”, señala. La observación apunta a un ámbito que tradicionalmente se ha considerado uno de los más sólidos de la relación bilateral.
Mirar de nuevo hacia Europa
En paralelo, el análisis apunta a una tendencia que empieza a ganar peso en el debate político británico. “Hay un impulso cada vez mayor, especialmente entre los diputados laboristas, para reforzar la relación con la Unión Europea”, explica Costello.
Ese movimiento, según indica, podría alterar el equilibrio en el que se ha apoyado la política exterior del Reino Unido en las últimas décadas. “Si ese proceso tiene éxito, el país será menos vulnerable y estará en mejor posición para plantarse”, sostiene.
La combinación de la vulnerabilidad tras el Brexit, el margen limitado frente a Estados Unidos, las dudas en ámbitos sensibles como la inteligencia y el incipiente acercamiento a Europa dibuja un escenario en el que la relación tradicional con Washington deja de ser el único eje sobre el que se articula la acción exterior británica.