“El aula es mucho más que el lugar en donde se produce la enseñanza y el aprendizaje. Es un territorio de vínculos, de tensiones, de afectos, de crecimiento, de desarrollo”, reflexionó Patricio Zunini para dar paso a una charla con Luciano Lutereau que desarrolla su mirada educativa desde la psicología y la filosofía.
Desde el rol de la escuela y la familia, la evolución de los docentes fuera de un rol maternal, el uso de las pantallas, el para qué estudiar o los motivos de mayor consulta psicológica son algunos de los temas que se recorrieron en esta reflexiva conversación.
El pasaje de niño a alumno- de la crianza a la educación
La escolarización es un proceso que si bien en el nivel inicial marca un punto de inicio cada vez más temprano-dadas muchas veces las presiones del mundo laboral-; es en la primaria donde sucede un cambio más complejo y profundo que impacta en el “entrenamiento” de convertirse en estudiante.
Para Lutereau existe un “gris”; donde antes se planteaba que un niño de 6 años estaba preparado para ser alumno, hoy se visualiza que es a los “9, diez, once o doce, quizás ya de salida de la primaria, que recién muchas veces los niños están en condiciones de ser alumnos propiamente. Hablando a veces incluso en la secundaria también.”
Y agregó: “Aparece la escuela como espacio de convivencia, espacio de encuentro, de adquisición progresiva de los roles. Es el pasaje, podríamos decir, de la crianza a la educación. Creo que en ese solapamiento podríamos decir que la crianza empezó a ingresar a la escuela y la escuela es en un primer tiempo también una institución que nos guste o no prolonga la crianza. Antes la separación o la distinción era nítida: La crianza en la casa, la educación en sentido estricto en la escuela.“
Un cambio sobre qué pasa en la escuela con los chicos
“La escuela era el espacio donde progresivamente se adquiría el amor al saber. Sabemos que eso se sostenía a su vez desde un vínculo, pero que hoy en día muchas veces el vínculo es más importante que el amor al saber.”, planteó el Dr de la UBA.
Y destacó: “Esto implica también que como espacio de convivencia, de socialización, de armado de grupo; sobre todo en lo que tiene que ver con la relación con los pares, también es una pregunta muy importante hoy en día, porque históricamente la consulta, desde mi punto de vista como psicoanalista, la consulta por un niño tradicionalmente era por temas de aprendizaje.”
“Hoy en día la consulta es mucho más frecuente por cuestiones que tienen que ver con la permanencia en el aula, la relación con los compañeros, el modo de estar con otros”, subrayó.
Las “nuevas maestras” y el espacio de la escuela
“Creo que hay una distancia grande entre la vieja maestra del inicio de la escolaridad, que sí, era un perfil muy específico”, planteó Lutereau ante la pregunta de Zunini sobre esa “maestra como mamá, o como tía” en referencia a Paulo Freire y esa “transferencia” que se genera al considerar al educador como parte de la familia
El especialista en Psicología y Psicoanálisis subrayó el dinamismo del nuevo rol de los docentes planteando que “hubo transformaciones culturales; y cómo hoy en la sociedad pensamos que la mujer no necesariamente tiene que ser madre, de la misma forma la maestra no necesariamente tiene que encarnar un rol maternal. Y hay otras formas de pensar ese vínculo, lo cual me parece que es bastante positivo, como desmaternalizar a la docente, sumado también a la presencia de varones también, con un rol protagónico.”
“Creo que en ese punto eso lleva a una segunda cuestión, que me parece que también tiene que ver con lo afectivo; no necesariamente es lo afectivo pensado en clave familiar, sino que también es lo afectivo con el espacio. Me parece que una cuestión que yo noto en este tiempo es que para muchos chicos es todo un tema a veces el haber cambiado mucho de escuela, el haber estado un tiempo en una, un tiempo en otra.”, reflexionó.
También planteó que en este vínculo afectivo que se genera “se vuelve más interesante pensar es la escuela como segundo hogar, como lo que es una pertenencia extra familiar, donde ahí es más claro que si la escuela es un segundo hogar, eso descentra el mundo familiar. Y eso me parece que es importante, sobre todo para los niños, en la medida en que se abre un horizonte nuevo, los chicos empiezan a pensarse en relación a una realidad mucho más amplia.”
“La otredad”
Entender no solo el yo y el mundo más allá del hogar es un proceso que se inicia desde muy pequeños, pero también se avanza en entender la diferenciación “Y esa diferencia puede ser la diferencia sexual, pero puede ser la diferencia en los más diversos sentidos, la diferencia de edad, la diferencia de escuela. También es interesante cuando los chicos empiezan a tener amigos que no son de sus espacios. Algunos chicos incluso tienen más amigos fuera de su escuela que en su escuela.”, planteó Lutereau.
“Todo lo que motive diferencia es hablar del deseo. Y creo que en ese punto, para no anclarse tan directamente en la cuestión del desarrollo puberal y después la adolescencia como transformación o elaboración psíquica de la pubertad, porque también lo que creo que se constata de un tiempo a esta parte son dos cuestiones. Por un lado, desarrollos prepuberales.”, señaló.
Y explicó: “Empezamos diciendo que a algunos chicos les toma más tiempo convertirse en alumnos, pero al mismo tiempo tenemos un movimiento que de forma regrediente hace que se desarrollen antes de la edad en la que están preparados para ese desarrollo. Y después también ocurre que puede haber un desarrollo físico sin que eso se acompañe del desarrollo psíquico. Si nos vamos a la secundaria, ya tienen una edad en la que físicamente se han desarrollado, pero psíquicamente, sin embargo, son más chicos.”
Otro de los grandes temas que surgió fue el impacto de la pandemia en esa otredad y la relación con los pares. Y cómo eso disparó nuevas preguntas como el uso de las pantallas en el aprendizaje.
Los temas de mayor consulta psicológica en niños y adolescentes
“En niños pequeños la consulta está principalmente relacionada con cierto lentecimiento del crecimiento, todo lo que tiene que ver con la adquisición de hábitos tempranos, desde el control de esfínteres hasta el dormir. No es raro que también a un niño al que le cuesta ser alumno tenga algún tipo de dificultad en relación a la alimentación, al tema de cómo duerme, como va al baño y demás”, reflexionó.
Y agrega: “Después ya en la etapa propiamente escolar, de seis a 12 años, la cuestión vincular. El modo de estar con otros, de cómo hacerse amigos, cómo relacionarse, inhibiciones muy grandes. O no inhibiciones, sino directamente que no haya, por ejemplo, la excesiva dependencia tecnológica que hace que directamente no haya lazo con los otros.”
“Y después cuando ya son un poco más grandes, la consulta post puberal, por decirlo así, cuestiones que tienen que ver con la impulsividad, con la cuestión de la regulación emocional, también con cierta dificultad para poder pensarse a sí mismos. Creo que también algo propio de la educación, del espacio educativo, mejor dicho, es lo formador que es para el yo.”, resaltó.
¿Para qué?, aulas heterogéneas y límites
“La pregunta del para qué de los chicos es legítima, porque la pregunta no es cuál es el valor de este contenido en el sentido de justificarme, no sé por qué estudiar historia de los egipcios tiene un valor en sí mismo, sino que esa pregunta se basa en ¿y qué efectos voy a producir en el mundo con esto? Yo creo que es una pregunta que es muy legítima”, señaló Lutereau; en especial en este presente en el que “hoy en día la forma de producir efectos en el mundo no es a través del conocimiento. Y entonces, claro, ¿para qué sirve el conocimiento? Y ahí es que volvemos a preguntarnos todo.” Y destacó que las dos grandes consultas que suelen surgir en terapia son sobre el “qué hacer, no sé qué me pasa” . Y después está la consulta narrativa a partir de una experiencia o sentimiento: “Y eso arma dos sujetos completamente distintos”.
Con respecto al tema de aulas heterogéneas, Lutereau advirtió que: “Creo que este es el tiempo en el que se está discutiendo si es lo mismo integración, que inclusión, que diversidad. Son términos que en un tiempo se usaron de forma equivalente, como que se usaron todos los términos y todo eso es bueno.”
Y reflexionó: “¿Hasta dónde vamos a abrirnos a lo diverso? ¿Hasta dónde deberíamos abrirnos a lo diverso para no caer en un relativismo total? además de resaltar lo “valioso del no” que no es “privativo sino constitutivo”. “El no no es algo que necesariamente restringe, implica encontrarse con una posición”, aseguró.
Por último, Lutereau mencionó: “Se vuelve necesario un nuevo contrato de la familia con la escuela; antes era un cheque en blanco”. Y planteó que hoy “Hay una gran interpelación de lo que están haciendo en la escuela y también en la casa”; de una necesidad mutua para poder crear un nuevo paradigma y pacto. Y destacó que si bien los docentes hoy están muy comprometidos también muchas veces son “Una voz en el desierto. No es que la familia es anti escuela; sino que el mundo es anti escuela”.