Las princesas Beatriz y Eugenia también sufren las consecuencias de los problemas su padre: los medios británicos explican el futuro de sus herencias

Las hijas del hermano de Carlos III y Sarah Ferguson son el daño colateral de la polémica en torno al exduque de York

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Las princesas Beatriz y Eugenia asisten al servicio del día de Navidad de la familia real inglesia en la iglesia de Santa María Magdalena, Sandringham 2025. (REUTERS/Hannah McKay).

La crisis a la que se está enfrentando Andrés de Inglaterra en los últimos meses por su relación con Jeffrey Epstein y su consecuente salida del Royald Lodge, vivienda de la Corona británica en la que residía también está afectando a sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia. La histórica propiedad, una mansión de 30 habitaciones situada en el parque de Windsor y valorada en torno a 30 millones de libras, ya no podrá pasar a la siguiente generación de los York. Una información que han contrastado los expertos inmobiliarios al diario The Mirror tras la notificación formal que obliga al hijo de Isabel II a abandonar la vivienda que ha sido su hogar durante las dos últimas décadas.

Andrés, exduque de York disfrutaba desde 2003 de un contrato de arrendamiento a largo plazo sobre Royal Lodge, firmado por 75 años con la Corona. Este tipo de acuerdo le otorgaba amplios derechos de uso y convertía la propiedad en un activo de gran valor, tanto por su exclusividad como por su duración. Durante años, se dio por hecho que el expríncipe confiaba en que ese contrato permitiera, llegado el momento, una cesión o continuidad del uso en favor de sus hijas. Sin embargo, ese escenario ha quedado definitivamente descartado.

Una vista de dron muestra Royal Lodge, una gran propiedad en la finca que rodea el castillo de Windsor, que pertenece al príncipe Andrés de Gran Bretaña, en Windsor, Gran Bretaña. 21 de octubre de 2025. REUTERS/Stringer

El detonante de este cambio ha sido la decisión del rey Carlos III de iniciar los trámites para que su hermano menor abandone la residencia. La medida llegó tras una nueva oleada de atención pública sobre la relación pasada del duque con Jeffrey Epstein, una controversia que, pese a las reiteradas negativas de Andrés a cualquier conducta ilícita, sigue lastrando su posición dentro de la institución. En este contexto, el monarca optó por poner fin a los privilegios residenciales que aún conservaba el exduque.

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Desde el punto de vista legal y patrimonial, las consecuencias son claras. Según explica Elliot Castle, experto de la firma We Buy Any Home, cualquier posibilidad de herencia vinculada a Royal Lodge dependía exclusivamente de la vigencia del contrato de arrendamiento. “Esto solo habría sido posible mientras el contrato de arrendamiento estuviera vigente. Una vez que el contrato se rescinde o se termina, no hay nada que transmitir”, señala. En términos prácticos, la propiedad vuelve íntegramente a manos de la Corona, sin opción alguna de reclamación futura por parte de Andrés ni de sus hijas.

La caída del exduque de York se ha acabado produciendo este año, pese a que su relación con Epstein era pública desde hace años

Pierde uno a uno sus privilegios

La pérdida no es solo simbólica. Royal Lodge no era únicamente una vivienda, sino un activo inmobiliario de gran valor estratégico. Al tratarse de un arrendamiento de lujo a muy largo plazo, su rescisión anticipada implica, según los expertos, la desaparición de un importante interés económico. Las estimaciones apuntan a un impacto financiero cercano al medio millón de libras, una cifra que engloba tanto los costes directos del traslado como la pérdida del valor residual del contrato, que habría seguido vigente durante décadas.

A ello se suma la cuestión de la seguridad y el estatus. Royal Lodge ofrecía un nivel de protección, privacidad y representatividad difícil de igualar. Abandonar esa residencia supone, inevitablemente, un descenso en las condiciones habitacionales del duque, que pasará a ocupar una vivienda sujeta a la discreción y condiciones impuestas por otros. En este caso, se espera que Andrés se traslade a una propiedad más modesta dentro del complejo de Sandringham, en Norfolk, previsiblemente antes de la próxima Semana Santa.

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En cuanto a Beatriz y Eugenia, el impacto es más indirecto, pero no menor en términos simbólicos. Ambas han construido sus vidas lejos de Royal Lodge. Eugenia reside con su marido, Jack Brooksbank, y sus dos hijos en Ivy Cottage, dentro de los terrenos del Palacio de Kensington, y cuenta además con una vivienda en Portugal. Beatriz, por su parte, vive con Edoardo Mapelli Mozzi y sus hijos en los Cotswolds. Aun así, la imposibilidad de heredar la residencia familiar marca el cierre definitivo de una etapa para los York.

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