Hasta el 12 de junio, cuando se anunció el acuerdo entre Estados Unidos e Irán para terminar la guerra en el Golfo Pérsico, a los surtidores argentinos solo se había trasladado parcialmente el aumento del precio internacional del crudo. “Entre febrero y marzo el WTI subió 41,7%, mientras que la nafta súper de YPF en CABA aumentó 24,2%; en otras palabras, el precio de surtido trasladó cerca del 58% del aumento porcentual del crudo”, precisa un análisis del ingeniero Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral.
Ante la pregunta sobre si debido a la fuerte baja del crudo en la última semana debería bajar la nafta en la Argentina Carnicer precisa que la caída del WTI desde USD 84,88 el barril a USD 76,54 a mediados de esta semana (esto es, una reducción del 9,8%), si se aplicara con la misma elasticidad observada en marzo, tras el aumento inicial, “el precio de la nafta súper tendría un margen teórico de reducción de aproximadamente $117 por litro, hasta cerca de $1926 por litro y una traslado pleno llevaría el litro a cerca de $1.842 el litro, poco más de $200 menos que el precio vigente.
Sin embargo, advierte el análisis, “ese escenario debe leerse solo como referencia teórica, porque el precio final de la nafta no está compuesto únicamente por crudo”.
PUBLICIDAD
Carnicer recuerda que después del aumento inicial de marzo el precio de la nafta quedó casi congelado en la Argentina “frente a un WTI todavía alto”. De hecho, observó, “en abril y mayo el crudo continuó en niveles elevados, pero la nafta no repitió nuevos saltos. Esto muestra que el mercado local amortiguó el shock, ya sea por política comercial, márgenes, impuestos, o decisiones de estabilización. La contracara es evidente: si el aumento no se trasladó en forma plena cuando el crudo subía, tampoco es automático que la baja se traslade plenamente cuando el crudo cae. Pero sí abre una discusión legítima sobre cuánto margen existe para reducir o, al menos, evitar nuevos aumentos”.
Según el análisis, la discusión de fondo “no es técnica solamente, es también de reglas de mercado. Si el surtidor se ajusta cuando sube el petróleo, el consumidor tiene derecho a esperar algún grado de simetría cuando el petróleo baja. Esa simetría no tiene por qué ser perfecta ni inmediata, pero debería ser explicable. En la Argentina, el precio de la nafta funciona como un precio sensible: impacta en costos logísticos, expectativas inflacionarias y percepción pública. Por eso, cuando el WTI cae en pocos días, la pregunta ya no es si se justificaba el aumento de marzo, sino qué parte de la baja internacional puede llegar al consumidor y en qué plazo”.
En esa lógica agrega, si bien es cierto que en marzo los precios internos de las naftas absorbieron solo una parte del shock del crudo y que luego se mantuvieron contenidos, también lo es que “la baja reciente del WTI abre una ventana para revisar precios; no necesariamente para una baja plena, pero sí para evaluar una reducción parcial o, como mínimo, para evitar nuevos aumentos mientras el crudo se estabiliza en niveles menores”.
PUBLICIDAD
Por otra parte, un proyecto ingresado al Senado propone reducir el peso de los impuestos nacionales sobre los combustibles. La iniciativa fue presentada por el senador nacional santacruceño José María Carambia y contempla dos modificaciones centrales: 1) mantener y fortalecer el tratamiento diferencial para determinadas zonas del sur argentino, y 2) reducir a la mitad la alícuota del impuesto a los combustibles líquidos en el resto del país.
Los análisis y propuestas, en cualquier caso, están sujetos a la evolución concreta del conflicto en el Golfo, que pueden ir en contra del acuerdo anunciado por el presidente de EEUU, Donald Trump. Este sábado el régimen iraní anunció un nuevo cierre del Estrecho de Ormuz -por donde circula más del 20% del comercio internacional de petróleo- por los ataques israelíes contra el grupo terrorista Hezbollah en el Líbano.