Fue campeón con Racing, sufrió un problema en el corazón y volvió al fútbol para consagrarse en el exterior: “Tuve un Dios aparte porque me pudo dar un infarto en la cancha”

Luciano Aued fue uno de los pilares del equipo que formó Diego Cocca cuando la Academia se consagró en 2014. Durante su paso por Chile atravesó un difícil momento de salud que lo alejó de la actividad. “Me pasaban cosas que no eran normales. Cuando entrenaba en doble turno, sentía que me sangraba la nariz”, describió

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Luciano Aued durante su etapa en Racing (Foto: NA)
Luciano Aued durante su etapa en Racing (Foto: NA)

La carrera de Luciano Aued es atípica. En tiempo de capitalismo extremo, en el que los jugadores profesionales cambian de camisetas en cada mercado de pases, el Luli se aleja del negocio marketinero y prefiere asentarse en los clubes con los que se compromete. Desde su debut en Primera en 2007, el volante sólo ha jugado en Gimnasia de La Plata, Racing y Universidad Católica. En diálogo con Infobae, advierte que eso sucede porque apuesta a los proyectos a largo plazo y le seduce el sentido de pertenencia que pueda generar en cada nuevo desafío. El título con la Academia en 2014 y las 7 conquistas que cosechó del otro lado de la Cordillera andina dan cuenta de ello.

Sin embargo, en Chile atravesó situaciones complejas que lo marcaron. La muerte de su padre y el problema cardíaco fueron algunos momentos en los que debió aferrarse a su familia para salir adelante. Y su pasión por el fútbol significó el combustible para encarar una recuperación en tiempo récord y volver a las canchas para demostrar su vigencia.

En la actualidad se entusiasma con un posible The Last Dance en el Cilindro de Avellaneda; pero como no quiere forzar su regreso, analiza otras ofertas en las que pueda aportar su experiencia. Luli Aued es amado en todas las instituciones en las que se desempeñó. Dejó su huella en el Lobo y la U Católica. Pero Racing siempre estará en su corazón. Por ello imagina a Diego Milito como presidente del club y festejó el Mundial de Qatar como si fuera propio porque sus amigos Lautaro Martínez, Marcos Acuña y Rodrigo De Paul fueron parte de la hazaña que consiguió la Scaloneta.

Terminaste un ciclo con la Universidad Católica que tuvo de todo, tanto en aspectos positivos con los 7 títulos, como algunos dolorosos, ¿qué balance hacés de tu etapa en Chile?

—Fueron 5 años y medio en los que me pasó de todo. Con mi familia disfrutamos el nacimiento de mi hija, pero también lamentamos la pérdida de mi papá. En el último tiempo también tuve el problema en el corazón, del que por suerte pude salir adelante. Y en lo deportivo tuvimos la posibilidad de ganar campeonatos… Fueron momentos muy lindos y otros muy duros, en los que hubo que remar mucho. En general, fue un viaje muy bueno que pude cerrar de la mejor manera: con el cariño de la gente y el pedido del club para que no me fuera. Quedé muy conforme porque crecí un montón y aprendí muchas cosas. Fue un paso muy positivo para mi carrera.

¿Cómo fue fueron esos momentos difíciles que van más allá del fútbol en el extranjero?

—Fue muy duro. Con mi señora nos volvimos como un bloque. Como si fuéramos herméticos entre nosotros. Si bien siempre tuvimos la contención del club y de los amigos que formé en el plantel, quienes nos brindaron todo su afecto, era complicado estar lejos de la familia. Se hizo difícil estar en otro país y perder a mi viejo, porque me dolió que no llegase a conocer a mi hija. Hasta el día de hoy pesa, pero también nos sirvió para terminar de afianzarnos como familia y a valorar las cosas lindas. Yo era muy enfermo del fútbol; muy fanático. Casi obsesionado, porque me metía muy dentro de lo que es este deporte, pero después de ese golpe uno se da cuenta de que no pasa todo por una pelota.

¿Cómo reaccionaste cuando te diagnosticaron el problema en el corazón?

—No me lo esperaba. Incluso había arreglado para seguir en el club un año más. Yo venía con dolores en el pecho y en la desde espalda hacía varios meses, pero en los exámenes de rutina no aparecía nada. Como tenía un compromiso muy grande, hacía un sacrificio muy grande para poder estar en mi mejor nivel, pero sin saberlo tenía una arteria tapada y eso con un estudio de electrocardiograma no sale. Gracias a uno de los médicos del club, que me recomendó que me hiciera unos exámenes más avanzados, salió ese inconveniente que tenía. Era raro, porque cuando entrenaba en doble turno sentía que me sangraba la nariz y no era normal. Me acuerdo que ese día había terminado una práctica y me llamaron para darme una noticia. Yo pensaba que había pasado algo relacionado a lo futbolístico, pero cuando me dijeron que me fuera a mi casa porque no podía entrenar más por el problema del corazón, no entendía nada. Me comentaron que tuve un Dios aparte, porque la arteria más grande estaba obstruida y me podría haber generado un infarto dentro de la cancha. No lo pude asimilar de inmediato. Llegué a mi casa llorando, porque no lo podía creer. Se me vino la imagen de mi viejo que murió por esa causa. Me aferré a mi familia, descargué con el llanto y enseguida me puse a buscar la solución. Investigué y estudié del tema; tuve conversaciones con especialistas para empaparme sobre la enfermedad y las posibilidades que tenía para volver a jugar. A los tres días me hicieron la intervención para destaparla y arrancar con la recuperación. En principio me dijeron que podían ser seis meses, pero no me aseguraban nada. De todos modos, cuando me dijeron eso me propuse volver a la actividad en medio año. Tuve la suerte de que mis amigos, mis hermanos, mi señora y mi familia me acompañaron pensando en que iba a volver a los seis meses. Como ellos no dudaron nuca, yo tampoco. Fue una ayuda increíble, porque gracias a esa meta, a los 5 meses ya estaba jugando de nuevo.

¿Nunca te planteaste el retiro?

—No, para nada. Amo tanto lo que hago que nunca se barajó esa posibilidad.

Y cuando volviste a la actividad demostraste una vigencia notable, dado que jugaste la mayoría de los partidos en la U Católica…

—(Suspira) Fue parte del proceso. Mi cardiólogo, que no tenía nada que ver con el deporte, me decía que fuera de a poco. Me propuso que descansara en Argentina un mes para tomar el regreso con más tranquilidad. Me decía que no podía volver a jugar antes de los seis meses. Había que adaptarse al stent y eso llevaba su tiempo, pero yo quería empezar a moverme. Con 34 años estaba inquieto. Fueron varias discusiones con los médicos para que me dejaran volver, y a los doce días de la operación ya había empezado a trotar. Me decían que era innecesario, pero yo quería ir evolucionando dentro de las posiblidades para estar bien en mi regreso. Eso me permitió estar en óptimas condiciones, ya que sólo me perdí dos partidos del campeonato, porque me había contagiado COVID-19. Fue un lindo regreso: cumpliendo objetivos, sin dolores en el pecho y con un final feliz.

Luli Aued en un duelo por Copa Libertadores ante el Gremio de Brasil. Foto: REUTERS/Elvis González
Luli Aued en un duelo por Copa Libertadores ante el Gremio de Brasil. Foto: REUTERS/Elvis González

En el plantel actual de Racing están Hauche, Pillud y Oroz. También hay campañas en las redes sociales que exigen el regreso de Bou. Ezequiel Videla se hizo cargo de la Reserva, ¿se viene un The Last Dance en Avellaneda?

—(Risas) Y… con toda esa camada la pasamos muy bien. Cuando se cumplió un nuevo aniversario del título de 2014, recordamos lo felices que fuimos. Igualmente, no me gusta forzar nada, ni insinuar nada. La gente de Racing siempre me ha demostrado un cariño tremendo y cuando me pasó lo del corazón estuvieron muy cerca. También recibí muchos mensajes cuando se enteraron de que me volvía de Chile. Si uno se pone a pensar, se da cuenta de que el equipo actual está bárbaro; y cuando lograron cumplir el objetivo con el campeonato contra Boca me hicieron muy feliz. Con Gaby Hauche tengo una amistad muy grande y viví todo el proceso con él. Siempre estoy muy pendiente de cómo le va a Racing y cómo está creciendo el club. También me puso muy contento el trabajo que comenzó Eze Videla en la Reserva.

Más allá del deseo de los hinchas, ¿es una posibilidad jugar en Racing o estás barajando otras ofertas?

—Estoy analizando cuál será la mejor opción. Lo que más me gusta es competir en un proyecto en el que me pueda sentir útil. Siempre me gustó aportar desde mi lugar al crecimiento del club en el que estuve, cumpliendo objetivos a corto y largo plazo. A lo largo de mi carrera he permanecido por varios años en los tres clubes en los que he estado, porque me he mimetizado con esas instituciones. Me gusta sentirme parte de eso. En tiempos en los que hay mucho recambio de jugadores en los equipos cada seis meses o un año, yo tuve una carrera atípica. Todavía no tengo nada definido, ya veré cuál es el rumbo que tomaré, porque me han llamado de equipos de Argentina y de Chile.

En Avellaneda viviste los mejores momentos, pero también te tocó formar parte de partidos difíciles, como aquel contra Quilmes cuando Independiente estaba peleando por no descender, ¿qué recuerdos tenés de esa etapa?

—Yo en ese momento estaba recuperándome de una lesión bastante larga y no lo jugué. Conozco de primera mano todo lo que se vivió, pero no me tocó ser parte de la concentración. No podría dar muchos detalles, pero sé que varios de mis compañeros no la han pasado bien.

Después hubo un cambio en la dirigencia que finalmente pudo acomodar el club

—Sí, pero creo que la llegada de Diego Milito fue necesaria para que se produjera ese cambio, que hasta el día de hoy se mantiene. Racing fue campeón en 2019 y en 2022, y es algo importante por las formas en las que se dieron esos campeonatos. Hoy hay un estilo y una forma de competir que enorgullece al hincha. Me alegra mucho, porque fue lo que intentamos dejar los que estuvimos en el plantel del 2014. Sobre todo el Chino Saja y Milito, que fueron los principales valuartes del comienzo de los éxitos y luego continuó con Licha López, que es otro monstruo con el que tuve la suerte de compartir el equipo. Hoy, por suerte, se nota que se mantiene ese nivel.

¿Te imaginás a Diego Milito como presidente de Racing en el futuro?

—Sí, él tiene una cabeza distinta. Está muy preparado y conoce mucho lo que significa Racing. Le tocó vivirlo y sufrirlo cuando era muy chico. Cuando le tocó ser el director deportivo lo hizo de manera extraordinaria. Creo que en un futuro ocupará un rol así, porque los caminos entre Milito y Racing van a estar permanentemente cruzándose. Es su vida. Estoy seguro de que en el corto plazo estará dentro de Racing. De todos modos, hay que destacar que todos estos años de Víctor Blanco han sido muy buenos y al club le ha ido muy bien. Ha saneado un montón de cosas que antes se sufrían y eso se tiene que valorar. Cuando trabajaron juntos, lo hicieron muy bien, y tal vez en el futuro le toque a Diego hacerse cargo. Cuando llegue ese momento, no tengo dudas de que lo hará de manera extraordinaria y el club crecerá y será mucho más de lo grande que ya es.

El volante fue una pieza clave en el equipo de Diego Cocca (Foto: NA)
El volante fue una pieza clave en el equipo de Diego Cocca (Foto: NA)

En Racing también compartiste el plantel con un joven bahiense que se mostraba atrevido y terminó coronándose campeón del mundo

—Sí, con Lautaro Martínez tengo una gran relación. El Toro es un amigo. Cuando lo subieron a Primera en 2016, yo todavía estaba ahí y compartimos el plantel durante un año y medio. Es un pibe extraordinario, con una cabeza tremenda. Un goleador nato. Cada cosa que se proponía, lo cumplía. Siempre estaba pendiente del aprendizaje que le dejaba cada entrenamiento, porque se quedaba después de cada práctica para perfeccionarse. En ese momento tenía adelante a Milito, a Licha López y a Gustavo Bou; y en cada trabajo se esforzaba al máximo para ganarles. En los ejercisios de definición les competía a la par, porque quería superarse constantemente. Además, tiene una humildad increíble, al igual que Marquitos Acuña, Rodri De Paul y Juancito Musso (NdA: formó parte del proceso, pero finalmente no viajó a Qatar). Son chicos que han crecido con nosotros y verlos campeones del mundo es un motivo de orgullo.

¿Hablaste con ellos después de la hazaña que lograron en Qatar?

—Sí, fue tremendo. Con Lautaro estuvimos intercambiando mensajes durante el Mundial y después lo felicité junto al resto de los chicos. Tampoco me gusta invadir mucho, pero fue una locura. Vivieron una euforia increíble y se merecen todo lo que vivieron. Les comenté el orgullo que me daba verlos ahí, y lo feliz que nos hicieron por habernos representado tan bien. Todos fuimos hinchas de ellos.

Aquel plantel de 2016 de Racing parecía tener más figuras que los de 2014 y 2019, cuando fueron campeones, ¿qué pasó que no se logró el objetivo?

—Había unos nombres impresionantes, porque estaban Milito, Licha López, Óscar Romero, Bou, Lautaro Martínez, De Paul y la base del campeón del 2014; pero formar un equipo es más complejo que juntar nombres. Muchas veces pasa que al tener tanta calidad de jugadores, como esos nombres, al ponerlos todos juntos en la cancha no resulta. Salvando las distancias, en su momento también le ha pasado a la Selección. Creo que es necesario conformar un equipo con buenas bases y no dejarse llevar tanto por los nombres. No tengo dudas de que ese plantel fue uno de los mejores de los últimos años de Racing. Lamentablemente no pudimos lograr más cosas. Nos faltó esa cuota de armar el once que salga de memoria y que aporte ese fútbol que a la gente le gusta. Fue una lástima no haber podido lograrlo.

Todavía te quedan años de carrera, pero ¿es apresurado preguntarte si te ves como entrenador en un futuro?

—Sufrí tanto esos seis meses sin jugar que quiero seguir disfrutando un poco más desde dentro de las canchas. Ojalá que puedan ser unos añitos más para después encarar un nuevo rol. El curso de entrenador lo tengo hecho desde hace varios años, pero hay que seguir preparándose para eso. Sigo trabajando constantemente para tener todas las herramientas el día que me toque. Seguramente me equivocaré, pero la pasión que siento por el fútbol me va a llevar por ese lado.

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