En un contexto de salarios retrasados, ¿cuáles son las perspectivas del consumo para este año?

La pérdida de poder adquisitivo de los ingresos de las familias y la falta de financiamiento frenarán en el ritmo de expansión del mercado interno. El impacto ya se siente en los supermercados

Para 2023, el consumo estará supeditado a la evolución del salario real y a la continuidad de los programas como Precios Justos

A pesar de las reaperturas de paritarias en los últimos meses del año, la confirmación del dato de inflación levemente por encima de 5% echa por tierra las retenciones expectativas de que los salarios hayan empatado la carrera con los precios. Y, con ello, las perspectivas del consumo interno tienden a una brusca desaceleración, según anticipan los consultores especializados.

Si bien el conjunto de trabajadores en relación de dependencia del sector privado se aproximó más a los índices de inflación, con una diferencia negativa en torno a los 3 puntos, tanto los salarios públicos como los informales tuvieron retrocesos más marcados. Estos últimos, incluso, soportan un atraso de 22 puntos porcentuales (avanzaron 54% hasta octubre contra 76% que lo hizo la inflación en ese periodo, último dato oficial del Indec.

En ese contexto, el consumo masivo se queda sin el principal motor que lo impulsó durante el primer semestre de 2022 e hizo que cerrara el año con un indicador positivo que algunos analistas proyectan en 8,5% anual. Esa performance, advierten, se volvió insostenible.

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“Con salarios que este año irán quedando relegados de la inflación, familias que ya están sobre financiadas por los programas Ahora, tarifas de servicios y transportes en alza y los precios de la canasta que continuarán en aumento, el consumo este año crecerá sólo un 1,7%, lejos de la bonanza del 8,5% que exhibió en 2022″, pronosticó en un informe reciente la consultora Abeceb.

En el análisis, el equipo que conduce el economista y ex ministro Dante Sica, apuntó que las ventas en los supermercados se incrementaron el año pasado un 1% en términos reales respecto a 2021, presionadas por el menor poder adquisitivo de los consumidores que llevó a que más familias reacomodaran hábitos de consumo y recortaran gastos. “Más del 50% de la población disminuyó las compras de bienes básicos del rubro alimentos y bebidas, que cerraría el año con una producción cercana al 4,1%”, sostuvo la consultora.

Para 2023 se espera una desaceleración. El consumo estará supeditado a la evolución del salario real y en alguna medida a la continuidad de los programas como Precios Justos, que pisen los precios de la canasta básica y también la caída del consumo.

La venta de electrodomésticos se desaceleraría menos que otros rubros pero es altamente dependiente del financiamiento

Esa desaceleración se enmarca en dos años que se evidencian muy distintos: en 2022, el PBI cerrará con un crecimiento del 5,5% impulsado por un mejor primer semestre pero con desaceleración de la actividad a partir del segundo, como indican todos los datos oficiales; mientras que 2023, arrastra poca inercia y podría terminar en apenas 1 punto.

El consumo tiene dos factores claves: el poder de compra de los salarios y las opciones de financiamiento. En ese marco, el salario real del sector privado en 2022 no perdió lo esperado contra la inflación debido a la apertura de paritarias y negociaciones permanentes, lo que explica en parte el sostenimiento del consumo masivo y de bienes semi durables.

Por su parte, la extensión de los Ahora 12, 18, 30 y todas sus variantes, incentivaron el consumo de electrodomésticos y electrónica de consumo como resguardo de valor, pero, sobre todo, como una alternativa para colocar los pesos excedentes ante un escenario con distorsión de precios relativos y alta inflación.

Por eso, el año pasado cerró con un balance positivo aunque con claros signos de desaceleración a partir de julio. Más allá de los magros resultados en supermercados, también es válido analizar otros sectores, aún más dependientes del crédito al consumo.

Por caso, Abeceb pone el foco en el sector automotriz. El mercado de vehículos 0 km cerró 2022 superando 407 mil unidades vendidas -un 6,7% por encima de 2021-, con una participación récord de los vehículos nacionales (57,7% vs. 38% promedio de los últimos diez años) como consecuencia de las fuertes restricciones a las importaciones.

Otro sector clave es el de la electrónica y electrodomésticos. “En términos de producción, electrodomésticos y electrónica de consumo cierra 2022 con un incremento interanual del 10,1% y 9,1% respectivamente traccionado por el mercado doméstico ya que más del 90% de la producción tiene como destino el mercado local”, dice el informe y agrega que no será el sector que más sufra el menor ritmo de actividad ya que “si bien para 2023 se espera una leve desaceleración en la producción, se mantendría en números positivos con 9,3% para electrodomésticos y 5% para electrónica de consumo”.

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