La voz de Liza Minnelli sobre su infancia en Hollywood se presenta como un relato marcado por la ternura y la sombra emocional, en el que destaca el fuerte vínculo con su madre, la icónica Judy Garland.
Minnelli detalla cómo, tras el glamour y la música, convivían inquietudes profundas, secretos familiares y un lazo extraordinario, según relató en una entrevista con The Wall Street Journal.
Durante su infancia, la relación de Liza Minnelli con su madre estuvo definida por el afecto, la complicidad y por momentos dolorosos ligados a la dependencia de sustancias y la presión artística. Creció entre gestos maternales, la influencia constante de su padre Vincente Minnelli y el reto cotidiano de vivir bajo la fama y la inestabilidad emocional de Garland.
La intérprete fue objeto de acoso escolar y vivió situaciones difíciles, pero encontró refugio en los lazos familiares y la creatividad, según relató a The Wall Street Journal.
“Mi primer nombre está inspirado en ‘Liza’, la canción de 1929 con letra de Ira Gershwin, quien fue mi padrino”, rememora Minnelli al hablar de sus raíces y del ambiente artístico que la rodeó desde siempre.
“Al parecer, mi madre se incorporó en la cama una noche mientras estaba embarazada de mí; despertó a mi padre, el director Vincente Minnelli, y le contó su idea. Él dijo que ‘Liza’ quedaría bien en una marquesina. Mamá propuso que mi segundo nombre fuera May, en homenaje a la madre de mi padre. Él aceptó y volvieron a dormirse”, destacó.
La casa donde comenzaron sus recuerdos era una vivienda art decó sobre West Hollywood: “Mis mejores amigas de infancia eran Mia Farrow, Candice Bergen y Cheryl Crane, la hija de Lana Turner. La vida era tranquila y amable. Mamá y yo nos queríamos apasionadamente, incluso me cantaba hasta que me dormía”.
Infancia en Hollywood y amistades de Liza Minnelli
“La primera vez que noté que su comportamiento era errático tenía cinco años”, explica Minnelli en diálogo con The Wall Street Journal. Los triunfos de Garland en pantalla se veían eclipsados, según la actriz, por el estrés, la depresión y el agotamiento, lo que derivó en dependencia a pastillas y alcohol.
“Mamá también empezó a hablarme como a un adulto, contándome sus miedos y resentimientos”, añade. Por contraste, el cariño paternal era constante: “Papá me colmaba de afecto. En los estudios de MGM, yo subía en la pluma del director y observaba cómo los musicales se volvían películas”.
La admiración por su madre fue determinante: “Cuando la veía sobre el escenario, entendía lo especial que era. No solo cantaba, conmovía a todos”.
Adicción, separación y desafíos familiares
La estabilidad familiar no duró. “Mis padres se amaban, pero ella llegaba a ser demasiado para él. Se separaron en 1949 y se divorciaron en 1951”, recuerda Minnelli. Tras varias internaciones y procesos de rehabilitación, “nada funcionó, ni siquiera las sesiones de electroshock”.
Minnelli se enteró por televisión del nuevo esposo de su madre, Sid Luft. Junto a él, la familia se trasladó primero a un piso en alquiler, luego a una mansión de 19 habitaciones, donde el lujo destacaba en cada estancia: “Teníamos cinco dormitorios y baños, un salón de más de 12 metros, un piano de cola Steinway, una gran mesa y una cama elástica en el exterior”.
“Todo parecía insostenible. Sid apostaba, y mamá luchaba contra la dependencia”, describe Minnelli. La llegada de su hermana Lorna fue motivo de alegría, y la de su hermano Joey tres años después completó la familia. Sin embargo, pocos días tras el nacimiento de Joey, Garland intentó quitarse la vida: “Hoy sabemos que fue depresión posparto agravada por la adicción”, rememora Minnelli.
Fama, acoso escolar y la huella de Judy Garland
Los años escolares de Liza Minnelli estuvieron marcados por episodios difíciles. “En la escuela fui blanco de burlas. Un día el autobús pasó despacio frente a un quiosco que titulaba: ‘Judy Garland corre desnuda por la casa y amenaza con suicidarse’. El autobús entero se echó a reír”, cuenta.
La propia Minnelli asegura que su madre incorporaba la búsqueda de empatía en su forma de ser: “Mamá quería que la gente sintiera lástima por ella. Era parte de su teatralidad”. Garland le aconsejaba afrontar la situación con entereza: “Diles a los que te acosan que la historia está equivocada. El drama vende entradas”, compartía con Liza, según su relato.
Pronto la familia dependía económicamente de las actuaciones de Garland. “Al poco tiempo, Sid vivía de ella y mamá debía actuar para mantenernos”, relata Minnelli a The Wall Street Journal.
En 1955, Garland ofreció a Lorna y a Minnelli elegir: continuar en la escuela o sumarse a las giras. “Le respondimos: ‘¿Cuándo nos vamos?’”, recuerda. “El nivel de estrés era enorme. Mamá iba y venía de la depresión. Durante las giras, debía persuadirla para evitar una sobredosis y rogar a los farmacéuticos que adelantaran recetas”, describe en su conversación con The Wall Street Journal.
El entorno familiar forzó una temprana madurez. Minnelli aprendió a encontrar fuerza en el afecto y la resiliencia, viviendo los vaivenes emocionales y la presión de permutar la adversidad en espectáculo. La humanidad de Judy Garland y su influencia indisoluble dejaron una huella fundamental en la vida y la carrera de su hija.