La fragmentación económica y el aumento de los riesgos geopolíticos han redefinido el panorama financiero internacional y europeo en los últimos años, según el último informe del Banco Central Europeo (BCE) y la Junta Europea de Riesgo Sistémico (ESRB). El documento alerta sobre el impacto de las tensiones comerciales, la divergencia regulatoria y la escalada de conflictos en la estabilidad del sistema financiero, especialmenete en el caso de la Unión Europea.
El mundo de la política internacional ha arrancado el año con una marcada tensión a consecuencia de noticias como la intervención estadounidense en Venezuela, las tentativas de Trump contra la autonomía territorial de Groenlandia o las protestas en Irán, que se suman a un panorama ya inestable por conflictos como los de Ucrania o Palestina. El impacto de estas crisis ha afectado a prácticamente todos los aspectos de las relaciones internacionales, incluyendo el plano económico.
Durante 2024 y 2025, los indicadores de incertidumbre en políticas económicas y comerciales alcanzaron máximos históricos, impulsados por un incremento del 27% en las disputas ante la Organización Mundial del Comercio respecto a la década anterior. El informe subraya que la proliferación de barreras comerciales y la fragmentación de los mercados han intensificado la vulnerabilidad del entorno financiero, erosionando la predictibilidad para autoridades y entidades del sector.
El canal financiero actúa como la vía principal de transmisión de estos riesgos. El BCE y la ESRB explican que los shocks geopolíticos tienden a endurecer las condiciones de financiación, elevar las primas de riesgo y generar episodios de estrés en los mercados. Las estimaciones de crecimiento en los escenarios de riesgo más severos (Growth-at-Risk) revelan que la inclusión de indicadores geopolíticos tiende a reducir las previsiones de crecimiento del PIB en uno a dos puntos porcentuales respecto a modelos que no los contemplan. Además, los episodios de mayor incertidumbre provocan restricciones en los préstamos y un endurecimiento de las condiciones crediticias.
Las inversiones se quedan en los mercados nacionales
Para ajustar su comportamiento ante esta situación, tanto bancos como entidades no bancarias han reducido el flujo de crédito, especialmente en operaciones transfronterizas, tras episodios como la invasión rusa de Ucrania en 2022. El informe detalla que los bancos de la eurozona con menor capital disponible o amplias exposiciones a países de alto riesgo disminuyeron la probabilidad de establecer nuevas relaciones crediticias en un 6% y el monto medio de los préstamos en un 9%. La reorientación de carteras hacia activos domésticos, en detrimento de la diversificación internacional, ha sido marcada: las exposiciones al extranjero cayeron un 17% para fondos de inversión, fondos de pensiones y aseguradoras, frente a una reducción del 7% en los activos locales.
El impacto en los mercados financieros europeos se ha traducido en picos de volatilidad y alteraciones en segmentos como bonos, acciones, materias primas y divisas. Durante eventos como la pandemia de COVID-19 o el inicio del conflicto en Ucrania, los flujos de capital y la correlación entre activos se vieron afectados de manera abrupta. El análisis del BCE muestra que los anuncios de política comercial en Estados Unidos, como la imposición de aranceles, no solo repercuten en las bolsas y el dólar, sino que también provocan caídas inmediatas en los mercados accionarios de la eurozona.
Los países más abiertos sufren más los ‘shocks’
La exposición al riesgo geopolítico varía considerablemente entre los países de la UE, según el informe, con las economías más abiertas al comercio internacional o con mayores niveles de endeudamiento público como las más vulnerables frente a shocks externos. Bélgica, Italia, Países Bajos o Grecia figuran como las naciones más expuestas, mientras el extremo opuesto de la tabla lo ocupan Alemania, Francia, Portugal, Eslovenia, Eslovaquia o Austria. El BCE identifica que esta heterogeneidad puede amplificar las pérdidas económicas y el estrés financiero, sobre todo en un contexto de menor integración financiera y sincronización de los ciclos económicos entre Estados miembros.
El informe señala, además, la existencia de brechas en la disponibilidad y comparabilidad de indicadores geopolíticos fiables, lo que dificulta la anticipación y gestión de nuevos focos de riesgo. El BCE y la ESRB advierten que la rápida aparición de amenazas como la fragmentación digital, los ciberataques y los cambios en la regulación climática complejizan el panorama. Entre las recomendaciones figura el desarrollo de bases de datos armonizadas y la incorporación de análisis de escenarios específicos para fortalecer la capacidad de respuesta ante futuras crisis.