Llegan del aeropuerto después de un vuelo desde México ciertamente accidentado y en el que han dormido menos tres horas. “El viaje ha tenido unas turbulencias terribles”, dice Jess Fabric mientras muestra una pantalla con los picos de movimiento del aeroplano. “Café volando, maletas saliéndose”, añade. “Yo tenía la chica de al lado rezando”, le responde Alberto Cantúa. “Yo estaba viendo Snatch. Cerdos y diamantes”, expresa Rafa Val, entrando en la conversación después de un lapsus inicial a causa del cansancio sintomático. Fernando Campillo no está, está de viaje en una habitación del madrileño Hotel Emperador descansando.
Viva Suecia, la banda creada en Murcia hace diez años, celebra una década encima de los escenarios con la reedición de El amor de la clase que sea y con un concierto muy especial en el WiZink Center de fin de gira (en marzo de 2024) con las entradas agotadas con seis meses de antelación. “Da miedo, respeto y te carga de responsabilidad, pero por otro lado es es bonito, demuestra que hay mucha gente que ha hecho un esfuerzo muy grande por estar ahí”, dice Val sobre ese sold out en el recinto madrileño en una entrevista con Infobae España.
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En 2013, Viva Suecia era un proyecto musical que arrancaba y que sus miembros compaginaban con otros trabajos rutinarios y coyunturales: Jess era analista químico, Alberto era empleado de banca, Rafa era profesor de música y Fernando transportista. “Ha sido una fiesta”, insisten. “Estamos en el mejor momento de nuestras carreras y posiblemente de nuestras vidas”, dice el bajista del grupo. “Queríamos hacer un regalo de lo agradecidos que estamos por lo que ha pasado, era nuestra forma de cerrar el círculo”, añade.
La banda murciana empezó a darse a conocer en la capital tocando en los garitos clásicos de Madrid. Su primera actuación fue en El perro de la Parte de Atrás del Coche, en la calle Puebla, y acudieron 120 personas a verles tocar. “110 eran familiares”, bromea Cantúa. También fueron al Costello Club poco después. “Han cambiado mucho las cosas, teníamos una ilusión enorme e intacta”, dice Fabric. “El simple hecho de que una banda de cuatro amigos salga de Murcia para ir a Madrid a tocar y que haya gente ya es algo, porque no teníamos nada entre manos ni éramos nadie”, explica.
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Aunque insisten en que ellos “ya son viejos”, se unen al barco de Peso Pluma. “No entiendo nada de lo que dice, pero eso me pasa también con The National”, comenta entre risas Jess. “Quizá porque también es un género folclórico, que me parece muy meritorio”, le responde Cantú.
Talento local
“Es por la fiesta”, dice el cantante de Viva Suecia sobre el boyante talento de la comunidad autónoma, que ha visto nacer a grupos como Varry Brava o Arde Bogotá, una de las sensaciones musicales del año. “Supongo que es una cosa de muchos años. Hay una cantera muy grande de músicos de estilos diferentes y cada proyecto sale fortalecido de las generaciones anteriores que han estado haciendo muchas cosas por la música”, explica Rafa Val.
La banda pone de relieve a la ciudad como un enclave “en el que se pueden hacer muchas cosas que no se pueden hacer en una ciudad más grande”. Además de que “todo es infinitamente más barato”, Murcia contempla la vida “de otra manera”. “Es más pausada y te permite tener más momentos para ti, para tus amigos y para dedicarte a esto”, prosigue el vocalista.
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Viva Suecia habla de un ecosistema artístico en el que las bandas, y por ende los artistas, se ayudan mutuamente. ‘¿Oye, te puedo pedir un consejo?’ o ‘¿cómo puedo acceder a este sello discográfico?’ son algunas de las preguntas que los miembros de la banda reciben de aquellos que están dando sus primeros pasos en la industria. “Es esa red de contactos y de consejos que se genera en los sitios pequeños”, dice Jess Fabric. Además, “es una ciudad que te permite compaginar una faceta artística con un trabajo de tránsito para poder dedicarte más a la parte artística y vivir dignamente”, apostilla Cantúa.
En cuanto a la política entremezclándose en el mundo musical (principalmente tras la reciente cancelación del festival Periferias de Huesca de la mano de Vox por ser “un festival de culturetas progres”), Val considera que “la política y el arte son dos cosas difíciles de conciliar”. “Nosotros tenemos inquietudes políticas y tenemos muchas conversaciones, pero no creo que pensemos mucho en ello”, dice el cantante sobre el impacto de la actualidad en sus letras. Al final, “lo mejor es hacer lo que está a nuestro alcance”, y se explica. No puede solucionar la situación en Gaza, pero sí “ayudar a una persona que tenga problemas” que evocan y abordan en sus composiciones. “Esa es nuestra relación con la política del arte”, concluyen.