Superar una ruptura sentimental no es solo una cuestión de tiempo; es, sobre todo, una cuestión de límites. La mayoría de los expertos coinciden en que el llamado “contacto cero” (eliminar cualquier tipo de comunicación con la expareja) es la estrategia más eficaz para cerrar heridas y evitar recaídas emocionales.
Sin embargo, no siempre se puede bloquear y “borrar de la vida” a una persona. Hay quienes comparten oficina con su expareja, coinciden en el mismo grupo de amigos o viven en el mismo barrio, donde cruzarse en el supermercado es prácticamente inevitable. En esos casos, el contacto cero absoluto deja de ser una opción viable.
En estos casos todavía existen estrategias que pueden llevarse a cabo con el objetivo de protegerse sin generar conflictos añadidos y mantener una distancia, que, aunque no será física, sí será emocional. Para estas situaciones, la psicóloga Silvia Severino (@silviaseverinopsico en TikTok) propone una técnica que apuesta por la neutralidad: el método de la piedra gris.
El método de la piedra gris: tres pasos
“El método se utiliza cuando tienes que seguir en contacto con una persona que te manipula o te desestabiliza”, señala la psicóloga en uno de sus vídeos. En rupturas conflictivas, especialmente cuando una de las partes mantiene dinámicas de control, reproche o provocación, la reacción emocional suele ser el combustible que alimenta el vínculo tóxico. El enfado, las explicaciones extensas o la necesidad de justificarse prolongan el enganche.
La clave del método no está en la frialdad agresiva ni en el desprecio, sino en la neutralidad estratégica. “Consiste en volverse emocionalmente neutral sin explicaciones, sin reacciones, sin drama”, resume Severino. No se trata de ganar una discusión ni de demostrar nada, sino de retirar la energía que sostiene el conflicto.
Parar llevarlo a cabo, la experta apunta tres pasos: “Primero, reduce el contacto al mínimo. Habla solo cuando sea necesario”. Esto implica limitar las conversaciones a cuestiones estrictamente imprescindibles: asuntos laborales, temas logísticos o responsabilidades compartidas. Nada de conversaciones sobre el pasado, ni debates emocionales pendientes. Cuanto menos espacio haya para la ambigüedad, menor será la posibilidad de caer en provocaciones.
El segundo paso tiene que ver con la forma de comunicarse. “Responde corto y objetivo. Frases breves sin justificación”. Aquí el objetivo es evitar la sobreexplicación: cuando alguien busca reactivar el conflicto, suele hacerlo a través de preguntas cargadas, reproches indirectos o insinuaciones. Responder con mensajes simples (como “De acuerdo”, “Lo reviso mañana” o “No puedo”) corta el conflicto antes de que escale.
La brevedad no es descortesía, sino autoprotección. Al no ofrecer detalles ni argumentos extensos, se elimina el terreno donde suele instalarse la manipulación. No hay material para reinterpretar las palabras.
El tercer paso es quizá el más complejo: “Comunícate sin emoción. Mantén la calma. No discutas ni te defiendas”. En este punto, el trabajo es interno. Mantener un tono neutro, una expresión serena y evitar entrar en provocaciones requiere autocontrol. La tentación de defenderse o aclarar malentendidos es fuerte, especialmente cuando uno siente que su versión no ha sido escuchada.
Sin embargo, el método funciona porque “cuando no hay reacción, se termina el control de esa persona hacia ti”. Muchas dinámicas de manipulación se sostienen precisamente en la respuesta emocional del otro. Si no hay enfado, lágrimas o discusiones, el incentivo desaparece.
Aplicar la piedra gris no significa negar las emociones propias, sino gestionarlas fuera del foco de quien las utiliza para desestabilizar. La tristeza, la rabia o la frustración deben procesarse en espacios seguros: con amigos, familiares o en terapia, pero no en el terreno donde se produce el desgaste.