El 21 de mayo de 2023 marcó un antes y un después en la cruzada de Vinicius contra el racismo en los campos de fútbol. Ninguna de las otras denuncias en las que fue parte perjudicada alcanzó el calado de la que tuvo por escenario Mestalla. En el estadio del Valencia, el brasileño dijo ‘basta’ cuando comenzó a señalar a un aficionado local que le había insultado: “¡Ese, ese! ¡Has sido tú! Me ha llamado mono”. El partido rozó la suspensión, pero finalmente sólo estuvo detenido unos diez minutos. Más tarde, el futbolista del Real Madrid acabó expulsado, con unas señas despectivas a la grada cuando dejaba el césped (la mandó, directamente, a Segunda) que calentaron aún más si cabe el ambiente.
blockquote class="twitter-tweet">"ME HA LLAMADO MONO"@vinijr se encaró con un aficionado en mitad del partido contra el Valencia
— DAZN España (@DAZN_ES) May 21, 2023
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Casi seis meses después, el caso está en los tribunales, aunque sin sentencia por el momento. Hay tres acusados, de edades entre los 18 y los 21 años: el Valencia les ha vetado de por vida. En cuanto a Vinicius, ya declaró, ratificando que se siente objeto de racismo y que recibió insultos de todo el público valencianista. Para indignación del club che, que le exigió, sin éxito, una rectificación. A finales de noviembre, comparecerá su compañero Militao, por idénticos motivos.
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Mientras se esclarecen las consecuencias de lo ocurrido, llega un nuevo encuentro de Liga entre ambos equipos, el primero después de la polémica. En este caso, en un Santiago Bernabéu que se ansía que sirva como remanso de paz para un Vinicius que últimamente ha vuelto a ser más protagonista por las actitudes desbocadas que por el fútbol puro y duro. Bien lo saben en las filas blancas, desde las que se intenta que el joven centre el foco y que prime lo deportivo.
“Creo que sigue marcando las diferencias, es lo que pensamos nosotros. Que tenga que mejorar su actitud en algunas circunstancias puede ser que sí, pero pensamos también que ha mejorado muchísimo y lo sigue haciendo”, ha expuesto esta semana su entrenador, Carlo Ancelotti. “Estamos encantados con él, con lo que hace en el campo, que es jugar al fútbol e intentar hacer lo mejor. En los dos últimos partidos, es verdad que ha estado un poco descolocado en algunos momentos, pero seguir diciendo que su actitud no es buena no es verdad, porque ha mejorado mucho respecto a los últimos años”, añadía.
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También el capitán madridista, Nacho, ha intentado romper una lanza en favor del de São Gonçalo. “Con Vini hemos hablado mucho desde que llegó al Madrid. Es el tipo de jugador que siente más las provocaciones por su manera de jugar… porque siempre está encarando, siempre daña al rival. Hablamos con él para que esté tranquilo. Que se enfoque en jugar porque es lo más importante. Es un futbolista con mucho carácter… y las palabras de Puyol, si le dice cosas para ayudarle, pues perfecto”, afirmaba el líder del vestuario merengue.
Esas declaraciones de Puyol a las que se refería Nacho trajeron cola. “Vinicius es un grandísimo jugador, me encantaría hablar con él y decirle lo que yo pienso, lo que yo siento […] Si en algunas cosas cambiase su actitud, tendría más reconocimiento”, confesó el que fuera capitán del FC Barcelona. Uno de los dos adversarios recientes que han suscitado que el rostro más conflictivo del carioca estuviese en primer plano.
Objetivo: encontrar la calma en casa
En el último Clásico, la incidencia de Vinicius, en lo estrictamente futbolístico, fue nula. Eso sí, dejó para la galería varios careos tensos: con Xavi, con el cuarto árbitro y con el respetable de Montjuïc. Tanto se calentó el ‘7′ del Madrid a la hora de ser sustituido, en las postrimerías del choque, que Ancelotti se lanzó a cogerle de la mano para acelerar su salida del terreno de juego. La tensión no le abandonó frente al Rayo, tomándola de forma desmesurada con el portero visitante, Dimitrievski, al considerar que fingía una lesión para perder tiempo: “Tú y yo, fuera”. En esta ocasión, nada se supo de él tampoco en las lides deportivas.
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El encuentro de Champions contra el Braga del pasado miércoles le sirvió para remontar un tanto el vuelo, con un gol y una asistencia que Vinicius empezaba a necesitar. Con apenas cuatro dianas y pases decisivos en lo que va de temporada, la reivindicación urgía y urge, al poco de concretarse su renovación hasta 2027. La sonrisa volvió en el Bernabéu, precisamente donde más necesita ahuyentar fantasmas recientes ahora.
El hacha de guerra no acaba de enterrarse por completo. “Como dijo nuestro entrenador, Rubén Baraja, como Club y como afición debemos rebelarnos ‘contra quienes nos han acusado de ser lo que no somos’ y la mejor manera de hacerlo es dando ejemplo en las gradas del Santiago Bernabéu, donde habrá muchos ojos y muchas cámaras pendientes de nosotros. El racismo no tiene cabida en el fútbol ni en la sociedad y para erradicarlo requiere de la implicación de todos. También de los que nos han acusado injustamente por culpa de aquellos que profirieron insultos racistas […] Disfrutemos del partido, animemos a nuestros jugadores por encima de cualquier provocación y hagamos honor a los valores que nos caracterizan”, puede leerse en una carta en la que el Valencia pide, sin reprimir dardos, ejemplaridad a sus hinchas presentes en la capital española.
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Apodar ‘Pinochius’ a Vinicius de forma repetida desde la prensa deportiva valenciana es otro elemento que no ha contribuido a calmar los ánimos desde aquella noche aciaga en Mestalla. Una cuya superación debería comenzar a encararse de forma definitiva, por parte de unos y otros, a partir de las 21 horas de este sábado. Si Vini logra bailar entonces ante los suyos, puede que la herida que se abrió fatalmente a orillas del Turia empiece a desaparecer por fin. Y que todavía haya esperanza para el heroísmo, aun tildándole ya algunos de villano sin remedio, en su caso.