En el amplio y variado universo de las frutas, existe una que comparte nombre con un antiguo reino nazarí, que es originaria de Persia y que se introdujo en la Península Ibérica por los árabes. El intenso color rubí y su sabor ligeramente ácido de la granada una de las frutas más singulares.
Bajo su corteza gruesa y coriácea, la granada guarda cientos de pequeños granos brillantes que no solo resultan atractivos a la vista, sino que encierran un notable valor nutricional. Los informes de la Fundación Española de Nutrición (FEN) destacan que la granada aporta apenas 34 kilocalorías por cada 100 gramos, una cifra modesta que la posiciona como una alternativa idónea para quienes buscan mantener una dieta equilibrada sin prescindir del sabor. Su elevado contenido en agua y su capacidad saciante refuerzan esta cualidad, convirtiéndola en una opción recomendable en planes de control de peso o como tentempié saludable entre horas.
La granada, fuente de potasio y vitamina C
En el plano mineral, la granada destaca especialmente por su contenido en potasio. Este nutriente desempeña un papel esencial en el funcionamiento adecuado del sistema nervioso y muscular, además de contribuir al mantenimiento de una presión arterial normal. Su presencia resulta particularmente relevante para personas activas o deportistas, que requieren un correcto equilibrio electrolítico y una hidratación celular adecuada para optimizar su rendimiento y recuperación.
En cuanto a las vitaminas, si bien su aporte de vitamina C no alcanza los niveles de frutas como la naranja o el kiwi, la granada compensa esta diferencia con la presencia de ácido cítrico. Este compuesto no solo es responsable de su característico matiz ácido, sino que también potencia la acción antioxidante de la propia vitamina C. A ello se suman vitaminas del grupo B, fundamentales para el metabolismo energético y para el correcto funcionamiento del sistema nervioso, elementos clave en el mantenimiento del bienestar general.
Una fruta rica en antioxidantes que previene el envejecimiento
No obstante, lo que verdaderamente distingue a la granada en el panorama nutricional son sus compuestos bioactivos, explica la FEN. Entre ellos sobresalen los polifenoles y flavonoides, sustancias que han despertado un creciente interés científico por su posible papel en la prevención del envejecimiento celular y de diversas enfermedades crónicas. Los taninos, un tipo de polifenoles presentes principalmente en la corteza y en las membranas internas, son responsables de la ligera sensación áspera que deja la fruta en la boca. Aunque estas partes no se consumen en grandes cantidades, su mera presencia evidencia el potente perfil antioxidante del fruto.
Asimismo, esta fruta contiene flavonoides como las antocianinas que le otorgan su intenso color rojo y que, según la FEN, contribuyen de forma significativa a sus propiedades protectoras. Estos pigmentos naturales ayudan a neutralizar los radicales libres, reduciendo el daño oxidativo asociado al envejecimiento y a patologías cardiovasculares o degenerativas. Algunas investigaciones sugieren, además, que el consumo regular de granada podría favorecer la salud del corazón, mejorar la circulación sanguínea y contribuir al control del colesterol LDL, conocido popularmente como “colesterol malo”.