De viaje a la isla más aislada del mundo: menos 300 habitantes, 13 días de viaje en barco y rodeada de 2.000 km de mar

Solo hay 8 barcos que salen desde Sudáfrica a Tristán de Acuña al año, por lo que se prioriza su acceso a residentes, personal médico y funcionarios

Isla de Tristán de Acuña. (Instagram)

Con menos de 300 habitantes, Tristán de Acuña es reconocida como la isla habitada más aislada del planeta. Situada en mitad del Atlántico Sur, a más de 2.000 kilómetros de cualquier otro lugar habitado, su único asentamiento es Edimburgo de los Siete Mares, donde viven poco más de 250 personas.

“Después de 13 días de navegación, acabamos de llegar a la isla habitada más remota del mundo”, relató Rama Jutglar, en un vídeo se su canal de YouTube Ramilla de Aventura, al conseguir finalmente pisar este trozo de tierra en mitad de la nada.

Llegar a la isla no es sencillo. No tiene aeropuerto y solo se puede acceder por mar desde Ciudad del Cabo, (Sudáfrica). El viaje dura al menos una semana y puede prolongarse hasta dos según el estado del mar. Solo ocho barcos realizan esta travesía al año, y la lista de pasajeros prioriza a residentes, personal médico y funcionarios. Los turistas, por su parte, ocupan el último puesto. “Durante los últimos dos años he estado escribiéndoles cada tres o cuatro meses y siempre me dicen que los próximos barcos ya están llenos”, confesó Jutglar sobre su intento de planificar el viaje.

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Ubicación de Tristán de Acuña. (Instagram)

El pueblo más aislado del mundo: seis apellidos para toda la isla

A pesar de su pequeño tamaño, Edimburgo de los Siete Mares cuenta con lo esencial: una tienda, un pub, un campo de fútbol, una piscina municipal, una escuela, un centro médico y dos iglesias, una católica y otra anglicana. No obstante, no hay hoteles, restaurantes ni cajeros automáticos con datáfono; solo se acepta efectivo, aunque también valen dólares, euros o rands sudafricanos para los visitantes. “El aislamiento y un fuerte instinto de supervivencia han moldeado todos los aspectos de la vida aquí”, describió el periodista Nick Schönfeld en un reportaje para la BBC.

Tanto es así que el aislamiento ha dejado una curiosa huella demográfica. Solo existen seis apellidos principales: Lavarello, Repetto, Rogers, Swain, Green y Glass, todos descendientes de los primeros colonos que se asentaron a principios del siglo XIX. En el cementerio del pueblo, estos nombres se repiten lápida tras lápida.

Tristán de Acuña fue descubierta en 1506 por el navegante portugués Tristão da Cunha, aunque no se estableció de forma permanente hasta el siglo XIX. Hoy, la isla pertenece a Inglaterra y su idioma oficial es el inglés.

Iglesia de San José en Tristán da Cunha (Flickr.com/ultrapanavision)

Vida cotidiana y autosuficiencia

Cada familia cultiva sus propias patatas en parcelas conocidas como potato patches, además de mantener gallinas y una vaca. La pesca también forma parte de la rutina diaria. Es más, allí, muchas cosas son gratis, como la carne o el pescado o el agua.

Los suministros llegan desde Sudáfrica aproximadamente cada dos meses, y los productos perecederos se conservan en grandes cámaras frigoríficas. Cuando un barco se retrasa, la espera puede alargarse semanas: “El barco que tenía que llegar en marzo no salió por problemas mecánicos, y el próximo se espera para mayo”, dijo Jutglar.

Incluso, el acceso a internet de alta velocidad llegó hace apenas uno o dos años a través de Starlink, cambiando la relación de los isleños con el exterior y el entretenimiento digital.

Cartel de bienvenida en Edimburgo de los Siete Mares

Dos años de exilio

El principal producto de exportación es la Tristan Lobster, una langosta de agua fría que se captura y congela para vender en el exterior. Este producto genera hasta el 70% de los ingresos de la isla.

Además, en 1961, un volcán cercano al pueblo entró en erupción, obligando a evacuar a todos los residentes. Primero se refugiaron en los campos de patatas y luego en la isla vecina de Nightingale, hasta que un crucero holandés los trasladó a Ciudad del Cabo y después a Reino Unido. Tras casi dos años de exilio, la mayoría decidió regresar, y solo una docena se quedó en el Reino Unido. “Fue emocionante porque veíamos cosas nuevas, coches, caras desconocidas, cosas que nunca habíamos visto en la isla”, recuerda una de las mujeres que vivió la evacuación siendo niña.

Edimburgo de los Siete Mares

Quedarse, una decisión consciente

La vida en Tristán de Acuña transcurre al ritmo de la comunidad: trabajo en los huertos, pesca, cuidado de animales, partidos de fútbol y celebraciones locales. “Es la paz y la tranquilidad. Aquí es más fácil”, comenta una joven residente desde el único pub del pueblo.

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