“La temperatura del planeta se está incrementando”, advirtió el doctor Ricardo Navarro, presidente del CESTA, durante una entrevista en el programa Diálogo. El especialista explicó que el calentamiento global es el principal motor detrás de los fenómenos climáticos extremos que afectan tanto a El Salvador como al resto del mundo.
Navarro empleó una analogía sencilla para describir el proceso: “Es como un recipiente con agua: si el agua se vuelve más caliente, es porque le está llegando energía”. Enfatizó que la humanidad está transmitiendo esa energía adicional al sistema planetario, lo que provoca que la temperatura siga en ascenso.
El experto señaló que, aunque las temperaturas anuales pueden mostrar variaciones caóticas, la tendencia general es un aumento sostenido. “El sistema, la atmósfera, está aumentando su energía… genera una serie de cambios para los cuales no estamos acostumbrados”, afirmó.
La alteración de la temperatura global ha generado un desorden en los patrones climáticos tradicionales. Ricardo Navarro indicó que fenómenos estacionales como los vientos de octubre ya no se presentan en su época habitual, sino que pueden ocurrir en noviembre, diciembre o incluso marzo.
“Es todo un caos… todo ha cambiado”, resumió. El presidente del CESTA explicó que la amplitud de las oscilaciones atmosféricas ha aumentado, modificando la periodicidad y la intensidad de los eventos meteorológicos. Esta desincronización complica la planificación agrícola y la vida cotidiana de la población.
Los efectos del cambio climático ya son palpables en el territorio salvadoreño. Navarro mencionó la presencia inesperada de animales marinos como un león marino en El Espino y calamares en La Libertad, así como la aparición de cocodrilos en playas, especies poco habituales en esas zonas. Atribuyó estos cambios a la alteración de los ecosistemas y a la influencia de fenómenos globales.
El presidente del CESTA enfatizó que el primer impacto automático del cambio climático es la modificación del régimen de lluvias, lo que repercute en las cosechas y en la disponibilidad de alimentos. “Los suelos del planeta están bajando su contenido de humedad… esas son malas noticias para las cosechas”, advirtió.
Navarro alertó sobre el riesgo de hambrunas planetarias como consecuencia directa del cambio climático. También recordó que los grandes huracanes implican costos humanos y materiales enormes, citando el caso del huracán Bhola en Bangladesh, que causó alrededor de medio millón de muertes en 1970, y el huracán Fifi, que marcó una época en la región. El experto subrayó que, actualmente, los huracanes son más frecuentes, más intensos y se desarrollan a mayor velocidad.
El especialista hizo hincapié en la relación entre deforestación y desastres urbanos, como las inundaciones en zonas de la capital. Señaló que, para evitar este tipo de emergencias, es fundamental proteger bosques como El Espino y evitar prácticas como la minería, que afectan la disponibilidad de agua.
A pesar de que El Salvador registra una precipitación anual promedio de 1.867 milímetros entre 1980 y 2010 —el doble del promedio mundial de 900 milímetros—, muchas comunidades carecen de acceso al recurso. “La gran pregunta: ¿cómo es que hay comunidades que no tienen agua entonces? Porque hemos destruido el territorio… cuando llueve se amontona el agua y se lleva un bus”, lamentó Navarro.
Para explicar la aparición de vientos y bajas temperaturas fuera de temporada, Ricardo Navarro abordó la dinámica de la atmósfera y la influencia de las corrientes de chorro. Describió cómo la energía adicional en el sistema intensifica la ondulación de las corrientes polares, permitiendo la llegada de aire frío desde el ártico hacia el sur.
El experto detalló que la corriente de chorro polar, que puede alcanzar velocidades de hasta 400 kilómetros por hora, se vuelve más inestable con el calentamiento global. “Se está agonizando el ártico… eso va a tener impactos serios en todo el clima del planeta”, afirmó, advirtiendo que esas alteraciones pueden traer climas inusualmente fríos a regiones donde no son habituales.