El psicólogo Pablo Emilio Gutiérrez ha generado conversación en redes sociales tras publicar un video en su perfil de TikTok, (@pablotupsicologo), donde aborda un tema cotidiano pero pocas veces analizado a fondo: la percepción que tenemos de nosotros mismos. En su mensaje, Gutiérrez invita a reflexionar sobre cómo construimos esa imagen propia y advierte que no se trata de algo estático. Por el contrario, sostiene que la autopercepción es dinámica y está expuesta a constantes transformaciones.
Gutiérrez explica que, al comenzar a formar nuestra identidad, solemos buscar que sea clara, definida y sin cambios. Esta necesidad de rigidez nos da una sensación de control, tanto sobre nosotros mismos como sobre el entorno. Sin embargo, el especialista señala que el mundo es un entorno de variación constante, donde adaptarse se vuelve indispensable para convivir y desarrollarse. La idea de que la percepción de uno mismo pueda cambiar puede resultar incómoda, pero es, según el psicólogo, una herramienta fundamental para navegar la vida cotidiana.
El video compartido por el psicólogo se centra en un mensaje directo: “La percepción de nosotros mismos es una cosa que está en constante cambio”. Esta afirmación, lejos de ser una invitación a la inseguridad, apunta a la posibilidad de crecer, modificar creencias y actuar de forma más flexible ante las circunstancias. Abrirse a revisar la autopercepción, aunque no siempre resulte sencillo, ayuda a relacionarnos mejor con los demás y con el entorno.
Por qué nuestra identidad no es fija
Según Gutiérrez, la tendencia habitual consiste en buscar una idea de identidad que no se mueva, que permanezca igual a lo largo del tiempo. Esta postura rígida también suele trasladarse a la forma en que interpretamos el mundo y a quienes nos rodean. El problema, advierte el psicólogo, es que este método choca directamente con la naturaleza cambiante de la realidad.
El especialista ejemplifica el fenómeno con una situación cotidiana: una persona que, convencida de que no le gusta el ramen, un día prueba un plato distinto y le resulta agradable. En ese momento se enfrenta a dos caminos: insistir en que eso no era ramen “de verdad” y mantener su postura, o reconsiderar su convicción y aceptar que, en efecto, puede que sí le guste el ramen. Este ejemplo muestra cómo la rigidez puede evitar el crecimiento personal, mientras que la flexibilidad permite incorporar nuevas experiencias a la identidad.
Gutiérrez subraya que adaptarse al mundo implica, muchas veces, cuestionar las ideas que tenemos sobre nosotros mismos. El cambio no significa perderse, sino abrirse a nuevas posibilidades y aceptar que la autopercepción puede enriquecerse con lo que sucede fuera de nosotros.
Cuando la realidad desafía lo que pensamos de nosotros
El psicólogo plantea un ejemplo más complejo para ilustrar el conflicto interno que surge cuando la realidad externa contradice nuestras creencias sobre nosotros mismos. Imagina a alguien convencido de que no es capaz de aportar nada positivo a una relación de pareja. Si en algún momento su pareja le agradece por hacerla feliz y señala el valor de sus acciones, esa persona puede sentirse en conflicto.
Gutiérrez explica que, en esos casos, es común que la persona dude de la sinceridad del elogio o lo minimice, pensando que la otra parte no entiende quién es realmente. Esta reacción defensiva busca proteger una autopercepción negativa, aunque esté basada en premisas equivocadas. El psicólogo sugiere que, ante estas situaciones, resulta valioso considerar la posibilidad de que la percepción propia no sea del todo acertada y que, tal vez, sí se esté aportando algo bueno en la relación.
Aceptar que la autopercepción puede estar equivocada o incompleta abre la puerta a una convivencia más armoniosa con los demás y con uno mismo. Según Gutiérrez: “Aunque no siempre nos agrade ni resulte fácil cuestionarnos, hacerlo permite adaptarse mejor a un mundo en permanente cambio y facilita el bienestar personal”.