Durante décadas se ha pensado que los depredadores por excelencia del océano vivían aislados, guiados únicamente por la caza y la supervivencia. La imagen del tiburón nadando solo, acechando a su presa en silencio y alejándose ante cualquier compañía. Sin embargo, un estudio realizado en Fiyi y publicado en la revista científica Frontiers ha revelado que algunos de estos animales muestran comportamientos mucho más complejos, llegando a establecer vínculos emocionales con algunos individuos.
“Al contrario de lo que se suele creer sobre estos animales, nuestro estudio demuestra que tienen una vida social rica y compleja”, afirma Darren Croft, del Centro de Investigación sobre el Comportamiento Animal de Exeter a National Geographic.
Para entender estas dinámicas, los investigadores llevaron a cabo un seguimiento de seis años en la Shark Reef Marine Reserve, un espacio protegido donde las corrientes marinas concentran a numerosos depredadores. Durante este periodo, este estudio monitorizó a 184 ejemplares de una especie concreta. Cada individuo fue identificado gracias a cicatrices y marcas corporales. Algunos alcanzaban los 3,5 metros de longitud y los 200 kg de peso.
La observación continuada demostró que estos animales no solo se cruzan por coincidencia, sino que muestran preferencias activas a la hora de relacionarse con ciertos compañeros. Se trata del tiburón toro (Carcharhinus leucas), uno de los cinco grandes vinculado a una gran mortalidad en humanos.
A partir de patrones de proximidad, seguimiento en paralelo y otras interacciones, los científicos pudieron diferenciar entre encuentros casuales y relaciones recurrentes. “Los patrones de asociación no son únicamente artefactos del solapamiento espacio-temporal, sino que se atribuyen a preferencias sociales activas”, ha indicado el estudio.
Cómo es la vida social de los tiburones
Los resultados muestran que los adultos ocupan el núcleo de la red social dentro de la población, mientras que los subadultos y los individuos de edad avanzada presentan comportamientos diferentes. Los subadultos suelen habitar en zonas costeras o estuarios, donde la prioridad es evitar depredadores, incluidos los adultos. Por su parte, los ejemplares mayores tienden a ser menos sociales.
Tanto machos como hembras prefieren relacionarse con hembras, aunque la red social de los machos suele ser más amplia. “Sus ganancias potenciales de estar más integrados socialmente son mayores. Por ejemplo, si se encuentran en un grupo numeroso, es menos probable que tengan confrontaciones agresivas con individuos más grandes”, ha explicado Natasha D. Marosi, autora principal del estudio y miembro fundador de Fiji Shark Lab.
Algunos subadultos más atrevidos lograron integrarse en la red social a través de vínculos con adultos, lo que sugiere la existencia de facilitadores que promueven el aprendizaje social y la integración dentro del grupo.
Según Croft, estas interacciones aportan ventajas adaptativas, como aprendizaje de nuevas habilidades, acceso a alimento y parejas, y reducción de conflictos. En otras palabras, formar parte de un grupo estable puede mejorar la supervivencia y la eficiencia de estos depredadores.
Sin embargo, Juerg Brunnschweiler, investigador suizo especializado en tiburones y diseñador del modelo de estudio, advierte que no se debe antropomorfizar su comportamiento. “La amistad es una relación de afecto mutuo entre personas. No animales. Sería antropomórfico hablar de amistades aquí”, ha señalado.
Además, señala que factores externos como la presencia de turistas, la alimentación artificial y la agregación espacial pueden influir en la formación de estos grupos, por lo que los resultados deben interpretarse con cautela. “Estamos apenas empezando a comprender realmente la vida social de muchas especies de tiburones, y cada descubrimiento nos acerca a una visión más completa de su comportamiento bajo el agua”, ha concluido Croft.