Khloé Kardashian habló con franqueza sobre las cicatrices de sus relaciones sentimentales, la vergüenza que la paralizó durante años y el proceso con el que, al llegar a los 40, decidió soltar ese peso. Lo hizo en distintas conversaciones con el presentador Jay Shetty en el pódcast On Purpose, donde abordó desde la presión social sobre las mujeres en sus 30 hasta el reencuentro, casi una década después, con su exmarido Lamar Odom.
Kardashian describió sus 30 como una época marcada por una nube gris constante. Relaciones que terminaron en infidelidades repetidas, un divorcio y la mirada pública sobre su vida privada la llevaron a un estado de parálisis emocional que se extendió durante años. “Había veces que no quería ni ir al supermercado a mirar a alguien a los ojos porque sentía que sabían lo que habían dicho de mí”, recordó en una de sus apariciones más recientes en el programa, difundida a mediados de septiembre de 2026.
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Una culpa que tardó años en resignificar
Lo que agravó ese malestar, según su propio análisis, fue haber permitido que las mismas dinámicas se repitieran. “Me pregunté si era mi culpa por haberlo permitido más de una vez”, reconoció Kardashian.
Con el tiempo, sin embargo, llegó a una conclusión diferente: la vergüenza no le pertenecía. El trabajo de resignificar esa narrativa se dio en los últimos años, con la escritura privada, la oración y el ejercicio físico como herramientas centrales.
El reencuentro con Lamar Odom, casi una década después
En una conversación anterior con Shetty, registrada en mayo de 2025, Kardashian relató el reencuentro con Lamar Odom, exjugador de la NBA, a quien no había visto desde 2016.
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El encuentro surgió de forma indirecta: su mejor amiga, Malika Haqq, se cruzó con Odom en un hotel de Las Vegas durante el fin de semana del Super Bowl y ambos retomaron el contacto tras años de distancia.
Meses después, Kardashian decidió verlo en persona para devolverle objetos que había guardado durante años: su trofeo al Sexto Hombre del Año de la NBA, joyas y el carné de conducir de la madre de Odom, fallecida cuando él era joven. “Pensé que estaba completamente tranquila, pero cuando él entró, noté que yo misma me estaba activando por cosas que no esperaba”, relató la empresaria.
El encuentro también le generó una tristeza inesperada: la de comprobar cuánto habían divergido sus caminos. Pese a ello, remarcó que no guarda resentimiento y que se alegra de que Odom se mantenga sobrio.
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Fortaleza disfrazada de debilidad
Kardashian también describió episodios que su entorno interpretó como debilidad y que ella reencuadra como actos de fortaleza. Cuando la madre de Tristan Thompson, con quien tuvo dos hijos, murió de forma repentina en enero de 2023, ella invitó al jugador y a su hermano Amari, que vive con una forma severa de epilepsia, a instalarse en su casa mientras la vivienda de Thompson pasaba por reparaciones. “La gente no entiende cuánta fortaleza se necesita para poner los propios sentimientos a un lado por el bien de otra persona”, dijo.
El mismo razonamiento aplicó cuando Odom sufrió una sobredosis en 2015 y fue hospitalizado en estado crítico durante varios días. Kardashian permaneció junto a él durante cuatro meses de recuperación y solo se alejó de forma definitiva cuando, ya dado de alta, el exjugador recayó en el consumo de sustancias meses después.
El camino hacia la terapia y la escritura privada
Durante buena parte de su vida adulta, Kardashian rechazó la terapia convencional. Fue su hermana Kim Kardashian quien la puso en contacto con una profesional con la que desarrolló confianza de forma gradual.
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Al principio narraba sus experiencias de manera mecánica, sin emoción, como si leyera la biografía de otra persona. La terapeuta le pidió que escribiera sus traumas, de los menores a los mayores, para trabajarlos uno por uno.
“Me di cuenta de lo mucho que me había acostumbrado a no sentir, porque sentir era demasiado para mí”, reflexionó Kardashian. Ese proceso la llevó también a identificar el humor como mecanismo de defensa ante el dolor.
Los 40 como punto de quiebre
Kardashian describió el umbral de los 40 como un punto de inflexión. Donde antes la opinión externa determinaba cómo se sentía, ahora practica lo que llama intencionalidad: se despierta temprano, dedica tiempo a la oración y establece sus prioridades antes de comenzar el día.
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Esa solidez interna, explicó, también cambió su visión del amor: lejos de volverse cínica, dijo creer en el matrimonio más que nunca, aunque ahora con criterios más claros sobre a quién ofrece su confianza.
Sobre la comparación social, su consejo para las mujeres que atraviesan sus 30 bajo presión fue directo: “Las redes sociales solo muestran el resumen de los mejores momentos, y aun así nos condicionamos a querer más y nunca estar satisfechas”.
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