Los dulces elaborados en un convento que se pueden comprar en un ‘torno online’ y que enamoran a Robin Food

La tradición de dulces de los conventos en España forma parte de nuestra idiosincrasia, con productos tan icónicos como las yemas o el tocino de cielo

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Monjas empaquetan los dulces navideños en bolsas de plástico para venderlos en el convento de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento, en Ciudad de México. (AP Foto/Ginnette Riquelme)
Monjas empaquetan los dulces navideños en bolsas de plástico para venderlos en el convento de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento, en Ciudad de México. (AP Foto/Ginnette Riquelme)

Mantecados, confituras, licores y otros dulces tradicionales españoles forman parte de una centenaria oferta conventual, una complicación de productos y servicios que las monjas de clausura de conventos de todas partes de España elaboran para recaudar fondos para su parroquia. En España, son muchos los dulces tradicionales que tienen los conventos como lugar de origen y las monjas como autoras absolutas.

Convertidas en auténticas reposteras, estas monjas crean verdaderas delicias que conquistan a los más golosos, con dulces por los que merece la pena viajar. Así lo cree, al menos, David de Jorge, más conocido como Robin Food, que en su último libro En un paraguayo cabe el Amazonas (Editorial Debate) reúne algunas de sus recomendaciones gastronómicas. Entre ellas se encuentra un dulce monacal por el que bien merece la pena viajar hasta Extremadura, concretamente hasta la ciudad cacereña de Trujillo.

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“Si tienen la suerte de echar algún día en Extremadura les recomiendo que se dejen caer por el valle de las Villuercas y alucinen”, comenzaba recomendando el cocinero, para luego instar a sus lectores a acercarse hasta Trujillo para, allí, probar los dulces elaborados en el Convento San Pedro de Trujillo. Construido en el siglo XV y ocupando una parte del solar de la última mezquita que tuvo Trujillo, los franciscanos construyeron aquí un pequeño monasterio, durante el reinado de Isabel I de Castilla. Ahora, sus monjas hornean unas delicias sin comparación que conquistan hasta a los más escépticos.

Son varias las especialidades que se preparan en este obrador, y sus recetas son centenarias. Las más importantes son las bolluelas o las yemas de Pizarro. Elaboradas de forma artesanal, estas yemas son tiernas y cremosas, un producto de altísima calidad que se come de un bocado y tiene todo el sabor de la yema de huevo. Pero, además, en este pequeño convento elaboran pastas de coco, palmeritas de hojaldre, perrunillas de manteca, pestiños y otros deliciosos postres.

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Yemas Pizarro, del Convento de San Pedro, en Trujillo (hechoconfe.com)
Yemas Pizarro, del Convento de San Pedro, en Trujillo (hechoconfe.com)

Para Robin Food, los mejores de todos ellos son los tocinos de cielo: “son para hablar con Dios, pequeños, casi de bocado y con un regusto a yema de huevo de órdago, les dejarán la voz bien fina para poder entonar unos motetes. Amén”, concluye el autor y cocinero en su libro. El tocino o tocinillo de cielo es un dulce con alrededor de medio milenio de antigüedad, elaborado con las yemas de huevo y el azúcar como ingredientes principales. Su color y apariencia, similares al tocino, y su origen monacal son los culpables de su curioso nombre, que ya todos los amantes del dulce reconocen al momento.

Un ‘torno online’ para probar en casa los dulces conventuales

La tradición de dulces y productos de los conventos en España forma parte de su idiosincrasia, siendo el país con mayor número de conventos, alcanzando los más de 800 a día de hoy. Actualmente, aunque por supuesto se mantenga la valiosa tradición de acudir al torno de los conventos a conseguir una caja de estas delicias dulces, incluso las monjas de clausura se han modernizado.

En España existen diferentes webs, autodenominadas ‘tornos online’, que hacen llegar los productos de los conventos a las casas de todo el país. Ejemplo de ello es ‘Hecho con Fe’, una web en la que se pueden encontrar los postres del Convento de San Pedro y que abarca a los ubicados en el sur de España, haciéndolos llegar a casi cualquier hogar de Europa y a toda España, para que aquel que quiera pueda disfrutar de sabores difícilmente igualables.

La idea originaría de este proyecto fue la de trabajar solo con los conventos y monasterios de Sevilla y alrededores, aunque desde entonces muchos obradores han querido unirse a la iniciativa. Es por ello que, ahora, tienen acceso a dulces elaborados por las hermanas que viven y trabajan en conventos de clausura de las provincias de Málaga, Badajoz, Córdoba y la propia Sevilla y muchos pueblos de la provincia.