La vivienda se come el sueldo: los más pobres y los jóvenes destinan más del 36% de su renta a pagar casa, luz y agua

Alquileres, suministros e hipotecas tensionan los hogares desde 2019, con picos de sobreesfuerzo entre los más vulnerables

Construcción de varios bloques de viviendas en Madrid. (Eduardo Parra / Europa Press)

Los gastos relacionados con la vivienda han tensionado los presupuestos familiares en los últimos años, con especial impacto sobre los hogares con menos ingresos, menor estabilidad laboral y entre los jóvenes que viven solos. Así lo recoge un estudio publicado este miércoles por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), que analiza cómo ha evolucionado el esfuerzo residencial en España entre 2019 y 2024.

El informe, elaborado por Fernando Pinto, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, utiliza microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE) para medir qué porcentaje de la renta disponible destinan los hogares a pagar vivienda: alquiler o hipoteca bruta, suministros, comunidad, seguros e impuestos. El diagnóstico es claro: la presión va en aumento y no afecta a todos por igual.

El gasto residencial medio mensual por hogar aumentó un 13% en el periodo analizado, al pasar de 610 euros en 2019 a 690 euros en 2024. El mayor incremento se produjo en los suministros como electricidad, gas, agua o calefacción, con una subida superior al 25%. Los alquileres crecieron un 15% de media y las cuotas hipotecarias brutas un 12,5%.

Read more!
Los altos precios del alquiler empujan a la compra precipitada de vivienda (para quien pueda): “No hay opción porque no hay oferta”

Desde 2022, el encarecimiento de las hipotecas se ha visto impulsado por el endurecimiento de las condiciones financieras tras el giro restrictivo de la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE). “En muchos casos, el coste residencial ha crecido por encima de la renta disponible, intensificando la presión sobre los presupuestos familiares”, explica el autor del estudio.

El informe subraya que estos incrementos reflejan el promedio de toda la población, no solo de los nuevos contratos de alquiler o compra, que suelen registrar subidas aún mayores y concentran buena parte del debate público.

Alquilar cuesta más

Por régimen de tenencia, los hogares en alquiler soportan el mayor esfuerzo medio: destinan el 33,5% de su renta a la vivienda. Les siguen los propietarios con hipoteca, con un 30,7%. En cambio, los propietarios sin deuda presentan un esfuerzo notablemente menor (17,3%), aunque no inexistente, debido al peso creciente de los suministros y otros gastos corrientes.

El estudio insiste en que el esfuerzo mide presión mensual, no bienestar a largo plazo. En el caso de la hipoteca, parte del pago supone acumulación de patrimonio, algo que no ocurre con el alquiler. Sin embargo, desde el punto de vista del flujo de caja mensual, ambos suponen una carga significativa.

Los hogares situados en el primer quintil de renta destinan de media el 36,2% de sus ingresos a la vivienda. En el quintil superior, ese porcentaje cae hasta el 13,6%. Cuando se analiza el “sobreesfuerzo” —definido como dedicar más del 40% de la renta a la vivienda— las diferencias son aún más contundentes: afecta al 17,3% de los hogares más pobres, frente a solo el 1,2% de los más ricos.

La vivienda actúa así como un gasto rígido que amplifica las desigualdades preexistentes y reduce el margen de maniobra en los tramos bajos de renta, según el informe.

Jóvenes y hogares con empleo precario, los más expuestos

Entre los hogares con baja intensidad laboral —aquellos donde se trabaja poco a lo largo del año— el sobreesfuerzo alcanza el 18,9%. En los hogares con alta intensidad laboral, la cifra se reduce al 7,4%.

Los hogares unipersonales jóvenes presentan también niveles elevados de presión. La combinación de salarios más bajos, dependencia del alquiler y ausencia de economías de escala incrementa su exposición a la tensión residencial.

Quienes compraron su vivienda entre 2019 y 2024 destinan de media el 34,1% de su renta al pago residencial. El porcentaje baja al 28,6% entre quienes adquirieron entre 2012 y 2018, y al 23,8% entre los que compraron antes de 2011.

La combinación de precios de compra elevados y el aumento reciente de los tipos de interés explica esta mayor presión sobre los compradores más recientes.

El informe concluye que el esfuerzo residencial se ha consolidado como uno de los principales factores de tensión económica en España. Más allá de las cifras agregadas, los datos dibujan un patrón claro: la vivienda pesa más cuanto menor es la renta, más inestable es el empleo y más reciente es el acceso al mercado inmobiliario.

Read more!