Practicar deporte no solo transforma el cuerpo, sino que también fortalece la salud mental y favorece el equilibrio emocional. Fernando Azor Lafarga, psicólogo clínico, explica que el deporte y psicoterapia son dos aliados perfectos para mejorar la salud emocional. “Las personas que evolucionan más rápidamente en psicoterapia son aquellas que están, además, haciendo ejercicio de manera regular”, asegura a través de la cuenta de TikTok de su clínica (@azorfernando).
El psicólogo se reafirma citando un estudio de la Asociación de Psiquiatría Europea que confirma que “las personas que hacen un ejercicio moderado de no menos de ciento cincuenta minutos a la semana consiguen una evolución muchísimo más rápida en psicoterapia, en comparación con las personas que no lo están haciendo”.
Azón asegura que este estudio “no hace más que constatar lo que vemos todos los días en consulta y lo que dice es que si quieres conseguir los resultados rápidamente en psicoterapia, es muy importante que no sea solamente ir al psicólogo, sino que actúes y actives un montón de resortes que puedas tener alrededor tuyo para hacer más actividad y conseguir que tanto deporte como psicología trabajen juntos.”
Además de acelerar el progreso en psicoterapia, la práctica regular de actividad física genera efectos inmediatos sobre el bienestar. El neuropsicólogo Ibai Arregui, del Hospital Universitari General de Catalunya, ha explicado en un artículo en la web de Quirón Salud que la relación entre deporte y salud mental resulta esencial. Según Arregui, la mente depende del cuerpo para funcionar plenamente, y cuidar el organismo mediante el ejercicio físico impacta tanto a corto como a largo plazo sobre el estado emocional.
En el ámbito inmediato, la mejora del ánimo es uno de los efectos más notorios de la actividad física habitual, debido a la liberación de endorfinas, conocidas como la “hormona de la felicidad”, que bloquean el dolor y producen emociones placenteras. Otro beneficio directo consiste en la reducción de los niveles de cortisol, la hormona que el cuerpo produce ante el estrés y que puede alterar el metabolismo celular si se mantiene elevada. El ejercicio también propicia una sensación de logro tras la actividad física, reforzando la motivación y la autoestima.
De cara al futuro, el impacto del deporte sobre la mente se traduce en cambios estructurales en el cerebro, principalmente en áreas ligadas a la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional. Según Arregui, el ejercicio regular contribuye a prevenir trastornos como la ansiedad y la depresión, y potencia la capacidad para gestionar adversidades, es decir, actúa sobre la resiliencia. También se ha comprobado que mejora la calidad del sueño, lo que resulta fundamental para mantener el equilibrio mental. “Las personas que incorporan actividad física a su rutina pueden experimentar un sueño más profundo y reparador”, ha afirmado Arregui.
Opciones accesibles y recomendaciones para integrar el deporte en la rutina diaria
Adoptar hábitos de actividad física en la vida cotidiana no requiere grandes sacrificios. Según los expertos citados, introducir cambios tan sencillos como caminar 30 minutos al día puede suponer una diferencia destacable en el bienestar general. La clave reside en elegir actividades que resulten agradables, lo que incrementa las posibilidades de mantener la constancia y aprovechar los beneficios tanto físicos como mentales.
Las posibilidades son variadas. Prácticas como pilates o yoga combinan el movimiento del cuerpo con la atención a la respiración, una estrategia que ayuda a encontrar la calma y a reducir el efecto de las respuestas biológicas al estrés. Las actividades aeróbicas, entre las que se encuentra el hecho de correr o caminar, estimulan neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo, como la serotonina y la dopamina. Otros deportes, como bailar, favorecen la creatividad y el sentido de pertenencia, mientras que el trabajo en equipo en disciplinas colectivas refuerza las relaciones sociales y la autoestima. Recorridos en bicicleta permiten disfrutar del entorno y reducir el estrés, y la natación contribuye a mejorar la resistencia cardiovascular y favorece la coordinación y la flexibilidad.