El de ayer no fue un partido más. No por lo que representa un Superclásico con serie eliminatoria incluida, sino por la fiesta que se vivió en las tribunas. Sí, así como en los 80, 90 y principios del 2000 reinaba el folclore, en Córdoba hubo cargadas, hubo colorido, hubo telones... Uno festejó y el otro se la bancó. ¿Se puede? ¡Se puede y se debe!
Este 21 de abril de 2024 puede llegar a ser recordado como el día en que se extinguieron los tiktokers en las canchas del fútbol argentino. No es por despotricar contra la tecnología ni el piberío al que parece emocionarle más la suerte deportiva de un equipo europeo que el que pudo mamar acá por mandato familiar o herencia. El de un padre, un tío o un abuelo. Pero los futboleros de ley tienen que ser sinceros: resulta exasperante la utilización desmedida de los teléfonos celulares de un tiempo a esta parte.
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Es indefectible el hecho de que todos porten su aparato, que hasta en algunos ingresos a las canchas es requerido obligatoriamente para exhibir un QR como entrada. Está bien. La crítica está dirigida hacia un sector puntual, ese que filma los recibimientos, la salida de los equipos, las jugadas fallidas, los errados, los tumultos, las cargadas de la hinchada (incluso negociando dejar en ridículo a la propia con tal de sumar likes en redes sociales) y más. Y existen aún peores especies: los que filman los penales, primos de los que gritan los goles antes de que se concreten. No tienen sensibilidad. No tienen patria.
Sí, es cierto. El Producto podrá fallar en muchas cosas. ¿En qué otra parte del mundo hay 28 equipos jugando una liga de primera división? Es verdad que a veces los campos de juego no están en las mejores condiciones y afectan al espectáculo. Que los esquemas son cada vez más rígidos y mecanizados, lo que lleva a que la gambeta de los habilidosos y su libertad se limite más y más. Que los días y horarios de los partidos pueden ser ridículos, también. Que ahora no solamente los delanteros simulan dentro del área, sino que cualquier mediocampista de marca, defensor áspero y hasta los arqueros roban segundos y minutos si su equipo está siendo acechado por el rival. Está todo en evidencia, OK. Pero ni todo esto junto justifica que en una platea cualquier ser humano tenga la mirada perdida en la pantalla de su teléfono por una partida de Among Us o Candy Crush. Lo que ofrece el público visitante (o concurrencia de ambas hinchadas en cancha neutral) es una colaboración para erradicarla.
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¿Será que las últimas generaciones que disfrutaron del fútbol sin tanta tecnología (y acá incluyo al VAR, que en en algunas ocasiones puede aportar justicia pero en todas resta emoción y espontaneidad) se están poniendo nostalgicas?
Lo de ayer en Córdoba fue una bocanada de aire para el fútbol argentino. Porque los 50 mil fanáticos priorizaron alentar a su equipo, sufrir al lado de los 11 tipos que defendían su camiseta en cancha, dejar de lado los posteos en las redes para cuando terminara el match. Disfrutar la victoria en vivo, no a través de la pantalla, o padecer la cargada estoicamente junto a un par y aceptar la derrota. De eso se trató siempre el fútbol argentino que tanto enamoró a propios y ajenos, con su dosis justa de pasión, complemento perfecto de la grandiosa genética, técnica, táctica y física de sus intérpretes.
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La sinceridad brutal de Chiquito Romero, que no negó sin saber que una pelota había entrado cuando aún tenía dudas; el gesto de Diego Martínez, que fue a saludar al banco a un Martín Demichelis que retribuyó; el fair play de Marcos Rojo, que levantó a su compañero Miguel Merentiel para que evitara hacer tiempo aun estando acalambrado; y el revoleo de banderas y camisetas de los hinchas de River pese al sinsabor de la caída y eliminación son imágenes que invitan a ilusionarse con un fútbol mejor.
Ya lo dijeron los mismos protagonistas: Claudio Tapia (presidente de AFA), Juan Román Riquelme (presidente de Boca) e Ignacio Villarroel (vice de River) en la previa celebraron la concurrencia de ambos públicos. Lo mismo sucedió con Diego Martínez en la conferencia de prensa posterior al 3-2 en el Kempes. Ya se disputó una final entre Estudiantes y River en el mismo escenario, mientras asoma la chance de que la semifinal entre el Pincha y el Xeneize sea allí también. ¿Será momento de que no solo ocurra en instancias finales de copa y con sedes neutrales? ¿Es imposible imaginarse 4.000 o 5.000 visitantes en la Bombonera o el Monumental en el corto plazo, así como también en los otros clásicos más representativos?
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La pasión por el fútbol es parte de la idiosincrasia argentina y marginar a una de las dos parcialidades de cada partido no hizo más que atentar contra la cultura nacional. Las autoridades de turno deberán rever esta historia o puede ser muy tarde. De seguir así, los pibes no serán hinchas de Estudiantes, Boca, Vélez o Argentinos Juniors sino del PSG, Manchester City y Real Madrid.
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