Dinamarca es un país pequeño en términos de superficie, pero inmenso en materia económica: con una renta per cápita cercana a los 36.000 dólares, sus casi 6 millones de habitantes gozan de una gran calidad de vida. En la cuna de la famosa marca de juguetes Lego, el comercio exterior equivale a dos tercios del PBI; la mayor parte del volumen total de las transacciones comerciales se lleva a cabo con otros países miembros de la Unión Europea.
¿Pero cómo lo ha conseguido? Las decisiones políticas y económicas han sido estratégicas y sostenidas: la primera gran apuesta ocurrió, como sucedió en Noruega y en Suecia, en 1973. La crisis del petróleo dejó al desnudo la dependencia del combustible fósil razón por la cual se decidió hace casi 50 años a apostar a las energías renovables. No sólo se acrecentó la inversión e investigación en este tipo de abastecimiento, sino que a través de incentivos se alentó a la población a reducir el consumo, ni más ni menos que una política clara de eficiencia energética.
El resultado fue promisorio: desde 1980 se mantiene el consumo mientras la economía creció un 80 por ciento y redujo el 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Pero Dinamarca va por más, quiere ser país neutro de carbono (que emite la misma cantidad de gases de efecto invernadero que captura) para 2025. El objetivo es que Copenhague, su capital, sea la primera capital del mundo en conseguirlo y para ello ha centrado sus esfuerzos en reestructurar el suministro de energía, agilizar el transporte verde y asegurar que los edificios, tanto públicos como privados, sean energéticamente eficientes.
La ciudad, que participa activamente de la red de ciudades sustentables C40 -de la que Buenos Aires también forma parte-, además de mostrar desarrolladas políticas de movilidad urbana, apostó hace muchos años a hacer más eficiente la calefacción y la refrigeración de los hogares. Este gasto energético residencial es, en general en las grandes ciudades, de los más contaminantes en términos de emisiones de gases contaminantes. Debido a su geografía, Dinamarca debe en invierno afrontar temperaturas muy bajas que se prolonga casi por seis meses.
En Copenhague los residuos orgánicos (hay un gran sistema de reciclado y recolección de basura) se incineran en plantas de termovalorización. "El sistema de calefacción urbana de Copenhague es uno de los más grandes, antiguos y exitosos del mundo, suministrando al 97% de la ciudad una calefacción limpia, fiable y asequible", sostiene C40 en uno de los artículos donde explica el éxito del modelo danés.
"El calor residual, normalmente enviado al mar como subproducto de las plantas de incineración y las plantas de cogeneración, se bombea a través de una red de tuberías de 1.300 km directamente a los hogares. El sistema mantiene la temperatura del agua de los radiadores proporcionando a los hogares el calor barato de un producto de desecho", explica.
"En 1984, cinco alcaldes (Copehagen, Frederiks-berg, Gentofte, Gladsaxe y Taarnby) decidieron crear un sistema común de calefacción urbana que proporcionaría calefacción limpia y asequible a los hogares municipales de sus regiones. Para ello, establecieron una asociación con la Metropolitan Copenhagen Heating Transmission (CTR), que gestiona el sistema en colaboración con una empresa afiliada en el oeste de la ciudad, conocida como VEKS. La red calienta ahora a varios municipios – Copenhague recibe el 70% de su calor total", agrega.
La movilidad es la otra gran herramienta para reducir emisiones. A pesar de la adversidad climática, Dinamarca le pelea a Holanda las marcas que muestran cómo sus habitantes prefieren movilizarse en bicicleta. Es que el Plan Climático se articula en torno a cuatro pilares: consumo de energía, energía, movilidad y administración municipal.
"Parques eólicos, sistemas de calefacción eficientes en toda la ciudad, eficiencia energética y el desarrollo de redes de transporte público y rutas para bicicletas son algunas de las iniciativas que se están llevando a cabo para acercar a Copenhague a su objetivo de neutralidad de carbono. La primera "superautopista de bicicletas", diseñada para conectar los barrios periféricos y los suburbios con el centro de la ciudad, se inauguró en 2013, y 26 más se desarrollarán en los próximos años. La ciudad también pretende que la calefacción y el enfriamiento urbanos sean neutros en carbono, y recientemente inauguró su primera planta de enfriamiento urbano, que utiliza agua de mar, y planea hasta siete durante el período del plan maestro para satisfacer la creciente necesidad de aire acondicionado de la ciudad", explican en C40.
Lo interesante es que no sólo la capital danesa muestra cifras altas en el uso de este transporte público. En Aarhus, segunda ciudad del país, el 37% de los habitantes en Aarhus viaja en bicicleta diariamente y cuenta con un total de 675 kms. de ciclovías; en Odense, lo hace el 31% de las personas que visitan el centro de la ciudad y constituye el 24% de todo el tráfico y en Aalborg ese porcentaje es del 15%.
"Cuando empezamos con la energía eólica era tan caro producirla que desde un punto de vista económico no tenía sentido. Pero cuando sos un país chico, dependés del mundo que te rodea y tus recursos naturales son limitados, tenés que encontrar otras soluciones. Y la energía eólica era una de ellas. Eso fue hace 45 años y ahora somos capaces de crear energía eólica de una manera en que tiene sentido para el medio ambiente y para la economía. Requirió una inversión grande al principio y muchas lecciones, que ahora otros países ya no tienen que aprender porque nosotros ya hicimos esa parte", dijo el ministro de Agroindustria y Medio Ambiente danés en su visita a la Argentina.
Hoy la energía eólica representa más del 33% del suministro energético de Dinamarca. "De hecho, entre los primeros lugares de interés que reciben a los visitantes aéreos durante el descenso al aeropuerto Kastrup de Copenhague se encuentra una serie de torres eólicas de base marítima. Para 2020, el país azotado por el viento planea obtener el 50% de su energía de la energía eólica", asegura un artículo de Newsweek que dedicó varios artículos al éxito del modelo danés hace un par de años.
Una línea también merece la apuesta a la agricultura orgánica, que representa casi el 20% de sus exportaciones. Este tipo de industria se ha desarrollado de forma importante durante los últimos años, especialmente por los gustos de los consumidores europeos.
Dinamarca adoptó hace décadas el modelo nórdico de economía que se caracteriza por combinar un libre mercado con unas políticas sociales en sus sistemas de seguridad social, servicios de salud y educación. Además, es verde. Tal vez sea una de las razones por las cuales su capital suele estar entre las ciudades con mejor calidad de vida del planeta.