El papel de las empresas españolas en Ucrania: estos son los contactos y proyectos que se han ido tejiendo desde el inicio de la guerra

Antes del acuerdo de coproducción, la relación entre la industria española y Ucrania ya se había ido consolidando a través de acuerdos y contactos

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El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se saludan a su llegada a un encuentro en el Palacio de La Moncloa (Carlos Luján - Europa Press)

El acuerdo anunciado por Pedro Sánchez y Volodímir Zelenski para impulsar la coproducción de material de defensa entre España y Ucrania llega sobre un terreno que, aunque todavía poco visible, llevaba tiempo preparándose. Desde el inicio de la invasión rusa, varias empresas españolas han ido manteniendo contactos o aproximaciones con la industria ucraniana, en una combinación de contactos, acercamientos empresariales, proyectos compartidos y aproximaciones progresivas a un mercado marcado por la guerra, aunque con grados de implicación muy distintos según el caso.

Ese recorrido previo explica en parte la rapidez con la que se ha articulado el nuevo marco de colaboración. Lejos de ser un punto de partida, el anuncio formaliza una relación que ya había comenzado a tomar forma en distintos niveles del sector.

Blindados, el precedente que anticipa el modelo

El caso más sólido de colaboración es el que protagonizan Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) y Tecnove junto a la ucraniana Practika. En 2025 sellaron un acuerdo para el desarrollo conjunto de vehículos blindados adaptados a las necesidades del conflicto, en lo que constituye el ejemplo más claro de producción compartida entre ambos países antes del anuncio de esta semana.

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El proyecto abarca distintas plataformas, desde vehículos de combate hasta unidades destinadas a evacuación médica, guerra electrónica o desminado. La lógica es claramente industrial. Escribano aporta sus sistemas de armas y tecnología optrónica; Tecnove, su capacidad de fabricación de plataformas; Practika, el conocimiento del terreno y de los requerimientos operativos derivados de años de guerra.

La colaboración ha tenido ya traducción productiva en España. En Ciudad Real se ha articulado una estructura industrial vinculada a este acuerdo, con capacidad para fabricar vehículos destinados a Ucrania dentro de un esquema de cooperación entre socios de ambos países. Se trata de una fórmula que anticipa, en menor escala, el modelo de coproducción que ahora se quiere generalizar.

Indra, la puerta de entrada tecnológica

Si hay una empresa que ha canalizado el interés ucraniano por la tecnología española, esa ha sido Indra. La compañía ha mantenido contactos directos con autoridades de Kiev y ha participado en encuentros de alto nivel orientados a explorar posibles colaboraciones.

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El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, se abrazan tras posar para una fotografía durante una cumbre (JUSTIN TALLIS/Pool vía REUTERS)

El foco se sitúa en ámbitos especialmente sensibles en el desarrollo del conflicto. Radares, sistemas de vigilancia y soluciones antidron forman parte de las capacidades que Ucrania ha buscado reforzar en los últimos años. La guerra ha puesto de relieve la importancia de la detección y la defensa aérea, y en ese terreno Indra cuenta con una posición consolidada.

Aunque no ha trascendido la existencia de proyectos de coproducción equiparables al de los blindados, la compañía se ha situado como un interlocutor de referencia. Su perfil, más tecnológico que industrial en sentido estricto, encaja con la necesidad ucraniana de integrar sistemas avanzados en un entorno operativo cada vez más complejo.

Sener, ingeniería de precisión para sistemas complejos

En un nivel distinto se mueve Sener, cuya actividad se centra en la ingeniería avanzada y en el desarrollo de sistemas de alta complejidad. Su participación en los contactos con Ucrania y su presencia en iniciativas recientes vinculadas al sector apuntan a un papel potencial vinculado a capacidades relacionadas con misiles y sistemas de guiado.

La empresa cuenta con experiencia en navegación, control y guiado, elementos esenciales en el desarrollo de armamento de precisión. Este tipo de capacidades no se traduce necesariamente en producción en volumen, pero sí en un valor añadido decisivo en proyectos tecnológicos de mayor exigencia.

Su encaje en la relación con Ucrania responde a esa lógica. Más que aportar capacidad industrial en términos cuantitativos, se sitúa en el núcleo del desarrollo tecnológico, en un momento en el que la sofisticación de los sistemas resulta determinante.

Electrónica, comunicaciones y munición

Junto a estos actores principales, otras compañías españolas han ido aproximándose al mercado ucraniano desde posiciones más especializadas. Oesía y GMV han explorado oportunidades en el ámbito de la electrónica, las comunicaciones y los sistemas de información, piezas clave en la arquitectura de la guerra contemporánea.

Se trata de un terreno menos visible, pero imprescindible. La gestión de datos, la interoperabilidad de sistemas o las comunicaciones seguras condicionan la eficacia operativa tanto como el propio armamento. En ese espacio, estas empresas aportan capacidades que Ucrania ha tratado de reforzar a lo largo del conflicto.

Instalaza representa otro ámbito distinto, el de la munición y los sistemas de armas portátiles. Su experiencia la convierte en un socio potencial en un escenario caracterizado por un consumo intensivo de este tipo de material, aunque su relación con Ucrania se ha movido hasta ahora en el terreno de los contactos y las oportunidades exploradas.

A ese ámbito del suministro se suman otras compañías con un papel más directo en el apoyo material a Ucrania. Es el caso de Rheinmetall Expal, uno de los principales fabricantes de munición en España, cuya producción de proyectiles de artillería y mortero resulta clave en el contexto del conflicto. También de Santa Bárbara Sistemas, vinculada al mantenimiento y puesta a punto de los carros de combate Leopard enviados por España, lo que la sitúa dentro del esfuerzo industrial asociado al apoyo militar a Kiev.

En el ámbito de la movilidad táctica, firmas como Urovesa, fabricante de vehículos militares como el VAMTAC, han estado presentes en el ecosistema industrial que ha mantenido contactos con Ucrania, aunque sin que haya trascendido una implicación directa comparable a otros casos.

De la dispersión al marco estructurado

El mapa que dibujan estos casos es el de una relación en construcción antes de la intervención directa del Gobierno. Proyectos concretos, contactos empresariales y aproximaciones sectoriales que, sin una coordinación general, habían ido acercando a la industria española a Ucrania.

El presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, junto con el mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski, en el museo Reina Sofía de Madrid. (X / @sanchezcastejon)

El acuerdo anunciado por Sánchez y Zelenski introduce un cambio de escala. No parte de cero, pero sí reorganiza ese conjunto de iniciativas bajo un marco político e industrial más amplio. La coproducción de drones, sistemas de guiado o capacidades vinculadas a misiles se apoya en esa base previa, pero la amplía y la dota de continuidad.

El grado de implicación, en todo caso, ha sido desigual. Mientras algunos proyectos, como el de los blindados, han avanzado hacia fórmulas de producción compartida, otras empresas han centrado su papel en el suministro de material o en la exploración de posibles colaboraciones.

Las empresas que ya habían iniciado ese camino se encuentran ahora en una posición ventajosa. Han establecido relaciones, conocen el entorno y, en algunos casos, han ensayado modelos de colaboración que el nuevo acuerdo permite extender. El salto no reside en el inicio de la relación, sino en su transformación en un esquema estructurado y respaldado institucionalmente.

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