Cuando Mariano Barbacid y su equipo del CNIO, financiados por la Fundación CRIS Contra el Cáncer, anunciaron la eliminación del cáncer de páncreas en ratones, los medios de todo el mundo iniciaron una campaña para dar a conocer el suceso. El hallazgo de Barbacid es un paso muy importante en la investigación del cáncer más letal, pero es, de momento, solo eso: un paso.
Desde la comunicación inicial de los resultados de la investigación hasta hoy, se han podido leer todo tipo de titulares. Por ejemplo, en programas de éxito como El Hormiguero que, en su rótulo de la entrevista a Barbacid subida a YouTube, expresan “La cura contra el cáncer de páncreas. ¡Descubrimiento histórico!“ Sin embargo, la traslación de este estudio realizado en ratones modificados genéticamente a su aplicación en pacientes (suponiendo que se superaran las fases 1, 2 y 3 de los ensayos clínicos) tardaría, mínimo, unos diez años.
Entre tanto, alejados del ruido de los focos y los micrófonos, los pacientes de cáncer de páncreas han recibido la noticia “con una mezcla de ilusión y necesidad de claridad”. Así lo asegura Lara Acero, presidenta de la Asociación Cáncer de Páncreas (Acanpan), en una entrevista con Infobae. “Muchas personas se han puesto en contacto con nosotros para entender mejor qué significa este estudio y si tiene implicaciones inmediatas para su tratamiento”, asegura.
Ante el bombardeo informativo, desde Acanpanhan explicado a pacientes y familiares que los resultados, publicados en la prestigiosa revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), responden únicamente y de momento a ratones modificados genéticamente y que, por tanto, “todavía no existe una aplicación clínica directa”.
Pese a que la presidenta de la Acanpan no tiene constancia de pacientes que hayan acudido a las puertas del CNIO para hablar con Barbacid, sí que han recibido varias consultas de personas enfermas que piden más información al respecto. Tanto pacientes como familiares se han interesado en conocer mejor el alcance del estudio, cuyas preguntas “estaban relacionadas con si podían beneficiarse ahora mismo, si existían ensayos clínicos abiertos o cuándo podría estar disponible un tratamiento basado en estos resultados”. No obstante, desde la Asociación no lo consideran negativo, puesto que “refleja la necesidad urgente de respuestas que viven los pacientes y sus familias”.
El cáncer de páncreas, el más letal
La comunicación del cáncer de páncreas y su exposición en medios es siempre positiva, entiende Acero, puesto que durante años ha sido un tumor con poca visibilidad pública pese a ser el más letal. El 90 % de quienes lo sufren no sobrevive. Esta cifra se explica, en parte, porque la mitad de los pacientes ya tiene metástasis en el momento del diagnóstico puesto que los síntomas son muy vagos e inespecíficos.
En 2026, unas 10.405 personas serán diagnosticadas de cáncer de páncreas en España, según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) En España, el cáncer de páncreas es el séptimo más frecuentemente diagnosticado. Además, su incidencia se ha duplicado en los últimos 25 años. Estos datos responden a un envejecimiento de la población, ya que las personas mayores de 60 años son el grupo de mayor riesgo. No obstante, el oncólogo señala una tendencia al alza de los casos en adultos jóvenes.
Entre la esperanza y la cautela
Ante esta panorama tan gris, la propia Acanpanexplicó a sus pacientes y familiares socios su voluntad de transmitir un mensaje de “esperanza, pero también cautela”. Aunque aseguran que se trata de una gran noticia para toda la comunidad científica y para quienes sufren la enfermedad, recuerdan que los resultados aún son en ratones, que se requieren muchas etapas para llegar a la práctica clínica y que todavía no se pueden establecer unos plazos concretos.
No se trata de señalar culpas, pues en ocasiones y de forma natural se genera un efecto “bola de nieve” por el cual las redes sociales simplifican el mensaje y se pierden los matices de la investigación. “Es importante recordar que estamos ante un avance relevante en investigación básica, pero que aún no ha comenzado su fase clínica”, recuerda Lara Acero. El rigor en la comunicación no está reñido con la esperanza, puesto que este permite construir expectativas realistas. “La esperanza es necesaria y legítima, pero debe apoyarse en el momento real en el que se encuentra la ciencia”, concluye.