Las 6 señales que indican que tu hijo debe ir al logopeda, según una experta

La ayuda de profesionales en el desarrollo del lenguaje “puede marcar la diferencia en la forma en la que un niño se comunica”, advierte la especialista

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Una logopeda ayuda a un niño. (Canva)

Aprender a hablar no es solo un paso vital en el desarrollo de un niño, también puede ser un indicador de su salud y evolución. Durante los primeros años de vida, los más pequeños van adquiriendo habilidades para comunicarse e interactuar con su entorno, que les permiten expresar sus necesidades y construir relaciones con los demás.

Pero estos procesos no siempre salen como deberían y, en más casos de los que se piensa, los niños necesitan un pequeño empujón de un profesional para conseguir solucionarlo. Según estimaciones del Colegio Profesional de Logopedas de Galicia, cuatro de cada cinco personas necesitará acudir a un logopeda en algún momento de su vida.

Estos profesionales se ocupan de prevenir y tratar alteraciones que afectan a la comunicación, el habla, el lenguaje y la voz, pero también de problemas de audición y deglución. Aunque atienden tanto adultos como menores, suelen intervenir en la infancia, después de que tutores, familiares o profesores detecten algún problema en el niño, pero a veces estas situaciones pueden pasar desapercibidas o infravalorarse.

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“El lenguaje no es solo hablar bien o pronunciar correctamente. Es la herramienta que permite al niño relacionarse y sentirse seguro en su entorno”, explica la logopeda Karen Núñez en un comunicado de Sanitas. La especialista insiste en la importancia de detectar pronto estas situaciones, “porque cuanto antes se interviene, más sencillo resulta reconducir la situación”.

Señales para ir al logopeda

Una logopeda practica el sonido 'A' con un niño. (Canva)

En ese sentido, Núñez ha expuesto algunos comportamientos y actitudes que pueden indicar la necesidad de acudir a un profesional de la logopedia. Estas señales pueden aparecer tan pronto como en el primer año de vida, pues, según explica, los bebés ya se comunican en estos primeros instantes. El balbuceo, el contacto visual, los gestos para pedir algo o simplemente que reaccionen a su nombre son formas que encuentra para entenderse con el entorno. Si estas no aparecen o son escasas, el logopeda podría ser aconsejable para " realizar una valoración y orientar a la familia".

Poco después, en torno a los dos años, si el niño apenas combina palabras o su vocabulario es muy limitado, puede existir un desfase en la adquisición del lenguaje. “Aunque cada menor tiene su propio ritmo, cuando la diferencia con otros niños de su edad es notable y se prolonga en el tiempo, conviene analizarlo”, dice Núñez.

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En estos primeros años, es frecuente que se produzcan algunos errores al hablar, especialmente con algunos fonemas. Si se corrigen de forma progresiva, no hay problema, pero si se prolongan en el tiempo y dificultan que otras personas entiendan al niño, puede provocarle inseguridades o retraimiento.

La necesidad de un logopeda también puede mostrarse con problemas de comprensión. No responder a instrucciones sencillas o parecer desconectado a mensajes habituales implica que el niño no procesa adecuadamente el lenguaje y que podría beneficiarse de ayuda profesional. “A veces se interpreta como falta de atención, pero en realidad existe una dificultad en la comprensión verbal”, asegura la especialista.

Tartamudeos o bloqueos al hablar son también otro síntoma frecuente que requiere atención por parte de los padres, especialmente si se vuelven frecuentes y van acompañados de tensión, ansiedad o evitación. Las dificultades para leer pueden ser otro indicador. Según la especialista, los errores continuos al asociar sonidos y letras o problemas para estructurar frases están relacionados con alteraciones del lenguaje.

Pero el desarrollo del habla no depende únicamente del lenguaje. Factores como la mordida, la posición de los dientes, la movilidad de la lengua o hábitos como chuparse el dedo también pueden afectar a la pronunciación y provocar problemas de deglución.

“La intervención logopédica temprana no busca etiquetar, sino acompañar el desarrollo. Acudir al logopeda no implica necesariamente la existencia de un trastorno. En la mayoría de los casos se trata de retrasos evolutivos que mejoran con estimulación adecuada y orientación familiar. Una intervención precoz e individualizada puede marcar la diferencia en la forma en la que un niño se comunica, aprende y se relaciona con su entorno”, concluye Núñez.