
Joseph Stiglitz, premio Nobel y padrino intelectual del ministro Martín Guzmán, salió a respaldar a la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, ante las acusaciones por haber favorecido a China como funcionaria del Banco Mundial.
En una nota de opinión, Stiglitz señaló que “hay movimientos para reemplazar o al menos debilitar en gran medida a Kristalina Georgieva, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional desde 2019″.
“Se trata de la misma Georgieva cuya excelente respuesta a la pandemia proporcionó rápidamente fondos para mantener a los países a flote y hacer frente a la crisis sanitaria, y que abogó con éxito por una emisión de 650.000 millones de dólares de “dinero” del FMI (derechos especiales de giro, o DEG), tan esencial para la recuperación de los países de ingresos bajos y medios”, indicó Stiglitz en un artículo del Project Syndicate.
Además, destacó que ella “ha colocado al Fondo en una posición de liderazgo mundial para responder a la crisis existencial del cambio climático”.
“Por todas estas acciones, Georgieva debe ser aplaudida. Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Y quién está detrás del esfuerzo por desacreditarla y destituirla?”
Al respecto, Stiglitz indicó que “el problema es un informe que el Banco Mundial encargó al bufete de abogados WilmerHale en relación con el índice anual Doing Business del Banco, que clasifica a los países según la facilidad para abrir y operar empresas comerciales. El informe contiene acusaciones -o más bien “indicios”- de incorrecciones que implican a China, Arabia Saudí y Azerbaiyán en los índices de 2018 y 2020″.

“El único resultado positivo del episodio puede ser el fin del índice. Hace un cuarto de siglo, cuando era economista jefe del Banco Mundial y Doing Business era publicado por una división separada, la Corporación Financiera Internacional, pensé que era un producto terrible. Los países recibían buenas calificaciones por sus bajos impuestos de sociedades y sus débiles regulaciones laborales”.
“Las cifras eran siempre imprecisas, y los pequeños cambios en los datos podían tener grandes efectos en las clasificaciones. Los países se enojaban inevitablemente cuando decisiones aparentemente arbitrarias les hacían descender en la clasificación”, señaló el economista.
“Habiendo leído el informe de WilmerHale, habiendo hablado directamente con las personas clave implicadas y conociendo todo el proceso, la investigación me parece un trabajo para quitarse el sombrero”, dijo Stiglitz.
“En todo momento, Georgieva actuó con total profesionalidad, haciendo exactamente lo que yo habría hecho (y que en ocasiones tuve que hacer cuando era economista jefe): instar a quienes trabajaban para mí a que se aseguraran de que sus cifras eran correctas, o lo más precisas posible, dadas las limitaciones inherentes a los datos”, aclaró.
Al respecto, dijo que “el personal del Banco hizo exactamente lo que Georgieva le ordenó y volvió a comprobar las cifras, introduciendo minúsculos cambios que condujeron a una ligera revisión al alza”.
En este sentido, opinó que “si el objetivo hubiera sido asegurar la ampliación de capital, la mejor manera de hacerlo habría sido bajar la clasificación de China”, aseguró.
“El verdadero escándalo es el propio informe de WilmerHale, y cómo David Malpass, el presidente del Banco Mundial sale indemne”, disparó Stiglitz.
“El informe señala otro episodio -un intento de mejorar a Arabia Saudita en el índice Doing Business de 2020- pero concluye que la dirección del Banco no tuvo nada que ver con lo ocurrido”.
“No es de extrañar que haya personas que no estén contentas con el rumbo que ha tomado el FMI bajo la dirección de Georgieva. Algunos piensan que debería ceñirse a su labor y no preocuparse por el cambio climático. A algunos no les gusta el cambio progresivo, con menos énfasis en la austeridad, más en la pobreza y el desarrollo, y una mayor conciencia de los límites de los mercados”.
“Muchos actores del mercado financiero están descontentos porque el FMI parece no actuar con la misma contundencia que un cobrador de créditos - una parte central de mi crítica al Fondo en mi libro La globalización y sus descontentos”. Al respecto, dijo que “en la reestructuración de la deuda argentina que comenzó en 2005, el Fondo mostró claramente los límites de lo que el país podía pagar, es decir, cuánta deuda era sostenible: Como muchos acreedores privados querían que el país pagara más de lo que era sostenible, este simple acto cambió el marco de negociación”.
Además, “existen rivalidades institucionales de larga data entre el FMI y el Banco Mundial, acrecentadas ahora por el debate sobre quién debe gestionar un nuevo fondo propuesto para “reciclar” los DEG recién emitidos de las economías avanzadas a los países más pobres”.
“Se puede agregar a esta mezcla la vertiente aislacionista de la política estadounidense -encarnada por Malpass, una persona nombrada por Trump- combinada con el deseo de socavar al presidente Joe Biden creando un problema más para una administración que se enfrenta a tantos otros desafíos”.
Stiglitz advirtió que “las intrigas políticas y la rivalidad burocrática son lo último que necesita el mundo en un momento en que la pandemia y sus consecuencias económicas han dejado a muchos países enfrentados a crisis de deuda. Ahora más que nunca, el mundo necesita la mano firme de Georgieva en el FMI”.
Respaldo de Sachs
En la misma sintonía, otro economista de Columbia, Jeffrey Sachs, sostuvo que “el acalorado ataque contra la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, no tiene que ver realmente con la supuesta inviolabilidad de los datos del Banco Mundial ni con la calidad de su gestión”.

“Se trata del papel de China en una institución multilateral con sede en Washington. Muchos congresistas estadounidenses quieren que Georgieva se vaya porque no es una enemiga declarada de Pekín”, dijo Sachs en una columna publicada en el Financial Times.
Según tres congresistas republicanos, en su carta a la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, las acusaciones contra Georgieva “ilustran cómo el partido comunista chino, en busca de su propio interés, socava instituciones multilaterales como el Fondo, la Organización Mundial de la Salud y las Naciones Unidas”.
Tanto Stiglitz como Sachs han sido fervientes soportes de la reestructuración de la deuda argentina con los bonistas, sin demasiado resultado; si Georgieva renuncia o queda debilitada, no será una buena noticia para el gobierno argentino en sus negociaciones con el Fondo.
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