Isaac Romero aleja al Sevilla del precipicio y reencuentra al Atlético con vicios nocivos

Su gol tumba a los rojiblancos y certifica una victoria hispalense ante su público cinco meses después. Los de Simeone volvieron a cometer viejos errores: trataron de resolver en el segundo tiempo los problemas generados en el primero. Morata se retiró lesionado entre lágrimas

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Isaac Romero celebra su gol
Isaac Romero celebra su gol anotado ante el Atlético (REUTERS).

Mira el Atlético al Sevilla sin nostalgia de tiempos pasados. Los de la inestabilidad, los del miedo al descenso, aquel periodo en el que los rojiblancos lo mismo te ganaban una Copa del Rey que peleaban por no descender. Esos, precisamente, en los que está imbuido ahora el club hispalense. Y de los que se aleja subido a lomos de Isaac Romero. El canterano es un oasis en el desierto de inestabilidades que atraviesa el Sevilla. Su quinto gol en siete partidos en la élite tumbó a un Atlético que, de nuevo, no supo entrar al partido y fue esclavo de su pasividad inicial. En el segundo tiempo dio un paso adelante, pero la falta de contundencia les condenó y dejó sin anotar por segundo partido consecutivo.

“Lo importante es no encajar gol, pero recibimos en todos los partidos”. Valga la crítica de Jan Oblak como explicación a la metamorfosis experimentada por el Atlético. Su juego ha pasado de práctico a académico. Un equipo que se siente cómodo con la posesión y crea peligro en el área rival porque tiene jugadores de calidad, pero que pierde la mayoría de los duelos individuales en los que tanto insiste Simeone y necesita una dosis de la intensidad que caracteriza a los equipos del argentino.

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De Isaac Romero a Oblak

De hecho, lo que les falta a los colchoneros es precisamente lo que le sobra a Acuña y Ocampos, dos futbolistas que se las saben todas y convirtieron su costado en un dolor de cabeza para Llorente y todo jugador que pasara por ahí con una camiseta rojiblanca. Fuertes al choque y solidarios en la ayuda interpretaron mejor la permisividad de Iglesias Villanueva en un partido intenso y cuya igualdad se rompió antes del primer cuarto de hora después de que Romero ganase la partida a Koke a la hora de rematar en el segundo palo.

Ocampos y Nahuel Molina durante
Ocampos y Nahuel Molina durante un lance del partido (REUTERS).

El canterano es el clavo ardiendo del sevillismo. Pelea cada balón como si fuera el último y cuando uno interpreta así el fútbol y su rival comparece adormilado, le basta para pasar por encima. Anotó un gol, Oblak le sacó otro en la línea y el poste repelió otro antes de asistir a Óliver Torres que también se estrelló con el meta esloveno. Impresionante caudal ofensivo del canterano que tan sólo era contrarrestado con la sensacional actuación del portero rojiblanco que recordó a las de antaño.

Las prisas no son buenas

Después de un par de sopapos, el Atlético comenzó a reaccionar. Morata se estrelló con la madera, Lino disparó alto y de nuevo el ariete erró un mano a mano antes de que su rodilla dijera basta y las lágrimas inundaran su rostro. Hizo un giro extraño cuando peleaba un balón por alto y se encendieron las alarmas. Por la reacción de Ocampos primero y los gestos de Morata después. Simeone introdujo a Memphis y aprovechó también para hacer lo propio con Nahuel y subir la posición de Llorente. Más tarde, Witsel dejó su lugar a Reinildo. El Atlético se despidió -al fin- de la defensa de tres centrales y saludó al dominio del partido.

Mismo guion que hace cuatro días ante el Athletic en Copa. Primera parte accidentada y paso adelante en el segundo acto para solucionar los problemas ocasionados. El choque tuvo el mismo nudo y desenlace. El Atlético se marchó de vacío, pero eso no implica que no creara peligro. Navas se estiró para sacar sobre la línea el remate de Griezmann y Memphis, en boca de gol, no acertó para empujar. Quique frenó el ímpetu rojiblanco dotando de piernas a su equipo. Rugió Nervión como en los viejos tiempos y como no lo hacía desde hace cinco meses, cuando consiguió su última victoria como local hasta la noche de hoy. El mejor Sevilla del año aplacó a un Atlético todo corazón, pero con poco fútbol y que empieza a ir con la lengua fuera.