Pelusas y caprichos de Dulcinea, los postres tradicionales elaborados por monjas en el icónico pueblo de ‘El Quijote’

El Toboso, mencionado hasta 165 veces a lo largo de la novela, es el lugar de origen de unos curiosos postres monacales que esconden un secreto gastronómico

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El Toboso, en Toledo (Shutterstock).
El Toboso, en Toledo (Shutterstock).

El Quijote es, entre otras muchas e importantes cosas, un completo recetario de cocina. El libro más relevante de la literatura española está repleto de referencias gastronómicas, mencionando platos tradicionales de la cocina manchega que son todo un orgullo para su gente. Ya en el primer párrafo podemos hacernos una idea de cuáles eran las tradiciones gastronómicas de los castellanos del siglo XIV: “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”, comienza escribiendo Cervantes su gran obra.

No solo con estas referencias directas aprendemos sobre la cocina de la Mancha. La obra menciona pequeños pueblos y aldeas de todo el actual Castilla-La Mancha, entre ellos el hogar de uno de los personajes principales de la historia: Dulcinea del Toboso. De hecho, el pueblo del Toboso aparece mencionado hasta 165 veces a lo largo de la novela, un dato que hace referencia directa a Dulcinea. A día de hoy, esta localidad toledana cuenta con numerosas referencias a la obra de Cervantes, pues se puede encontrar la Casa-museo de Dulcinea, además de un rico patrimonio histórico y monumental que hace de la visita una experiencia única en Castilla-La Mancha.

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Y, en este pequeño pueblo toledano, es donde se elaboran unos curiosos postres que conquistan a cualquier paladar goloso. En pleno centro del pueblo se encuentra el Convento de las Clarisas, una obra del siglo XVI, restaurada en el XX, de estilo renacentista, de la que solo se conserva la antigua portada de la Iglesia. Allí, las monjas del convento de las clarisas elaboran desde hace décadas los Caprichos de Dulcinea, unos dulces típicos de El Toboso cuyo éxito esconde un gran secreto.

Estos deliciosos dulces monacales se preparan solo con harina de almendras, huevos batidos a punto de nieve, azúcar glas para decorar y un ingrediente secreto que las clarisas guardan con celo desde que hace 40 años comenzaron a elaborarlos. Nadie conoce cuál es este elemento, aquello que diferencia a estos caprichos de cualquier otro postre de convento.

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Pasteles monacales del Convento de las Clarisas (X/@AytoElToboso)
Pasteles monacales del Convento de las Clarisas (X/@AytoElToboso)

Las monjas de este histórico convento elaboran además otros dulces, como son las pelusas, una especie de pasta que es célebre en todo el municipio toledano. Estas delicias están elaboradas con harina, yema de huevo, azúcar, esencia de limón, licor de anís y aceite, todo ello mezclado, batido, horneado y adornado con una espiral de clara y azúcar glas. Las delicias de almendra son otro de sus productos más queridos, uno que elaboran con las almendras de los árboles que las propias monjas cuidan en su jardín.

El Toboso, destino gastronómico y cervantino

Población emblemática del universo cervantino, El Toboso cuenta con una cocina directamente inspirada en la esencia castellana gracias a una de las obras más importantes de la literatura española. Entre los platos que se han mantenido hasta nuestros días, destacan el pisto manchego —elaborado a base de tomate picado, ajos, aceite y torreznos—, las perdices en escabeche, el tiznao —a base de bacalao—, los duelos y quebrantos, las gachas, las migas y la caldereta de cordero. Además, este pueblo puede presumir de contar con varias queserías que se encuentran dentro de la denominación de origen la Mancha; quesos artesanales elaborados con leche pura de oveja manchega de ganado propio.

Pero la gastronomía no es el único atractivo de este famosísimo pueblo manchego. Durante la visita, el viajero puede descubrir como las calles cuentan con inscripciones de la novela que conducen a uno de los puntos más interesantes del pueblo: la Casa de Dulcinea, supuesta morada de Aldonza Lorenzo, a quien Cervantes inmortalizó en su obra como el amor platónico de Don Quijote. Hoy convertida en museo, la Casa de Dulcinea ofrece una visión del estilo de vida manchego del siglo XVI, con una colección de mobiliario, utensilios y documentos de la época.

A esto se suman otros puntos de interés para los amantes de la novela, como es el Museo Cervantino, que exhibe una vasta colección de ediciones de Don Quijote de la Mancha; o la ruta literaria, uno de los planes más emblemáticos de El Toboso, que guía por la localidad de acuerdo a las descripciones hechas por Miguel de Cervantes en el capítulo nueve de la segunda parte de El Quijote.