En un contexto donde el desarrollo de Vaca Muerta redefine el mapa productivo argentino, la formación de capital humano aparece como uno de los principales desafíos. La velocidad de crecimiento del sector energético exige perfiles técnicos cada vez más especializados, capaces de adaptarse a entornos altamente tecnificados y en constante evolución.
En ese escenario, el Instituto Vaca Muerta (IVM) surge como una experiencia inédita en el país. Impulsado por Fundación YPF junto a empresas del sector, el gobierno de Neuquén y organizaciones sindicales, combina innovación tecnológica, prácticas en entornos simulados y una fuerte articulación con la industria para formar a los futuros trabajadores del sector energético.
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En el auditorio de Ticmas en la Feria del Libro, Gustavo Schiappacasse, director ejecutivo de Fundación YPF, Pedro Angulo, gerente de Desarrollo y Formación Técnica de Fundación YPF y Javier Alviso, gerente general de Pason Argentina, detallaron los fundamentos de esta iniciativa.
¿Cómo se diseñó el Instituto Vaca Muerta y por qué generó tanto interés?
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Gustavo Schiappacasse explicó que el proyecto comenzó a gestarse hace tres años a partir de una necesidad concreta del sector energético: buscar cuáles son las ocupaciones y los perfiles que demanda la industria y fortalecer la formación en esos perfiles.
En ese sentido, el objetivo fue llevar al mercado las habilidades que la industria estaba necesitando. Esa brecha entre formación y empleo fue uno de los principales motores del proyecto. “No existía una institución así en la región”, remarcó, señalando el carácter innovador del instituto dentro del ecosistema educativo argentino.
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El diseño también incorporó una mirada comparada. “Buscamos referencias en el exterior, cómo capacitan y qué herramientas utilizan”, explicó Schiappacasse, en alusión a modelos internacionales donde la formación técnica está fuertemente integrada con la práctica. De allí surge uno de los elementos distintivos del IVM: el “pozo escuela”, un espacio que replica condiciones reales de trabajo. “La idea es llevar todo lo que pasa en la industria a las aulas” afirmó.
¿En qué se diferencia la propuesta educativa del IVM de otras formaciones técnicas?
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Pedro Angulo sostuvo que el IVM rompe con los esquemas tradicionales de formación técnica en al menos dos dimensiones. Por un lado, destaca su carácter colectivo: “Es un proyecto de toda la industria”, afirmó, en referencia a la participación articulada de empresas, sindicatos y los gobiernos de la provincia y la ciudad de Neuquén.
Pero la diferencia más profunda está en el enfoque pedagógico. “El modelo educativo es llevar la industria al aula”, resumió. Esto implica partir del trabajo real para diseñar la formación: “Nos preguntamos qué hace la persona en su puesto y qué debe saber hacer con seguridad desde el primer día”, señaló.
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A partir de ese enfoque, el modelo se estructura en cuatro pilares. La práctica, como eje organizador, es la base del aprendizaje y está presente durante todo el proceso. La tecnología, por su parte, cumple un rol central: “Hoy no alcanza con mostrar fotos o hacer visitas, los estudiantes tienen que estar presentes en entornos que reproduzcan la operación”.
El rol del docente también se redefine: “El instructor pertenece a la industria, conoce la operación y puede poner al estudiante en contexto real de trabajo”, explicó Angulo, subrayando que no solo transmite conocimientos, sino también criterios de seguridad y toma de decisiones. Finalmente, el estudiante ocupa un lugar activo: “Está en el centro desde el primer momento”, dijo, destacando la importancia de la experiencia.
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Para concluir, Angulo hizo referencia a que el carácter único del modelo educativo de IVM proviene de la posibilidad de aprender como si estuvieras en la industria, pero en un entorno controlado y seguro.
¿Qué tecnología desarrollaron para acercar la experiencia del campo al aula?
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Javier Alviso explicó que el desafío de Pason fue replicar con fidelidad el entorno tecnológico de la industria. “El objetivo fue acercar la tecnología del campo al aula. Eso fue exactamente lo que hicimos”, afirmó.
En lugar de desarrollar herramientas pedagógicas abstractas, la decisión fue trasladar directamente los sistemas utilizados en la operación. “No se creó algo para dictar clase, se trajeron directamente los equipos que tenemos en Pason”, señaló. Esto permite que los estudiantes se familiaricen con las mismas tecnologías que encontrarán en su futuro laboral.
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Pason, especializada en gestión de datos, desarrolló un sistema que reproduce el flujo completo de información de un pozo. “Armamos un banco que emula todo el entorno y el camino de los datos, desde el pozo hasta una sala de monitoreo remoto”, explicó Alviso. De este modo, los alumnos pueden entender no solo la operación, sino también la lógica de análisis y toma de decisiones en tiempo real.
Esa dimensión es central en la industria actual. “Hoy es inconcebible la industria sin datos en tiempo real”, afirmó, y agregó: “Tenemos la necesidad de asegurar que lo que aportamos a nivel educativo sea relevante y esté en sintonía con lo que se usa hoy”. La actualización tecnológica permanente aparece, así, como una condición indispensable.
En ese marco, Alviso también destacó el posicionamiento de Vaca Muerta a nivel global: “Es el escenario que elige Estados Unidos para salir de su zona de confort. El primer lugar donde salen al mundo con la última tecnología es en Neuquén”. Esa dinámica convierte a la formación en un factor clave para sostener estándares internacionales.
¿Qué rol cumple la innovación en el equipamiento educativo del instituto?
Para Angulo, el equipamiento no es un complemento del modelo, sino uno de sus pilares estructurales. “Si queremos llevar la operación al aula, el equipamiento educativo es un componente crítico. No es un capricho”, afirmó.
A partir de esa premisa, el instituto desarrolló una plataforma tecnológica integral. “La construimos desde cero, pensando en este modelo educativo”, explicó, donde cada componente (equipos, softwares e insumos) responden a la lógica de aprendizaje basada en la práctica.
El desarrollo se apoyó en una red de colaboración amplia. “Trabajamos con empresas innovadoras en su campo que aportan equipamiento específico”, señaló Angulo, mencionando tanto tecnología internacional de alta gama como desarrollos de empresas locales.
Además, el modelo incorpora herramientas de gestión y seguimiento. “Tenemos un sistema que permite la trazabilidad de todos los estudiantes en un solo lugar”, explicó, lo que facilita el monitoreo de trayectorias y resultados. A esto se suma la plataforma educativa desarrollada junto a Ticmas, que transforma la base curricular en contenidos y recursos concretos para el aula.
“El mandato del instituto es generar egresados de excelencia”, sostuvo Angulo, y vinculó directamente ese objetivo con el impacto en el sector: “Esto incide en la seguridad operativa y en la competitividad de la industria”. De esta manera, la formación, además de preparar trabajadores, también mejora el funcionamiento del sistema productivo.
¿Qué impacto tendrá el IVM en la formación de futuros profesionales?
“El impacto es la excelencia”, sintetizó Schiappacasse, y agregó: “Es llevar todo lo que está pasando en la industria al aula y que los alumnos tengan tanto la tecnología como el conocimiento que están demandando las empresas”. En otras palabras, reducir al mínimo la distancia entre aprender y trabajar.
De esta manera, planteó que el principal efecto del instituto está en elevar los estándares de formación (uno de los pilares que estructuran la propuesta junto a la seguridad operativa). Para eso, la currícula fue diseñada de manera conjunta con profesionales del sector con el fin de definir qué habilidades se necesitan.
“Es un proyecto que no tiene techo”, concluyó. La frase sintetiza no solo una expectativa de crecimiento, sino también la idea de un modelo que puede escalar, replicarse y adaptarse a otros sectores estratégicos del país.