El Pato Fillol, a fondo: la “eclosión” que lo hizo dejar el fútbol y lo que lo “maravilla” del ciclo Scaloni en la Selección y nadie logró descifrar

El mítico arquero, que hoy da charlas y se dedica a la docencia, recorre su carrera y opina sobre la actualidad de su puesto, de River y de la Albiceleste

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Ubaldo Matildo Fillol, con 71 años sigue trabajando en la formación de los arqueros de River
Ubaldo Matildo Fillol, con 71 años sigue trabajando en la formación de los arqueros de River

El puesto de arquero en Argentina ha inmortalizado un nombre, una leyenda viva que se agiganta a medida que pasa el tiempo. Ubaldo Matildo Fillol, “Pato” para los contemporáneos. El hombre del buzo verde con el cinco en la espalda que se coronó campeón del mundo en el ‘78. El deportista de grandes portadas en la revista El Gráfico. La antítesis estética de Hugo Orlando Gatti, nombre significativo del gremio que supo hacer historia en Boca Juniors. “Si Superman se dedicara a atajar sería el único que le podría pelear el lugar al Pato Fillol”, dijo alguna vez el ex arquero, economista y político, Javier Milei, al intentar explicar su admiración por el Pato.

La historia de Fillol comienza en San Miguel del Monte, en los potreros de su pueblo y concluye en la cancha de River. Antes de convertirse en el número 1, el Pato fue sodero, lavacopas en un restaurante y realizó algunas tareas de albañilería. Dejó su ciudad natal para venirse a Buenos Aires y envuelto en el afán de ser futbolista, fue a probarse en las inferiores de Quilmes. Al principio, cuenta que insistió con jugar de cinco, pero su lugar en la cancha ya estaba designado: el arco. Ni bien lo vieron no dudaron un segundo y lo ficharon.

Su debut en Primera División fue el 1 de mayo de 1969 y lo que recuerda de aquel día no es muy auspicioso. “Frustrante” es la primera palabra que le sale. Quilmes–Huracán en cancha de Boca. Perdieron 6 a 3. “No llegué preparado al debut. Más allá de mis condiciones, no fui preparado ni física ni mentalmente. Fue todo rápido. En la cancha de Boca, jugamos contra Huracán. Así me fue. A la distancia, pienso en cómo se preparan a los pibes ahora y me digo, mirá si hubiese tenido toda la contención de ahora, quizás hubiera sido mejor mi debut. Pero en esa época era así. Me hicieron seis goles y lloré por tres días en la pensión”, le dice a Infobae.

Fillol construyó una carrera de más de 25 años en la que dejó voladas inolvidables y un legado que sigue en el ADN de las nuevas camadas. Pasó por River, club en el que adquirió los mayores logros de su trayectoria, Racing, Argentinos Juniors, Flamengo (Brasil), Atlético de Madrid (España) y se retiró a los 40 años con la camiseta de Vélez. Las cosas de la vida hicieron que ese último partido como profesional fuera contra River y en el Monumental. La despedida fue lo opuesto a su debut. En ese partido mostró lo máximo de su rendimiento y dejó en claro por qué fue uno de los arqueros más importantes del fútbol argentino.

El Pato y su icónico buzo verde de la selección y el número 5
El Pato y su icónico buzo verde de la selección y el número 5

Esa día (22 de diciembre de 1990) el Fortín ganó 2 a 1 y Fillol la rompió. Le atajó un penal a Rubén Da Silva, protagonizó otras tantas intervenciones para mantener el arco en un solo gol y El Gráfico le puso la máxima nota a su desempeño: un 10. “Nadie podía creer que me retirara, pero no podían ver lo que sentía. 25 años después de ese debut en Quilmes, tenía la cabeza hecha pelota. Y la gente no lo podía ver eso, solo me veían técnica y físicamente. Ya tenía pocas ganas de entrenar y me fastidiaban ciertas cosas. Me mantuve en lo que había dicho en su momento: el día que no tenga más ganas me retiro”, cuenta.

-¿Cómo analizás el fútbol de hoy?

-Hay cosas que no cambian en el fútbol, pero sí hay que adecuarse a los nuevos tiempos. Sobre todo, cuando hacés docencia y hay que elegir nuevos jugadores. Al jugador de River, por ejemplo, y eso va a ser siempre así, le hacés una prueba y lo primero que se busca es la técnica. Después puede tener ida y vuelta, pero la técnica no puede faltar porque es parte de la genética de River.

-¿Cómo se construye un líder?

-El liderazgo se va construyendo en el día a día: en el entrenamiento, la concentración, el vestuario. Si después eso lo adecuás a tu rendimiento futbolístico, mucho mejor. Hay líderes que lo son dentro del vestuario y otros que se transforman en líderes por su rendimiento en el juego. Tenés que tener la capacidad visual de poder distinguirlo. Si el líder tiene humildad, sacrificio y es solidario, el resto lo sigue incondicionalmente. Esas tres cosas son básicas para que el líder sea original.

-Si pensamos en el trabajo que viene haciendo Marcelo Gallardo en River, ¿El líder es alguien que debe generar legados?

-Estuve en muchos planteles y hay líderes que son escuchados en el vestuario y que no tienen tanto predicamento en el campo de juego. Y el técnico tiene tres o cuatro líderes para consultar en la semana y para que le vaya transmitiendo cosas al plantel. La construcción que ha hecho Marcelo Gallardo es un claro ejemplo. Cada vez que se retira un jugador ese liderazgo sigue. Me acuerdo que Angelito Labruna en el 77/ 78 nos decía a nosotros en la concentración: ustedes se tienen que quedar a vivir acá. Cuando dejen de jugar al fútbol tienen que seguir trabajando en el club. Ustedes tienen que contarles a las nuevas generaciones lo que significa River. Él lo decía desde un lugar de fanático acérrimo, pero fue un mensaje tremendamente positivo para nosotros. Lleno de amor. Ahora está pasando lo mismo. Lo que hizo Marcelo en ocho años es impresionante. Gallardo y Labruna respetaron la historia y recuperaron la mística del club.

-¿Te moviliza ese tipo de docencia que deja el fútbol?

-Por supuesto. Sigo agradeciéndole al fútbol, porque todo me lo dio este deporte. Siento pasión por la docencia. Gracias a Dios, no trabajo por necesidad, sino porque siento lo que hago. A esta altura de mi vida creo que es un don que he heredado por los maestros que tuve: Labruna, Menotti, Basile, el Lobo Zagallo, Luis Aragonés. A cada uno de ellos los he escuchado y aprendí. Son tipos que dejan cosas.

-¿Cómo preparás las charlas que das?

-Lo primero que uno tiene que saber es la problemática del chico. Cuando doy charlas en los municipios, clubes o filiales, trato de hacerla lo más corta posible. Aprendí que tiene que ser poco, pero bueno. Fundamentalmente para el chico. En una charla no le podés tirar diez, quince conceptos a un pibe. Lo desbordás. Cuido mucho ese detalle. Primero saber la problemática para poder llevarlo de a poco.

Equipo argentino que logró el campeonato del mundo de 1978 Passarella, Houseman, Olguín, Tarantini, Kempes y
Fillol; en cuclillas, Gallego, Ardiles, Luque, Valencia y Galván
Equipo argentino que logró el campeonato del mundo de 1978 Passarella, Houseman, Olguín, Tarantini, Kempes y Fillol; en cuclillas, Gallego, Ardiles, Luque, Valencia y Galván

-¿Qué problemáticas encontraste?

-La problemática familiar por fuera de lo que es el contexto del fútbol. Al chico de hoy lo afecta mucho el tema de que los padres se separen. En mi caso, mis padres se separaron a los 9 años y nunca más se juntaron y no tenía psicólogo, asistente social. Era otra época. Y más allá de eso tuve la suerte de ser campeón del mundo, recorrer distintos países y ser exitoso dentro de esta profesión, pero siempre con esa falla tremenda de no ver nunca más a mis padres juntos. Por eso aplico y digo que, tanto en el deporte como en la vida, hay que caerse y levantarse. Sin esperar nada de nadie. Hay que luchar contra las adversidades. En el fútbol es todo muy rápido y la mayoría de las veces te llevás desengaños. Pensás que son todos amigos tuyos y en la mala quedan muy poquitos o ninguno. Y todo eso es lo que intento transmitir.

-¿El futbolista vive dentro de una burbuja?

-En la época que viví yo, sí, ahora veo que está más comprometido socialmente. Antes eso no pasaba. Había mucho desconocimiento por ignorancia o por lo que fuere. Ahora están los medios, hay más información. Uno sabe cosas todo el tiempo y se compromete con su patria, con su bandera.

-¿Sentís que el fútbol acompaña más las causas sociales?

-Sí, aunque podría acompañar un poco más todavía. Pienso que este fútbol de hoy, que te da tanto prestigio y plata, podría hacer muchas más cosas a nivel social. No es que los jugadores miren para otro lado, el tema es que no hay nadie que maneje eso. Hay que acercar el problema, mostrar las cosas. Hay que vivir mirando para todos lados y ayudando lo más posible.

-¿Quiénes fueron tus maestros en ese aspecto?

-Con el primero que mamé eso fue con Carmelo Faraone en mis inicios en Quilmes. Después con Menotti, Labruna, Aragonés. Todos eran cracks futbolísticamente hablando y culturalmente. Lo escuchás hablar a Menotti y dice lo mismo que decía en los 70. Eso tiene un valor tremendo. Te habla de la vida, de la sociedad. Fue el primero que dijo el fútbol es cultura.

El Pato Fillol aconsejando a Sergio Romero cuando era arquero de la selección Argentina
El Pato Fillol aconsejando a Sergio Romero cuando era arquero de la selección Argentina

-¿Cómo fue tu debut en Primera?

-Frustrante. Me acuerdo mucho de mi debut y de mi retiro. El debut frustrante y el retiro una bendición de Dios. Un domingo 1 de mayo del ‘69, estaba en la pensión y dos dirigentes van a buscarme. Me preguntaron cómo estaba y me dijeron que querían hablar conmigo. Me llevaron a almorzar con los jugadores de Primera y Florencio Doval, coordinador interino de ese momento, sin mucha introducción, me dijo: “Sentate con los muchachos que vas a debutar en Primera”. No llegué preparado al debut. Más allá de mis condiciones, no fui preparado ni física ni mentalmente. Fue todo rápido. En la cancha de Boca, jugamos contra Huracán. Así me fue. A la distancia, pienso en cómo se preparan a los pibes ahora y me digo, mirá si hubiese tenido toda la contención de ahora, quizás hubiera sido mejor mi debut. Pero en esa época era así. Me hicieron seis goles y lloré por tres días en la pensión.

-Y la despedida fue totalmente distinta…

-La despedida fue maravillosa. Cancha llena. Nadie podía creer que me retirara, pero no podían ver lo que sentía. 25 años después de ese debut en Quilmes, tenía la cabeza hecha pelota. Y la gente no lo podía ver eso, solo me veían técnica y físicamente. Ya tenía pocas ganas de entrenar y me fastidiaban ciertas cosas. Me mantuve en lo que había dicho en su momento: el día que no tenga más ganas me retiro. Eso está grabado en un disco –se llama Fillol el disco- y hace poco lo escuché. Fue en el ‘79, después del Mundial. Hay una canción que se llama Gracias Fillol –“Gracias Fillol por todo lo que aprendimos/ gracias Fillol por ser el mejor del mundo/ y también ser argentino”, dice la letra que interpreta el coro Los Patitos- y la introducción es un reportaje con Osvaldo Ardizzone en el que hablo esto mismo sobre mi retiro. Fui coherente porque eso lo dije a los 28 años, siendo campeón del mundo y me retiré a los 40 con el mismo pensamiento.

-¿Qué fue lo que te llevó a tomar la decisión de dejar el fútbol en ese momento?

-En la docencia que apliqué con los arqueros de River, cuando los entrenaba, siempre les decía: pelota de entrenamiento es pelota de partido. Cuando te pateo o te patean los chicos, hacé de cuenta que estás jugando un partido. Transformate mentalmente para achicar el criterio de error. Yo fui así toda la vida, me lo tomé de esa manera. De chiquito siempre tuve esa mentalidad. Era una autoexigencia mía que busqué transmitir.

-¿Quiere decir que no soportaste más tu propia autoexigencia?

-Fue lo que hizo eclosión en mi decisión de dejar el fútbol. No podía llevar a mis hijos al colegio ni estar en sus cumpleaños. Vivía concentrando, entrenando y viajando. Hipotequé mi juventud. Fue una buena hipoteca, no me quejo. Se lo di todo al fútbol, pero llegó un momento en el que dije basta. Por eso cuando dejé de jugar, probé de técnico en Racing y me di cuenta que era peor que cuando jugaba. Me vinieron a buscar de otros clubes, pero no volví a agarrar ningún equipo. Era más desgaste ser técnico que jugador. Ahí tenés que estar las 24 horas, y dependiendo de la inspiración del plantel y que salga todo bien. A partir de ahí me dediqué a la docencia y a dar charlas.

-¿Cómo ves el presente de los arqueros argentinos? Por ejemplo: Franco Armani, Emiliano “Dibu” Martínez, Agustín Rossi..

-De Armani no hablo. Por una cuestión de respeto porque trabajo en el club. Pero las apariciones de arqueros que hubo fueron muy buenas. Dibu es uno de ellos, después me gustó muchísimo (Gerónimo) Rulli, y (Juan) Musso la está rompiendo. Me gusta el recambio generacional que se ha producido. Es fundamental que puedan mantener el nivel en el tiempo y eso es sumamente difícil.

Icónica imagen en la que el hombre sin brazos, Víctor Dell’Aquila, corre para unirse al abrazo de Fillol y Tarantini al finalizar la final de la copa del mundo de 1978 frente a Holanda
Icónica imagen en la que el hombre sin brazos, Víctor Dell’Aquila, corre para unirse al abrazo de Fillol y Tarantini al finalizar la final de la copa del mundo de 1978 frente a Holanda

-¿Qué puntos fuertes destacás en los arqueros de la actualidad?

-Tienen más participación. Nosotros no usábamos tanto el pie porque antes te la daban y la podías agarrar con la mano. Yo hice toda mi carrera deportiva sin saber lo que era un entrenador de arqueros. Hoy un chico de 8 años ya tiene un entrenador de arqueros. Me gusta recalcar eso porque para los arqueros de mi generación fue un mérito personal poder desarrollarse. Lo hicimos con nuestra materia prima. Yo iba a ver la Primera de Quilmes cuando estaba en las Inferiores y me desesperaba por ver a Oscar Cavallero (el papá de Pablo) Lo miraba para aprender y copiarlo. Y a eso después le agregaba lo mío.

-¿Qué es lo primero que le dirías a un chico que entra a las Inferiores de un club y quiere ser arquero?

-Lo primero que tienen que saber es que de cincuenta pibes llega uno o dos. Después, que no solamente hay que tener condiciones naturales, sino también humildad, respeto y saber escuchar. Hoy los jóvenes tienen eso de que se las saben todas y los grandes siempre fueron humildes: Pelé, Perfumo, Cruyff, Amadeo Carrizo. Eso enriquece y es parte del aprendizaje. El respeto es sublime. Si sos humilde enriquecés el caudal que tenés. El gran pecado de creerse que uno es el mejor, es que siempre vas a querer escuchar eso, escuchar lo que te hace bien y no es así. Hay que escuchar lo bueno y lo malo.

-¿Cómo analizás el presente de la selección argentina?

-Estoy maravillado con el recambio que ha hecho Scaloni. Más que nada porque para el mundo del fútbol era alguien que no tenía experiencia. Y no solo hay mérito en ese recambio, hay otra cosa que la prensa todavía no ha descifrado. Vos podés tener el mejor equipo del país y no jugar bien. Ejemplos sobran. Pero Scaloni armó un gran equipo, lo hizo jugar bien y le hizo sentir felicidad a Messi. Hizo funcionar la máquina y eso se destaca poco.

-¿Se generó atracción de nuevo por la Selección?

-Sin dudas. Ahora juega la Selección y no alcanzan cuatro estadios de River para la gente. El público está motivado porque recibe algo. Antes la gente estaba enojada con la Selección. Que se haya revertido eso es un gran logro de Scaloni, Chiqui Tapia y Menotti. Ojalá se pueda sostener todo esto en la Copa del Mundo. Me acuerdo de que en el Mundial ‘74 todos querían jugar contra la selección argentina, hoy en un sorteo nadie quiere enfrentar a Argentina. Todo eso lo generó lo del ‘78, lo del ‘86, lo del ‘90. No soy de regalar muchos elogios, pero cuando me refiero al ‘74 hablo de una desorganización total, en cambio a esta altura puedo darle la derecha al dirigente argentino. Fueron aprendiendo, corrigiendo.

-¿Se puede decir que la organización empieza a tomar forma cuando llegó Menotti?

-Menotti en el proyecto que presentó a fines del ‘74 puso que la Selección Nacional debía tener un predio propio. Y después de ser campeones del mundo, al año jugamos un partido contra el resto del mundo en River y todo lo que se recaudó fue destinado al futuro predio. Nosotros no cobramos premio ese día. Con el tiempo eligieron ese lugar de Ezeiza y muchos se adueñaron de esa idea. Siempre digo a los cuatro vientos que el inventor de eso fue el Flaco Menotti. Ese hombre fue muy sabio y el fútbol argentino le debe mucho.

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