Las precipitaciones y las bajas temperaturas que caracterizan el invierno generan a menudo un escenario habitual para muchos conductores en España: encontrarse el parabrisas del coche cubierto de hielo al ir a recogerlo tras una noche al aire libre.
Ante la premura de la rutina diaria, este contratiempo no solo retrasa la salida, sino que puede suponer, además, un riesgo para la seguridad vial. Sin embargo, existen una serie de recomendaciones prácticas, orientadas a facilitar el proceso de eliminación del hielo y a prevenir daños tanto personales como en el propio vehículo.
Al enfrentarse a un parabrisas congelado, la paciencia y la precaución resultan fundamentales. Nunca se debe intentar conducir con el cristal cubierto de hielo, ya que la visibilidad estaría seriamente comprometida y podría derivar en accidentes y otros incidentes en la carretera.
Por ello, el primer paso recomendado es encender el coche y activar la calefacción, dirigiendo el flujo de aire caliente directamente sobre el parabrisas. Además, se aconseja poner en funcionamiento la luneta térmica para agilizar el proceso de descongelación. Es importante no utilizar este método en espacios cerrados, como garajes, debido al peligro de intoxicación por monóxido de carbono.
Opciones para descongelar y medidas a evitar
La falta de herramientas específicas puede solventarse con ingenio: usar una tarjeta de plástico no esencial —por ejemplo, tarjetas de descuentos o de puntos de gasolinera— puede ayudar a rascar el hielo sin riesgo de dañar el cristal, evitando así recurrir al carné de conducir o a la tarjeta bancaria, que podrían romperse.
Para aquellos que prefieren soluciones caseras, es recomendable preparar una mezcla de agua y vinagre blanco, o bien de agua y alcohol, que puede aplicarse sobre el parabrisas para facilitar la eliminación del hielo. Cuando el coche está estacionado cerca de casa, una alternativa consiste en calentar una bolsa de arroz en el microondas durante treinta segundos y aplicarla cuidadosamente sobre el cristal, con el fin de elevar la temperatura del vidrio de forma progresiva.
Frente a estos métodos, existe una práctica que debe evitarse a toda costa: verter agua hirviendo sobre el parabrisas. Someter el cristal a un cambio brusco de temperatura puede provocar grietas, e incluso la rotura total del vidrio.
Prevención y consejos adicionales
La mejor forma de abordar el problema del hielo en el parabrisas pasa por la prevención. Si se prevé una noche fría y el coche permanecerá al aire libre, conviene cubrir el parabrisas con una toalla o un cartón. Este sencillo gesto impide que se forme la capa de hielo, evitando así la necesidad de recurrir a métodos de descongelación al día siguiente.
Por otra parte, métodos como raspar el cristal de forma agresiva o usar agua hirviendo no son aconsejables, ya que pueden causar daños permanentes en el parabrisas. Entre los trucos recomendados figuran el uso de sprays descongelantes específicos, así como aplicar una bolsa con agua caliente —siempre sin que el agua esté a temperaturas extremas y evitando verterla directamente sobre el cristal— o emplear nuevamente la calefacción del coche dirigida hacia el parabrisas.
Es importante afrontar estas situaciones con paciencia y cautela, evitando así precipitaciones que pueden derivar en pérdidas de tiempo y en daños materiales. Ante la duda o si persisten los problemas, se anima a los conductores a solicitar cita previa o acudir al taller más cercano para una revisión completa del vehículo.