Los pacientes tienen 11 segundos para explicar qué les pasa antes de que el médico deje de hacerles caso, según un estudio

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Cómo lograr que el médico te escuche. (Canva)

En un sistema de salud cada vez más saturado, los pacientes encuentran dificultades a la hora de hacerse oír cuando entran en una consulta médica. Un estudio ha revelado que solo tienen 11 segundos para explicar el motivo de su visita antes de ser interrumpidos o perder la atención del sanitario.

Esta brecha de tiempo, llamada “gaslighting médico”, es una forma de manipulación, generalmente no intencionada, en la que los síntomas de los pacientes son minimizados o descartados, llevándoles a dudar de su percepción, según un estudio publicado en el Journal of Internal and General Medicine.

Un fenómeno con múltiples raíces

El término fue acuñado en 2022 y comenzó a circular tras hacerse viral en un artículo de The New York Times. A diferencia de otros problemas en las consultas, el “gaslighting médico” no necesariamente indica una mala praxis a propósito.

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Al contrario, se trata más bien de una combinación de factores estructurales, como la presión sobre el personal sanitario y la brevedad de las consultas, con sesgos cognitivos y sociales que influyen en la manera en que se escucha y se responde a los pacientes.

Del mismo modo, esta forma de comunicación rara vez es consciente y se manifiesta cuando el profesional, por ejemplo, sugiere que el problema “no es para tanto”, y descarta un dolor sin explorarlo o asume que el malestar no tiene una base médica clara.

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El peso de los sesgos

Las desigualdades en la atención se agudizan cuando entran en juego factores como el género, la raza o la edad. Un estudio de 2018 publicado en la Librería Nacional de Medicina de Estados Unidos mostró que las mujeres con dolor crónico reciben menos atención adecuada que los hombres.

A su vez, persiste la creencia falsa de que las personas negras tienen una mayor tolerancia al dolor, lo que se traduce en una menor prescripción de analgésicos. En el caso de los pacientes mayores, suelen enfrentarse a menos paciencia y menor implicación por parte de los médicos.

Ese temor contribuye a que muchas personas callen lo que sienten en vez de arriesgarse a no ser tomadas en serio.

Estrategias para ser escuchado

La doctora Negin Hajizadeh, neumóloga y especialista en cuidados intensivos, propone una fórmula sencilla para abrir la consulta con claridad y firmeza: “Estoy aquí porque me preocupa desde hace tiempo y me gustaría que lo examinaran seriamente”.

Además, recomienda acudir preparado para responder preguntas clave: ¿Qué le molesta? ¿Cuándo empezó? ¿Qué lo empeora? ¿Qué lo mejora? Llevar un registro de síntomas o efectos secundarios también puede facilitar un mejor diagnóstico.

Hajizadeh destaca que no hay que ver al médico como un adversario. Su función es colaborar en la resolución del problema, pero esta colaboración solo es posible si el paciente se siente valorado y libre de juicios. “No hablaremos si tememos ser juzgados o sufrir consecuencias negativas por lo que decimos”, sostiene.

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Educarse para defenderse

Por último, la preparación también pude marcar la diferencia. Informarse sobre la enfermedad y hablar con personas en situaciones similares permite expresarse con mayor seguridad en las consultas. Recordar que el médico trabaja para el paciente.

Contar con un familiar, pareja o amigo en la consulta médica puede ser clave. Su presencia no solo ofrece contención emocional, sino que también permite plantear preguntas que el paciente quizá no se atreva a formular.

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