
Durante el mes de junio, el Banco Central puso en la calle 50 millones de nuevos billetes de $1.000, 2 millones de billetes de $500, 12 millones de unidades de $200 y otros 540 millones de billetes de $100. Esa enorme cantidad de billetes se fabricó en la Casa de la Moneda, donde un brote de contagios de coronavirus puso trabas a la sensible tarea de fabricar el dinero.
El organismo estatal cuenta con dos plantas industriales, su histórico edificio ubicado en Retiro y la planta de la ex Ciccone, situada en Don Torcuato. Y en sus oficinas admitieron que se registraron contagios en ambas plantas pero que las situaciones son bien diferentes.
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Desde el inicio de la pandemia, en Retiro se registraron 4 casos: 2 de ellos ya han retornado al trabajo y otros 2 se encuentran aislados en sus domiclios. La situación de la ex Ciccone, en cambio, es más compleja; se registraron 31 contagios y la producción debió detenerse por completo en dos oportunidades, la última vez el parate llegó a 4 días.
La aparición de los primeros casos llevó a la empresa, un par de semanas atrás, a realizar un testeo rápido a 140 empleados de las áreas involucradas, que arrojó como resultado 25 casos positivos. Los protocolos sanitarios se intensificaron y se obligó a la totalidad del personal a no utilizar el transporte público para minimizar riesgos. Quienes poseen vehículo propio, reciben vales de combustible; los empleados que no los tienen, van y vienen de sus casas en remises o taxis pagados por la empresa.
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“En Retiro hace dos semanas que no tenemos ningún caso nuevo. En Don Torcuato, hoy estamos trabajando con el 70% del total de nuestro personal”, explicó a Infobae una fuente del organismo, que agregó que hay buen diálogo con los sindicatos para manejar una situación de tanta sensibilidad.

La Casa de la Moneda protagoniza una de las actividades de alta sensibilidad que no vieron limitado su funcionamiento a través de las distintas fases de la cuarentena. Pero la emergencia sanitaria se cruza con las carencias el país del “solo efectivo”: la ayuda social decidida por el gobierno mediante diversas medidas, como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) de $10.000, requiere de billetes impresos a tiempo para que las redes de cajeros automáticos estén abastecidas.
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Por tal motivo, las plantas están diseñadas para trabajar con 3 turnos de 8 horas para producir las 24 horas de los 7 días de la semana. La pandemia obligó, además, a una precaución extra: tener a equipos en situación de reserva. “Suena crudo decirlo, pero nosotros no podemos parar demasiado tiempo, aunque haya infectados. Los 30 contagiados no afectan la producción. Para las áreas críticas tenemos personal que está esperando en su casa; si tenemos que dejar en cuarentena a un equipo porque estuvo en contacto con un caso, hay otro equipo igualmente calificado para reemplazarlo”, explicó un conocedor de ese funcionamiento.
Provisión de billetes
¿Pueden las dificultades sanitarias de la Casa de la Moneda dificultar la provisión de billetes? La respuesta es tan provisoria como el propio avance de la pandemia. Fuentes del organismo aseguran que las detenciones en la fábrica de Don Torcuato no afectarán el abastecimiento. La planta de Retiro es la más relevante: es allí donde se hace el proceso de “terminación” de los billetes.
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Al mismo tiempo, la enorme demanda de efectivo generada por el pago de las distintas ayudas sociales generó la clásica tensión entre el Banco Central y las entidades financieras para aprovisionarse de billetes. Ocurre que es habitual que, ante la duda, los bancos busquen sobrestockearse de billetes y le pidan al BCRA por encima de lo que necesitan.
En las últimas semanas, apuntan en el sector financiero, el BCRA ha entregado generosamente a los bancos billetes de 100 pesos y ha escatimado los de 500 y 1.000, lo cual ha provocado airadas quejas desde las entidades financieras.
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En junio, como ya se mencionó, el Central puso en la calle $50.000 millones en billetes de $1.000 y $54.000 millones en billetes de $100, mientras que los bancos preferirían que los primeros fueran muchos más que los segundos. La razón es clara: llenar los cajeros con billetes de baja denominación implica mayores costos de transporte de caudales y seguridad que hacerlo con billetes de $500 o $1.000. Pero el BCRA eligió tomar sus precauciones y trata de armar su propio stock de los billetes más grandes. El dinero debe alcanzar para todos y la demanda no para de crecer.
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