La confesión de Yaya Touré sobre la pelea en el vestuario del Manchester City durante la temporada 2010-2011 desveló el punto de quiebre que transformó la mentalidad de un club, hasta entonces sin tradición de éxitos, según contó el excentrocampista en una entrevista con el pódcast especializado High Performance.
En esa semifinal de la FA Cup ante el Manchester United, en el estadio de Wembley, Touré relató cómo un enfrentamiento físico entre jugadores modificó para siempre la dinámica interna del equipo inglés Manchester City.
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En el descanso de aquel partido, una pelea a golpes marcó el momento decisivo que permitió abandonar la actitud conformista y encendió el deseo de victoria en la plantilla, iniciando el cambio de rumbo para el club.
El choque de culturas en el vestuario
Después de llegar procedente del club español Barcelona, Touré se enfrentó a una cultura donde perder no generaba autocrítica. Contó en el pódcast High Performance: “Cuando llegué, tras perder un partido, muchos compañeros se reían en el tren de vuelta y yo no entendía nada”. Esta falta de exigencia resultó incómoda tanto para los nuevos fichajes como para quienes venían de equipos más competitivos.
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“Perdíamos 3-0 y algunos lo tomaban con normalidad. Llamé a mi hermano Kolo y le pregunté por qué aquí se podía perder y nadie decía nada”, relató. El contraste con el ambiente del Barcelona, donde nadie celebraba un empate, era total.
Junto a Silva, Carlos Tévez y otros refuerzos, Touré intentó “contagiar otra forma de vivir la competencia”. “Empezamos a cenar juntos, a hablar sobre lo que debía ser un equipo grande. Había pequeños grupos, pero luego logramos unirnos. Fue necesario cambiar de raíz la actitud”, afirmó.
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La pelea en Wembley y el punto de quiebre
El factor determinante llegó en el entretiempo de la semifinal de la FA Cup frente al Manchester United, en Wembley. Touré recordó: “No estábamos jugando a nada. United nos estaba avasallando. En el vestuario explotamos. Tuvimos que pelear, tuvimos que llegar a los golpes para despertar y darnos cuenta de que así no podíamos seguir”.
El marfileño relató: “Carlos Tévez saltó sobre uno de los compañeros, hubo empujones, gritos, gente separando… estaban Kompany, Lescott, Vieira intentando calmarnos, pero era intenso y necesario”. Roberto Mancini, el entrenador, presenció la escena sin intervenir al principio, según Touré: “A veces el técnico debe dejar que el vestuario resuelva estas cosas. Los jugadores supimos reaccionar y asumir la responsabilidad”.
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No se trató de una simple riña, sino de una rebelión interna que funcionó como detonante de una transformación total: “Después de esa bronca, salimos al campo y jugamos como nunca. Ganamos y, desde entonces, fuimos otro equipo”.
La transformación del Manchester City tras la pelea
Touré reconoció que “ese día fue el catalizador” que impulsó al club hacia una nueva mentalidad. “A partir de ahí, disfrutamos de ganar y ya no toleramos las derrotas. Cuando perdíamos, nadie se reía; ya no era gracioso”.
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Según su visión, el mejor ejemplo se dio en la temporada 2012, cuando el City remontó ocho puntos al United y conquistó su primera Premier League. “Comprendimos que la victoria exigía otra actitud, otra entrega”, afirmó.
En retrospectiva, Touré subrayó el valor de ese cambio en diálogo con High Performance: “Lo importante es que el City se convirtió en un grupo de ganadores. Aquella pelea, lejos de separarnos, nos hizo más fuertes”.
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El legado de Yaya Touré y sus compañeros se refleja aún en el club, que a partir de ese momento consolidó su identidad sobre la exigencia y el deseo constante por la victoria. Ahora ganar se volvió prioridad y la unión fue fundamental siempre.