
El de Martín Demichelis es un caso de estudio. Siempre se habló en los pasillos del Monumental de lo traumática que podía llegar a ser la salida de Marcelo Gallardo, uno de los entrenadores más ganadores de la historia de River. Sin embargo, el desembarco de Demichelis inicialmente disipó esa sensación con resultados positivos y buen nivel futbolístico pero evidentemente ello no resultó suficiente: son muchos los hinchas de River que lo miran de reojo y lo cuestionan. Habría que hurgar demasiado para encontrar en el mundo casos similares en los que un técnico recibe críticas aun cuando responde incluso por encima de las expectativas.
Eso sí: se trata de un fenómeno particular, palpable en las redes sociales y no en los estadios donde juega River. De hecho, no se recuerda ningún partido en el que Demichelis haya sido reprobado por los hinchas. Quizás la explicación pueda estar en un dato por demás contundente: River ganó veinte partidos consecutivos en el Monumental hasta la caída por 2 a 1 que sufrió ante Huracán el 3 de noviembre. Luego de ese encuentro, el equipo jugó un solo encuentro como local y fue en la cancha de Independiente, donde igualó sin goles frente a Instituto de Córdoba. Es decir: el marco fue positivo para él en la mayoría de las ocasiones ya que a las canchas solo pueden ir los hinchas locales, salvo en la Copa Argentina y en las instancias finales de la Copa de la Liga.
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Esa larga racha positiva de veinte triunfos en cadena, récord histórico para River, podría explicar tranquilamente la curiosidad de que los hinchas que lo cuestionan solo lo hacen en redes sociales, en las charlas de café o de oficina, o en grupos de Whatsapp; en fin, en los foros riverplatenses más diversos. Las críticas al técnico son en Twitter (hoy X), Facebook, Instagram y demás redes sociales, pero no en las tribunas de las canchas donde juega el equipo. El fenómeno de los cuestionamientos también suele darse al término de los partidos a la salida de la cancha, donde los hinchas expresan sus descontentos ante las cámaras de televisión o los canales de Youtube.
Exigentes por naturaleza, a esos simpatizantes de River no les alcanzan ni el título conseguido por Demichelis en el anterior campeonato local, el primero que dirigió al frente del equipo; ni las victorias ante Boca en los dos Superclásicos del año; ni el hecho de que con el exBayern Munich están invictos en los clásicos (cinco triunfos y un empate ante San Lorenzo) desde que él reemplazó al “Muñeco”; ni que esté al frente del único grande que sigue con vida en la Copa de la Liga (este sábado, a las 22, enfrentará a Rosario Central en una de las semifinales, en el Kempes de Córdoba).
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Por ahora, para esos hinchas parecen pesar más las rápidas eliminaciones de la Copa Libertadores (ante Inter de Porto Alegre, por los octavos de final) y de la Copa Argentina (frente a Talleres de Córdoba, por los 16avos. de final) que el hecho de que, a grandes rasgos, Demichelis es el principal responsable de que la transición post Gallardo esté lejos de ser un trauma para River.
Con todo, hay una realidad: después del título en la Liga anterior, el equipo involucionó en cuanto a su funcionamiento. Lejos de aprovechar el envión anímico para mejorar, dio marcha atrás en su nivel de juego al mismo tiempo que el técnico afrontaba una tormenta en el vestuario, mirado con desconfianza por algunos futbolistas.
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Más allá de la merma en el rendimiento del equipo, y de una fragilidad defensiva que a River solo le permitió mantener el cero en su arco en cinco de los quince partidos que jugó en la actual Copa de la Liga, quienes lo cuestionan también le reprochan cierta impericia y falta de reflejos a la hora de realizar los cambios y ponen el acento en pedir o cuestionar muchos nombres propios.
Le reclaman, por caso, que saque del equipo titular a experimentados como Ignacio Fernández y Manuel Lanzini (lo mandó al banco de suplentes ante Belgrano); le cuestionan la presencia de Santiago Simón como lateral derecho; le reclaman minutos para el uruguayo Sebastián Boselli, marcador central de 19 años al que el técnico considera una apuesta a futuro; y de vez en cuando también caen en desgracia Leandro González Pirez, Paulo Díaz, Milton Casco, Marcelo Andrés Herrera y hasta Franco Armani, el único campeón del mundo en Qatar que juega en el fútbol argentino. También suele pasar que cuando juega el colombiano Miguel Borja (hoy se recupera de un desgarro), le reclaman que ponga al venezolano Salomón Rondón, y viceversa.
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Lo curioso, también, es que los detractores de Demichelis no tienen un candidato con consenso popular para reemplazarlo. Algunos quieren a Gabriel Milito, otros a Eduardo Coudet (hoy en Inter de Porto Alegre), otros a Ramón Díaz (en Vasco Da Gama) y los más osados sueñan con un imposible: la vuelta de Gallardo, recién llegado a Al-Ittihad de Arabia Saudita.
En el medio de ese mar embravecido, Demichelis intenta surfear las olas y sabe que cuenta con un aval potente: los principales dirigentes de River (el presidente Jorge Brito, y los vicepresidentes Matías Patanian e Ignacio Villarroel) lo defienden con la misma firmeza con la que Enzo Pérez sale a disputar cada pelota dividida.
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